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Diario de mi sumisa DCategoría: Sadomasoquismo

Por Pablo | 2013-04-08 17:47:00 | 0 comentarios

“Este relato es parte de mi experiencia, pensaba escribirlo yo, pero considere mejor que sería mejor que lo escribiera mi sumisa, es el primer relato y agregare uno escrito por ella cada vez que tenga un encuentro un ella.
Para presentarnos, soy de la ciudad de México, 35 años, personas reales, no diré que atractivos, pero disfrutando de esta forma de vivir, ella de 28 años, llenita y ha disfruto esta decisión y primeros pasos como sumisa, esto sucedió en febrero de este año.
Cualquier comentario será bien recibido, así como preguntas, espero disfruten de leerlo como disfrute de vivirlo, gracias de antemano por tomarse su tiempo de leerlo.”
Hoy fue un día un poco extraño, tenia que terminar unos pendientes y desde que desperté me sentía ansiosa, hoy por fin después de vario tiempo iba a experimentar lo que hace años había deseado, había en mi una serie de sentimientos encontrados, ansiedad, excitación, un poco de temor, nervios, deseo, que se fueron incrementando al paso del tiempo.
El día se hacia cada vez mas corto y la hora se acercaba, mis sensaciones ya eran casi incontrolables y el miedo incrementaba, me estaba arriesgando a estar con alguien que en mi vida había visto en persona y que no sabia exactamente como era o lo que hacia, o quien era, o si yo estaba actuando de la manera correcta, no tenia ni la mas remota idea si peligraba o no, solo tenia claro que mi deseo era mas fuerte y que era probable que esa decisión fuera contraproducente.
Por fin termine mis pendientes y me dispuse a poner en orden lo que el (el que estaba a punto de ser mi amo) me había pedido, tome el collar, la cadena, las pinzas y la cuerda y las puse en mi bolsa, me detuve por un momento y volví a pensar, si esto era lo correcto o si en verdad era lo que yo quería, y nuevamente mis pensamientos, fueron apagados, por el deseo de sentir todo aquello que en ese momento era desconocido para mi. Continué poniendo en mi bolsa las cosas faltantes la falda, los tacones y algunas cosas de mi arreglo personal; cuando termine esto me dirigí al baño y en ese momento mi cuerpo empezó a temblar, esa sensación me provoco mas nervios y mas temor, desconocía la causa que lo provocaba, era extraño pero hasta cierto punto excitante y placentero, con toda consciencia empecé a depilarme y por pequeños ratos me tranquilizaba. Al terminar la ducha, me sentía rara, mi vagina estaba lista para ser utilizada y yo tenia claro ya en ese momento lo que podría pasar, sin embargo los nervios aumentaban aunque por una extraña razón el temor disminuía, no al cien pero cada vez era menos.
Ya con todo listo, preparada para salir, me acerque a mi madre y me despedí de ella, argumentándole que iba a la escuela, ella se acerco y me beso y eso provoco una sensación de temor y de inseguridad, en ese momento, empecé a temblar nuevamente y esa inseguridad trataba de detenerme, pensé: no, ahora no me puedo echar para atrás, y con ese pensamiento salí de casa, llegue a tomar el autobús, y ya en el, (obedecí por inercia a lo que mi amo me había pedido) saque el collar y ante la mirada de algunas personas lo coloque en mi cuello, y al hacerlo una descarga de adrenalina y humedad recorrió mi cuerpo, estaba experimentando mil sensaciones juntas que en parte me agradaban y que nunca había sentido con tanta intensidad.
Al traer ya puesto el collar, me percate que era casi automático llevar la cara solo viendo al frente y a veces tener que agacharla, la mirada de la gente era extraña, llegue a indios verdes y no dude en tomar un segundo autobús que me llevara al metro hidalgo y mis nervios iban aumentando, sentía como la pantaleta rosaba mi vagina y al mismo tiempo descubría como me iba humedeciendo, en ese momento no identificaba el motivo, pero algo raro estaba pasando en mi. Al llegar al metro las miradas aumentaron y me hicieron sentir rara, mas no incomoda, y aborde el vagón, así paso el tiempo hasta llegar a mi destino, decidí bajar una estación antes para poder cambiarme y ponerme la falda que ya llevaba en mi bolsa, después de hacerlo, me sentía completamente vulnerable, me sentía a merced de las miradas tanto de hombres como de mujeres, personas en autos particulares y de transporte publico me miraban, algunos con morbo y otros no se como, hasta que llego el taxi, al abordarlo, le pedí que me llevara a la dirección que el (mi amo) me había dado, en el transcurso recibí la ultima llamada mi amo cuando el taxi estaba a punto de llegar al oxxo, en el que él me había pedido que me bajara, al bajar la mirada del taxista me provoco nervios y no me dieron ganas de voltear, solo cerré la puerta y empecé a caminar, mis pasos se volvieron casi automáticos, había algo que me detenía y algo que me impulsaba a seguir, mientras tanto en la línea su voz me seguía guiando, en ese momento ya no alcanzaba a percibir exactamente lo que estaba haciendo, mi cabeza dejo de razonar por completo cuando del otro lado de la línea el me dijo con voz firme, ya te vi, sigue derecho, seguí, aunque tenia ganas de voltearme y echarme a correr, algo me detenía ahí, cuando el se me acerco, lo primero que sentí fue su mirada penetrante e imponente frente a mi, y al verme me pregunto: ¨me querías conocer no, esto era lo que querías¨, en ese momento me quede sin palabras y sin pensamiento, lo único que pude hacer fue tragar saliva y responder ¨si¨, caminamos directo a un hotel que estaba cruzando la calle y al entrar reaccione un poco y trate de calmarme, cosa que no logre ni en un 50 %, al subir las escaleras me pidió mi bolsa, y sin pensar ni cuestionar nada se la di, él me miro y me dijo: ¨te vas a ir a gatas hasta la habitación¨, yo dude un poco pero solo lo miraba, y el al darse cuenta de ello, comento: ¨no te preocupes, nadie te ve¨ , nuevamente por inercia obedecí, me puse en 4 patas y un poco insegura comencé a gatear por el pasillo que se me hizo eterno hasta la habitación, él se puso detrás de mi y en ese momento me sentí completamente a sus pies, ahora si ya era definitivo, estaba ahí con el, a sus ordenes y deseos, en segundos que se me hicieron eternos, escuche el sonido y no reconocí en ese momento si era de un celular o de otro aparato, mi cabeza reacciono y me di cuenta que me estaba fotografiando y sentí como algo escurría en mi vagina, al ingresar a la habitación me pidió que pusiera todo lo que me había pedido en la cama, y sin titubear lo hice, aun estaba supongo que en shock, no alcanzaba a comprender que me hubiese atrevido ha hacer eso, después vio todo y me dijo: ¨bien, traes los zapatos?¨ -si- ¨póntelos¨, saque los tacones y me senté en un pequeño sillón a ponérmelos, me sorprendí al ver mis manos temblorosas e incontrolables, fue ahí cuando los nervios me invadieron por completo y me era imposible poder atarlos, mi amo al darse cuenta de ello, se acerco y me jalo del cabello y dijo: ¨no va a pasar nada que tu no quieras¨ y en automático me tranquilice un poco, por fin termine de ponérmelos y me levante, posterior a eso me pidió que me fuera al rincón en la puerta y que me desnudara, muriéndome de pena por que desconocía si mi cuerpo le iba a agradar y por que nunca antes me había desnudado así ante la mirada de nadie, me dirigí a la puerta y obedecí, al terminar de hacerlo me llamo y me pidió que me pusiera en 4, y así lo hice, y a cada palabra que el decía mi vagina se humedecía, el temor ya había casi desaparecido, se empezaba a convertir en excitación, y placer, y al encontrarme en 4 mi amo se acerco y me puso la cadena y sentí una descarga de nervios y deseo al mismo tiempo, cuando la puso se levanto y dio un tirón de la cadena al que mi cuerpo siguió en automático, ahora entendía que era su perra y que el era mi amo y que yo solo tenia que obedecerlo, después de unas cuantas vueltas por el pequeño pasillo de la habitación, mi amo se sentó en el sillón y me dijo: ¨ahora me vas a mamar la verga¨, y yo a veces solo lo miraba y no respondía, no tenia palabras para hacerlo, paso la cadena por debajo de mis senos y la tomo por detrás de mi vagina, al tiempo que me ponía una pinza en cada pezón, y mientras yo se la mamaba, mi amo movía la cadena, y jalaba ligeramente las pinzas; posteriormente me levanto y me puso en sus piernas a modo de que yo quedara disponible para que me nalgueara, y así lo hizo, a cada nalgada que el me daba, me humedecía y sentía ardor, vergüenza, placer y excitación, cuando termino, me puso en 4 y se sentó en mi espalda y dijo: ¨es hora de taparte el hocico¨ , el sentirlo encima de mi de esa forma fue algo que me encanto, me tapo la boca y me levanto, me puso en la orilla de la cama y coloco en mis tobillos y muñecas unas como muñequeras, y me amarro las manos atrás, después abrió mis piernas, tomo la cuerda que llevaba y comenzó a atármelas una a una a modo de que no pudiera cerrarlas, fue ahí cuando quede completamente inmóvil a su merced, el tiempo seguía transcurriendo y de repente sentí como abrió mis piernas y me toco la vagina, la cual ya estaba mas húmeda, y sin mas aviso me penetro, al sentir su miembro entrando en mi vagina sentí una descarga de placer, sentir su fuerza y poder que ejercía sobre mi me excitaba, me pidió que volteara al espejo y me miraba, y dijo: ¨que es lo que sientes al verte como una puta¨, ¨te gusta no es así?¨, a lo que respondí: ¨ si amo¨, desde ese momento mis piernas empezaron a temblar y ya me fue muy difícil controlarlas, después me desamarro y me subió a la cama y nuevamente me penetro, ya era en ese momento tanto mi calentura que sin pensarlo abrí la boca y le dije : ¨si así cógeme¨, a lo que recibí de respuesta una bofetada por haberle faltado al respeto a mi amo, la bofetada lo único que hizo fue prenderme mas, y solo pude decir perdón amo, al terminar de penetrarme, me pidió que me levantara y que me pusiera en 4, argumentado que le había faltado al respeto y que por esa razón iba a ser castigada, cosa que igual me éxito, escuche el roce del cinturón en la piel de su mano y mis nervios se elevaron al mil, y a cada azote del cinturón, yo solo respondía: ¨perdón amo¨, ahora ya había sido castigada por haberle faltado al respeto a mi amo y el que el impusiera su poder ante mi me excitaba, después de terminar de castigarme me levanto y me puso en el sillón, le pedí de favor que utilizara condón y así lo hizo, al terminar de cogerme en el sillón me volvió a poner en cuatro y nuevamente se la empecé a mamar, después de poco tiempo quito mi boca y se la empezó a jalar me dijo que cerrara ojos y boca, y yo obedecí, después sentí ese liquido caliente cayendo y resbalando por mi cara y me excite nuevamente, cuando termino, me dijo:¨ levántate y vete a lavar¨ y así lo hice, hasta ese momento no se cuanto tiempo había transcurrido, pero las piernas me seguían temblando y moría de los nervios, no sabia si reírme o llorar, después de lavarme la cara y el cuerpo, y vestirme como iba antes de ponerme la falda, Salí del baño, y acomode mi bolsa, aun estaba nerviosa y temblorosa, el miedo ya había desaparecido y me sentía completamente diferente, confiaba en mi amo, esa sesión me había encantado, disfrute como siempre lo había deseado, mi amo había logrado hacerme sentir lo que a gritos pedí por años, ahora ya estaba segura de lo que me gustaba y quería mas, todo ese pensamiento transcurrió al estar poniendo mi bolsa en orden, al terminar, ya no solo me temblaban las piernas si no las manos y el cuerpo en general, mi amo al darse cuenta de ello me pregunto que como me sentía y yo le dije que estaba temblando, el pidió que me sentara un momento y el charlar de esa forma con el me tranquilizo un poco, ahora ya podía controlarme un poco mas, después de eso salimos de la habitación aunque yo seguía en shock, bajamos las escaleras y entrego la llave, al salir yo sabia que ya no era la misma que esto era parte de mi vida y que lo mejor era que me había gustado, y deseaba mas, paso el tiempo caminamos hacia el metro y mi amo me dejo en la entrada, ingrese el boleto y camine, al dar la vuelta me recargue un momento en la pared y respire profundo y una sonrisa de satisfacción recorrió mis labios, ya mas tranquila y de regreso a casa baje las escaleras del metro y aborde el vagón, todo el camino las imágenes pasaban en mi mente como flash y era inevitable sonreír al recordarlas, así llegue hasta mi casa.
Ahora soy una sumisa y me acepto como tal, me gusta esa posición y seguiré buscando más.

Cualquier comentario privado, pueden enviarlo a mi corre, pablodf1977@hotmail.com
De nuevo gracias por la atención y tiempo empleado en conocer esta experiencia.

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En el surCategoría: Sexo en familia

Por Campillo | 2013-03-17 14:46:57 | 0 comentarios

Ocurrió en el sur

Como toda chica de provincia, concluido el secundario me fui a estudiar a Buenos Aires donde me recibí. En el interín, tuve una vida todo lo normal que puede ser; salí, tuve novios, con los me inicié sexualmente; estando sola y cuando amagaba llegar a los 35, conocí a mi marido, nos enamoramos y me casé con él; desde entonces ha sido el hombre de mi vida. Teníamos un proyecto personal y abandonamos todo para irnos al sur, donde nos instalamos en esas inmensidades, en un pequeño pueblo, donde hicimos nuestra familia y tuvimos nuestros hijos, todavía pequeños al día de hoy. Pero lamentablemente o no, formamos una familia clásica, esa en la cual la mujer se encarga del hogar y el marido de su sustento, y eso fue generando con el tiempo una situación especial de quasi sumisión, porque mi marido me hizo sentir el yugo de saber que estaba sola y que no tenía dónde ir, ni a quién recurrir, con mis hijos. Eso no obstante y pese al transcurso del tiempo, el deterioro natural, los disensos…, yo he seguido enamorada de mi marido. Así, poco a poco se fue configurando una situación en la que él fue mostrándose cada vez más exigente y malhumorado. Todavía somos jóvenes con mis 42 años y conservo una excelente figura. No escatimé esfuerzos todo ese tiempo en procurar su contento; puse todo de mi, lo atendí lo mejor que supe, me mostré sexualmente ávida de él y no le negué nada de lo que me pidiera, aunque nunca fue nada raro. Pero el encanto inicial, se había disipado y la relación había cambiado.
Hace un par de años, apareció por nuestra casa de visita un viejo amigo suyo: Félix. Estaba solo. Venía huyendo de un grave fracaso matrimonial, mezclado con un quebranto económico y una serie de desgraciadas decisiones, y buscaba amparo. En casa lo encontró y se hizo habitual que nos visitara, cosa poco frecuente en esos lugares de soledad y viento. Largas charlas en las tardes grises y ventosas de Chubut, copas de por medio, mientras yo me ocupaba de las cosas de la casa. Una tarde de sábado, la conversación se inició con el tema de la pareja, y fue derivando a cuestiones personales, especialmente relativas a Félix, que hizo una confesión quejosa de su insatisfacción sexual, marcada por su envidia de nosotros. Yo tejía algo, indiferente de la conversación de los varones; Marcelo, mi marido, le sugirió ir de putas o recurrir al onanismo para aliviarse, pero Félix se mostró reticente a ambas soluciones: solamente aceptaría la masturbación de una mano amiga, pero no la suya propia. Palabra va, palabra viene, la conversación derivó hacia la expresión de su deseo real: que fuera yo quien lo aliviara. Yo, creí que Marcelo lo mataría, y me confié en él, pero contrariamente a eso, escuchó lo que decía su amigo como algo posible y me propuso:
-¿Te animas a ayudarlo Adelina?-. Yo, no podía creer lo que oía y me negué rotundamente; me parecia inaceptable. Pero la decisión de Marcelo era firme y la mirada de Félix anhelante. Yo aduje de mi fidelidad y que no necesitaba relaciones sexuales con otros, e infinidad de argumentos más; todos inútiles porque Marcelo no pensaba igual.
-¿Qué te cuesta?-replicó Marcelo- No es un acto sexual, es una mera atención a un amigo.- Yo comencé a llorar, negando con la cabeza. Pero la decisión estaba tomada y Marcelo me indicó con un gesto que quería que lo hiciera en ese mismo momento. Yo lloraba y lloraba, pero él estaba inflexible en su decisión y yo sabía que le obedecería. Félix y yo estábamos en el mismo sofá, separados; Marcelo se arrimó, me tomó de los brazos y me ayudó a levantarme para correrme al lado de Félix, que entretanto se había desprendido la ropa y había sacado su miembro erecto y miraba expectante. Marcelo me dejó y volvió a su sillón al frente nuestro; lo miré como pidiendo piedad y me hizo un gesto como diciendo: adelante, no te hagas la tonta. Cerré los ojos, tomé ese miembro con mi mano y me puse a masturbarlo: era grueso, fibroso y palpitante, caliente y enorme para mi manita. Lo sobé hasta que terminó copiosamente salpicándome el pelo y su ropa.
-Mira lo que has hecho, Adelina. -Me dijo mi marido-, Busca una toalla y límpialo. Así lo hice. Después, sin dejar de llorar, me encerré en mi cuarto.
La siguiente vez, como una semana más tarde, Félix se apareció por casa a la hora de la siesta, cuando los niños están en el colegio y Marcelo trabajando. Cuando le pregunté qué quería, me contestó con un silencio sugerente.
-¡No, no!-, le dije; -voy a hablar con Marcelo-. Lo llamé inmediatamente, en tono recriminatorio:
-Acá está Félix, pretende que yo otra vez…-. Le dije, esperando que reaccionara echándolo.
-Está bien-, contestó tranquilo mi marido-. Atendelo al pobre, que no tiene a quien-. Y sin dejarme decir más, cortó. Félix ya había entrado a casa y se habia instalado en el sofá de siempre, esperando por mi servicio. El ya sabía lo que me diría mi marido y era consciente de mi obediencia. No me quitaba la mirada de encima, y advirtió por mi agobio por cuál había sido la respuesta de mi marido. Sin levantar la vista para no mirarlo a los ojos, me senté a su lado mientras él se desprendió la ropa sacando su miembro. Lo tomé sin mirar, y esta vez sin llorar, repetí la masturbación que parecía encantar a Félix. Una vez más se reiteró la escena de la eyaculación y la limpieza; mi mano terminaba empapada con los jugos que largaba su pija antes de eyacular y con su eyaculación. Cuando volvió Marcelo intenté una escena, pero me cortó firmemente; yo ya sabía cómo era. Lloré toda la noche hasta quedar dormida.
La visita de Félix se fue haciendo más frecuente, aparecía una o dos veces por semana y a veces más, siempre en horas de la siesta cuando sabía que estaba sola, y se iba satisfecho, dejándome humillada y dispuesta a quejarme a mi marido, que no me hizo caso nunca. En ese tiempo nunca pasé de masturbarlo, hasta que un día Félix me pidió un beso. Hasta entonces no había pasado de masturbaciones, repito. Ese día estábamos solos, y yo con su miembro en la mano, cuando Félix me lo pidió en medio de su excitación:
–Bésame, besame-;
Sin más, lo solté, y le llamé a mi marido acusándolo; Marcelo pidió que le pase el teléfono, y habló con Félix, que seguía con su miembro afuera. Estaba claro que mi marido se negaba a que yo lo besara, hasta que aclararon de qué beso se trataba; Allí cambió la decisión de Marcelo; se la dijo a Félix, que me pasó el teléfono:
-Quiere hablar con vos-, me dijo Félix.
-Le he dicho que en la boca no lo vas a besar y ha quedado claro-, me informó mi marido, -Pero él no pretende besarte en la boca, no quiere más que un beso en la pija, y no veo dificultad en que se lo des-. Quedé perpleja, quise protestar, pero no me permitió. Cortó la discusión y el teléfono. Yo sentí que me caía el mundo encima. Volví al sillón donde me esperaba Félix y resignada volví a tomar su pija en la mano y me dispuse a besarla en su capuchón de piel, pero Félix tenía otras intenciones: corrió su prepucio y me dejó al frente su cabeza babosa con su boquita entreabierta. La besé, la besé en la cabeza con los labios cerrados, un beso corto y suave; y luego lo masturbé sin ensuciarme, porque ya había aprendido a tener un pañuelo a mano. Ese fue el comienzo de otros avances, porque Félix fue repitiendo el pedido y prolongando el beso, sin que yo volviera a acusarlo; hasta la vez que eyaculó en mis labios cerrados, para mi sorpresa. Yo percibía sus sutiles avances y no me atrevía a reaccionar cosa que Félix supo aprovechar.
El pedido del beso se fue repitiendo día a día, sin que Félix tuviera nunca una expresión de afecto, ni nada que pudiera afectar la propiedad de su amigo sobre mi; no había cariño alguno de su parte sino meramente dominio, placer y satisfacción propia; yo no importaba. Lo que supe después, es que lo comentaba con Marcelo habitualmente. En su avance sutil, con el correr del tiempo, exigiendo mis besos y haciendo presión, consiguió ir abriendo mis labios y de a poco, cada día un poco más, hasta que consiguió meterme su pija en la boca, aunque yo siempre pasiva. Primero fue separar mis labios a presión y eyacular contra mis dientes, pero luego consiguió abrir mis dientes y meter su cabeza en mi boca, abrazada por mis labios. Primero la punta, y luego cada vez más. Esto no había sido hablado ni había sido permitido por mi marido, pero ocurrió, se fue dando de a poco y sin mi consentimiento. Pero mi pasividad o indiferencia a Félix no le importó jamás, ni se encargó de que yo lo gozara; se limitaba a meterme la pija en la boca tan hondo como podía, y eyacular tan profundo como fuera posible con un placer evidente mezclando la lujuria con la vejación. También en eso fue produciéndose una variante y lo que fue de inicio una mera masturbación, luego lo fue con su glande en mi boca, donde eyaculaba generosamente, momento en el cual me tapaba la nariz para que tuviera que tragar; se había tomado algunas licencias y avances y solamente le preocupaba su propia satisfacción. Se había atrevido a eyacular en mi boca, y a sustituir la masturbación de mi mano por la caricia de mi boca aunque nunca prescindió de mi mano. Sus avances siguieron, porque tomó el hábito de meterme la pija tan hondo como fuera posible, sin importarle mis arcadas y ahogos que eran muchos; Con el tiempo había avanzado, metiéndola cada vez más profundo, enseñándome a tragar su pija hasta el fondo, a un punto que no me hubiera imaginado posible; yo aprendí con docilidad. Quería que estuviera satisfecho y no se quejara a mi marido. Por esta modalidad habíamos cambiado la posición en nuestros encuentros: Ahora era yo me sentaba en el medio del sillón y él me zampaba su vergón hasta el fondo de mi boca. Yo no se de tamaños, y menos de comparaciones, pero la de Félix, cuando estaba parada, era como un envase de insecticida, o un poco más larga que ese tubo. Al principio, no me cabía bien, me dolían la mandíbulas, me atragantaba, y vomité frecuentemente hubiera o no eyaculado; Pero él insistió pacientemente y con su exigencia continua, aprendí a aceptar su sabor, a metérmela hasta que mi nariz se apoyaba en su vientre y aceptarla en su plenitud. Ya no lo masturbaba sino ocasionalmente, ya que él comenzaba prácticamente a cogerme por la boca, sacándola y metiéndola a fondo. Félix deliraba: fue un logro que fue luchando de a poco hasta que triunfó. Primero consiguió que lo besara, luego me hizo abrir los labios a presión y eyaculó en mis labios abiertos. Luego de a poco me hizo probar su cabeza, me pidió que le hurgara la boquita de su pija con la lengua y me la hizo chupar; por ese entonces había tomado la costumbre de acabar en mi boca. Primero tuve asco, vomité, escupí, pero como dije él tomó la costumbre de taparme la nariz, obligándome a tragar. Había ido aceptando todo, de a poco, convencida de que que era la voluntad de Marcelo y que a mi marido le parecería bien. Así pues, Félix acababa en mi boca dos veces por semana como mínimo, cuando no todos los días, aunque había dias que repetía después de descansar un poco. Para qué decir que Marcelo jamás lo encontró mal y alguna vez lo comentaron en casa: Mi marido le preguntó cómo le iba; Félix estaba agradecido a Marcelo, por su generosidad de entregarme para que él no sufriera insatisfacción y por el alivio que significaba. Nadie se percataba de mi, ni le importaba mi opinión, mi sufrimiento o no.
En una de esas charlas con Marcelo, estando yo presente, Félix le comentó lo bien que había estado yo ese día y lo delicioso de mi servicio, que dos veces le había hecho acabar tragándome todo sin ensuciar; Repasaba los detalles más sucios sin inmutarse. Pero tras estos elogios, le planteó que le gustaría tener una experiencia más cercana conmigo. Me avergonzaba que hablaran de mi de esa manera, y más en mi presencia. Marcelo se encrespó y yo me aterroricé. Félix hablaba y hablaba, pero no definía claramente lo que pretendía, daba vueltas y vueltas, pero poco a poco fue explicando que en realidad lo que pasaba era que me la quería meter, a lo que Marcelo se negó terminantemente:
-¡Pero si ya se la metes en la boca! ¿No tienes bastante con la boca? ¡No se la meterás! Eso es solamente para el marido. Solamente del marido puede tener hijos-, Marcelo dejaba claro que no solo no quería que me bese la boca, sino que la cajeta de su mujer era solamente suya. Podía meterme la pija cuanto quisiera en la boca, pero no besarme.
-Pero… hay alternativas- insistió Félix, con otra idea en la cabeza.
-¿A qué te refieres?- preguntó Marcelo molesto por su insistencia.
-Bueno…- titubeó Félix, y osadamente arriesgó: -¿y por atrás?
Se produjo un largo silencio. Yo, a quien nadie miraba, casi me desmayo y miré a Marcelo desesperada; yo nunca había tenido relaciones de ese tipo e ignoraba lo que era la sodomía en los hechos; no concebía que se pudiera meter una pija en el culo. Esperaba que mi marido se negara terminantemente, ya que él no me había usado nunca así, y ahí se acabara la cuestión, ya bastante había logrado Félix. Marcelo sabía bien de lo delicado de mi cola y cuánto sufría yo apenas tenía sequedad de vientre ¿Cómo me iba a meter semejante cosa de su amigo? Pero la conversación siguió, dando por supuesto o sobreentendido que era posible, y que se podía considerar. Marcelo me echó una mirada interrogante y yo le hice un gesto desesperada buscando su negativa; sabía que si él disponía, tenía que obedecer y me aterrorizaba la idea.
-¿Lo aguantarías Adelina?-, me preguntó, haciendo referencia al tamaño del miembro de Félix. Daba por sentado que Félix me podría culear, superando el obstáculo de su tamaño. Me sentía humillada teniendo que hablar de eso y me callé; no quise responderle nada. Lo tomó como una sumisa aceptación. Luego, como investigando, me dijo:
–En la boca te cabe bien, me ha dicho Félix. Me gustaría verlo, ¿puede ser?-, escuché horrorizada; Su orden había sido solamente que le bese la pija a su amigo y yo había terminado siendo cogida por la boca a diario; ahora resultaba que él lo sabía y lo había aprobado. Callé y bajé la cabeza rogando a Dios que pasara el momento; pero no iba a ser así. Pronto Félix tomó posición, y se puso de pie, dispuesto a mostrar nuestras proezas. Ya estapa empalmado. Marcelo me hizo un gesto con la cabeza y, obediente, fui a sentarme en mi lugar de siempre, temblando: en la sala contigua, mis hijos veían televisión, y temía la reacción de Marcelo, que vino a sentarse a mi lado para observar de cerca. Yo me senté en el borde del sillón, sin apoyar la espalda en el respaldo y Félix se aproximó de frente, abriendo las piernas. Nadie se movía. Miré a Marcelo y me hizo un gesto de seguir adelante y yo, no sé por qué, estiré mis manos, desprendi el pantalón y bajé el calzoncillo de Félix, sacando su miembro jugoso, bien parado. Estaba visiblemente excitado.
-¡Es grande!- dijo Marcelo -¿Te lo tragas entero?- preguntó incrédulo dirigiéndose a mi, que no respondí. Félix apuró los tantos, aproximó su miembro a mi boca, que abrí dócilmente para recibirlo y sin demasiados preámbulos, tomó mi cabeza de atrás y me zampó su verga hasta los pelos, dejando mi nariz pegada a su vientre. Ahí me la dejó quieta para que mi marido viera.
-¡Mierda!- dijo Marcelo dirigiéndose a Félix –me lo habías contado pero no me imaginaba que fuera así. Y eso que habíamos hablado de un besito solamente-. Los dos se rieron. Marcelo se dirigió a él nuevamente sin considerar que yo no podía hablar con semejante verga en la boca:
-¿Y crees que también le cabrá en el culito sin lastimarla?-. La pija de Félix palpitaba como pocas veces, y ahí nomás, sin moverse, me echó toda su leche en la garganta, una copiosa volcada que tragué como siempre; la situación lo había excitado especialmente. Ya calmo respondió sin sacarla:
-Bueno… habrá que prepararla por supuesto. Tal vez se lastime un poco al principio, pero con el tiempo lo recibirá bien; Se le tiene que estirar ese ojete. Lo que si, hay que rompérselo, bien roto para que le entre ¿Querrías hacerlo vos, Marcelo? Culearla, ser el primero en quitarle el virgo del culo-.
-Yo ya tengo lo mío,- repuso mi marido al que no le importaban virgos ni nada, – y si hay que romperle el culo tendrás que ocuparte-. Yo, con la boca llena de la pija de Félix y la nariz pegada a su vientre no podía hablar; el canalla hablaba con mi marido como si nada mientras su pija me pasaba la garganta. Me sentía una piltrafa.
-¿Crees que yo tendría que estar presente o no?- inquirió Marcelo. Antes que Félix contestara, hubo movimiento en la sala donde estaban los niños, de modo que sin alterarse, sacó su verga de mi boca y la guardó. Marcelo me dio unas palmadas en la pierna, a modo de aprobación. Yo no podía levantar la vista del suelo, mientras acezaba recuperando el aliento.
-De cualquier modo- siguió Félix como si nada, -vendré mañana a la siesta y veo de prepararla y si puedo le rompo el culo ahí nomás ¿Te parece?. No quisiera lastimarla, o lastimarla lo menos posible; pero seguro se lastima un poco. Después de todo lo tiene virgen, me has dicho-. Marcelo dio su Ok.
Yo no lo podía creer. Hasta ese momento, Félix no me había visto desnuda y ahora le tendría que ofrecer mi chiquito para que lo lubrique, lo prepare y estire para que me pueda meter su poronga. No lo podía creer; para peor, quería llorar pero ya no tenía lágrimas. Ya iba a aprender en el tiempo que venía lo que era el dolor, el llanto y la humillación.
Al día siguiente a la hora de la siesta, Félix llamó la puerta como siempre. Lo recibí con la mirada en el suelo y no supe qué hacer; temblaba de miedo y de humillación, pero estaba sometida de modo que le pregunté:
-¿Qué quieres que haga? ¿Me pongo en el sillón?-. Él se rió al ver mi disponibilidad y sumisión, pero no tuvo un gesto de ternura, se limitó a ordenarme:
-Si- contestó-, pero de rodillas en el asiento y apoyate en el respaldo con brazos y cabeza-. Me llevó de la mano y me acomodó. El desgraciado me quería hurgar el ojete antes de rompérmelo y así fue; se arrimó por atrás, me levantó delicadamente la pollera y bajó mis bombachas, dejándome expuesta, y se entretuvo un largo rato mirándome mis intimidades. Mi humillación no podía ser mayor. Luego tomó mis glúteos y los separó, dejando mi ojetito expuesto, mi agujerito virgen, que tocó con un dedo exclamando:
-¡Pero si está virgo! Era cierto-, y lo acarició en forma circular entreteniéndose un rato; jamás me tocó la cajeta, que si hubiera hurgado sabría que estaba seca. Después fue apoyando en mi ojetito otro dedo, que estaba lubricado y entró en mi culito no muy fácilmente, provocándome un sollozo reprimido que Félix interpretó como un gesto de satisfacción, porque ahí nomás me metió otro dedo enaceitado, arrancándome un ay de dolor. Sus dedos eran gruesos.
–Aguanta querida, aguanta; ya te acostumbrarás- me dijo con tono profesional. Era su primer gesto de consideración y tras sacar los dos dedos intrusos, me metió tres dedos que dejó adentro, con mi sufrimiento inenarrable. Me dolía, y cómo…., me quejaba fuertemente con ayes de dolor. Los tuvo un rato, los movió sin importarle mis quejidos y cuando entendió que mi culo estaba distendido, sentí la punta de su pija tratando de entrar; me moví tratando de evitarlo:
-Tranquila, ya está estirado. Aflójate-, me fue diciendo mientras me hurgaba con su pija.
Yo no hice nada, él me tomó de las caderas fuertemente y me ensartó de golpe su cabeza provocándome un grito de dolor. Traté de huir, me corrí hacia adelante tratando de zafarme y sacarme esa pija del culo, mientras lo manoteaba tratando de empujarlo afuera, pero estaba de rodillas y contra el respaldo del sillón. Yo había parido hijos, pero jamás había sentido un dolor como ese, la rotura, el desgarro, era espantoso. Comencé a sollozar de dolor y humillación, aplastada contra el respaldo, pero fue peor para mi, porque cada convulsión de un sollozo, sentía que entraba un poco más adentro su enorme pija. Me rompió el culo. Lo que se llama que me rompió el culo. Lloré, grité, sangré, imploré, todo en vano; no tuvo piedad ni le importaba. Era su derecho, y no paró hasta que no la tuvo toda adentro y sus huevos golpearon mi vulva ¡Qué dolor! Gritaba como una posesa. Me tomó entonces de los pelos obligándome a enderezarme y apoyando mi espalda contra él, me abrazó y se puso de pie sin sacármela: fue indescriptible, mis pies quedaron en el aire y su pija se enterró hasta no se dónde provocándome más y más dolor, soportando todo mi peso con el ojete ensartado. Caminó hasta mi habitación y se dejó caer de bruces en mi cama, boca abajo, conmigo ensartada, con él pegado atrás, con la sensación de que cada vez me entraba más y más profundo. Mi culito, dolorido y roto, no reaccionaba ni para cerrarse, ni cuando comenzó a moverse y me lo llenó de leche. La sacó y me dijo:
–Limpiámela-, y al ver que me movía para ir en busca de algo para hacerlo, me completó su orden -con la boca-. Así lo hice; no se por qué pero obedecí y se la lamí y chupé hasta que se la dejé limpia, pero no había terminado cuando ya le estaba creciendo de nuevo entre mis labios y riendo me dijo:
-Miren la señora… ¿Qué tal?- burlandose de mi y luego agregó: -Le gusta mamarla y pararla-. Luego agregó: -¡Epa! Ya está otra vez ¿Por dónde la querés ahora? ¿Seguimos con ese culito? Seguro que te ha gustado y la querés otra vez-. Se la tomaba conmigo abusivamente.
-Por favor no- supliqué -Esa pija es enorme, mira cómo me has dejado abierta; estoy toda rota, sangro, no me puedo mover. Me has roto la cola, me duele, no lo hagas-. Él rompió a reir:
-Bueno, dale con la boca. Pero que te conste que vendré todos los días a usar ese culo hasta que me reciba como corresponde, esté lastimado o no-. Horrorizada me dispuse a chupar. Me la zampó hasta la garganta y tras algunos movimientos, volvió a eyacular en mi. Después se vistió y tomó el teléfono para contarle todo en detalle a mi marido:
-La aguantó-, le dijo –La ensarté sin piedad y de verdad le rompí el culo; Lo tenía muy estrecho pero se la metí a fondo. Gritó, gritó como perra pero no le hice caso y se la zampé bien. Si, se lo rompí bien roto, sentí cuando se le rajaba. Ahí está ahora, quejosa-, le dijo. Mi marido le preguntó algo y agregó: -Bueno, yo te dije que se le rompería, pero bien… ahora le tengo que seguir dando hasta que se habitúe-.
Lo que siguió fue un suplicio. Yo tenía el culo literalmente roto, desgarrado. No podía caminar normalmente, no me podia sentar y menos ir al baño, pero él volvería al día siguiente. Se lo planteé a mi marido que me interrogó sobre los detalles y se mostró satisfecho de que me hubieran desvirgado la cola, aunque medio se enojó conmigo por ser incapaz de cumplir mis deberes de mujer sin quejarme según le había contado Félix; me hizo que le mostrara y me metió un dedo:
-Lastimado está, se ve que te ha roto el culo, bien roto-, me dijo a modo de comentario, pero nada más. La primera noche, no pude dormir pese a los calmantes y las pomadas que me puse para aliviar mi culito. Pero Félix no estaba dispuesto a perdonarme y vino dia a día durante casi un mes, a culearme, todos los días, sin el menor cuidado, sutileza o cariño. Solamente a culearme para que se me abriera bien la cola. El primer día, el siguiente al de mi estreno, apareció a la siesta y se paró como un triunfador; por mi parte, entendía que debía abandonar mi actitud pasiva de dejarme hacer impertérrita, para evitar que me volviera a culear, de modo que lo ataqué de frente pidiéndole la pija para chuparla. Aceptó gozóso y riéndose de mi mientras adivinaba lo que yo quería evitar, pero cuando la tenía al fondo de la garganta y no podía hablar, me dijo:
-Buen intento chiquita, buen intento. Pero no creas que antes de terminar no te voy a volver a romper el culo de nuevo-. Quedé alelada. Sacó su pija de la boca, me llevó tras el respaldo del sillón y me echó de boca sobre él, subió mi pollera, bajó mi bombacha, y así, en seco, me la mandó hasta el fondo. Fue el infierno; yo gritaba desesperada y manoteaba, mientras él reía y teniéndome aplastada contra el sillón, decía:
-¿Duele? Aguante hasta que no le duela más, ya está bien abierto ese ojete-, me decía burlonamente. La sacaba y la metía, lastimándome intencionalmente. Me culeó hasta cansarse, lastimándome nuevamente, reabriendo las heridas del primer día.
Los dias fueron pasando del mismo modo: todas las siestas aparecía Félix. Yo lo esperaba con un batón suelto, sin bombachas y sin una palabra de más, iba al sillón, me reclinaba sobre el respaldo, apoyaba las manos en los posabrazos y le dejaba el culo a disposición como quería Marcelo. Normalente embadurnado con cremas cicatrizantes y anestésicas porque no podía caminar normalmente, ni sentarme y el bruto me volvía a abrir las heridas todos los días. Ahí echada me relajaba todo lo posible para que su enorme verga entrara sin dificultad; a decir verdad, mi culo no hacía ya resistencia alguna, estaba roto y abierto y la pija de Félix se convirtió en un conocido huésped, aunque hostil, que no tenía dificultades en entrar. Cuando la tenía adentro, además de moverse atrás y adelante, hacía un movimiento circular, ensanchándo más la abertura de mi lastimado ojete. Yo, ya no lloraba ni me quejaba a mi marido. La escena se repetía: Callado, Félix no hacía más que llegar y ensartarme sin piedad, gozando de mis sollozos y mis súplicas, hasta que se vaciaba en mi; quería tenerme bien abierta y rota y vaya si lo logró. Luego de unos instantes, me pedía una paja y apenas mi mano había revivido su pija, me la perdía en la boca en un acto en que predominaba la brutalidad sobre la morbosidad porque la mantenía siempre al fondo, otras veces, me volvía a dar por el culo. En esos días me arrastraba por el suelo; el dolor en la cola era enorme, la irritación indescriptible y la humillación de la vejación, me destruía.
Cuando pasaron algunos meses, diría que unos dos o tres, la conducta de Félix se hizo más hostil; Ya para ese entonces me culeaba sin dificultad, y si bien la incomodidad no había desaparecido, mis dolores no eran tantos, ni estaba tan lastimada. Venía todas las siestas por lo suyo y lo esperaba yo lista y dispuesta. Yo ya ni mencionaba el tema a mi marido por temor a su reacción. Pero Félix quería más, e hizo suya la costumbre de visitarnos a la tardecita, cuando mi marido venía de trabajar y los chicos estaban en plena tarea en casa; decía venir a charlar, pero apenas aparecía sentía mi culito palpitar, sabiendo lo que le esperaba. Ya no quería culearme en soledad sino frente a mi marido y con el riesgo de la entrada de los chicos; agregó un componente de morbo y riesgo. En medio de la charla con Marcelo, no era extraño que Félix le dijera:
-¿Podré?- aludiendo a la posibilidad de culearme. Para Marcelo asentía; era más importante el informativo que ese hecho, así que desde la primera vez que se lo pidió, pegó el grito para evitar interrupciones:
-Chicos, cierren esta puerta y no aparezcan por aquí para nada hasta que les avise-. Y me dejó a disposición de su amigo, que me llevó atrás del sillón, donde Marcelo veía el informativo y volvió a romperme el culo, mientras me hacía que acariciara mi marido en la cara. Después, apenas terminado, tenía que arrodillarme frente a él y hacer mi prueba de tragasables hasta que me llenara la tripa de leche. Yo me había convertido en un animalito obediente que dia a día recibía su ración de pija en la boca y en el culo a la vez que una servidora humilde del amigo de mi marido. No pasaba el día que no me echara al menos dos polvos.
Esto duró varios años, más de dos ¿Cuántas veces me rompió el culo Félix? No lo se, pero tengo la impresión de más que los días del año; ¿Cuántas veces se la chupé o me cogió por la boca? Tampoco lo se. Lo que puedo contar es que Félix fue poniendo en el tema primero un componente de riesgo y luego una dosis de crueldad. Ya desde que me rompió el culo, sus otras acciones querían hacerme sufrir, aunque sin confesarlo, y gozaba de mi humillación y mi sumisión, pero fue variando y ahora quería que fuese a él y no a mi marido. Le dio por hablar y decirme que traería otros amigos a culearme y que se las chupe o me cojan la boca y ante mi silencio cabizbajo, me exigía una expresión conformidad como muestra de obediencia a él, que nunca le di; no era a él a quien obedecía. Eso lo irritaba. Nunca se animó a traer a nadie.
Venía a casa cuando estaban los chicos y me ponía en situaciones de riesgo: hablaba con los chicos mientras me tenía la pija en la boca; me ensartaba por el culo en plena reunión parándose detrás de mi, disimuladamente. Lo peor, es que le irritaba no ser él quien deteminaba mi voluntad y no poder cogerme normalmente, ni besarme la boca; Me amenazó con contar todo en el pueblo y me consta que se lo dijo a algunos amigos, pero, cuando le acusé el hecho a Marcelo replicó:
-Nunca te ha culeado fuera de casa y quien te conoce sabe que sos una mojigata. Nadie le va a creer-, tampoco entonces tuve su amparo, pero estaba en lo cierto porque nadie le creyó aunque algunas conocidas amigas me preguntaron.
En una ocasión tomaba sol en el patio de casa en malla; me había puesto una bikini porque nadie me podía ver y los chicos jugaban al otro lado del seto y no veían nada. Yo dormitaba plácidamente echada boca abajo, cuando de pronto se apareció Félix, que había encontrado la puerta abierta. Sin decir palabra, se echó sobre mi, me corrió la bikini y me la zampó en el culito sin contemplaciones. ¡Qué dolor! Por Dios. Estaba seca y no me lo esperaba. Además, los niños estaban a pocos metros. No podía gritar ni quejarme, ni hacer escándalo. Pero no le importaba nada, me aplastó contra el suelo y me culeó sin piedad, dejándome echada, con él encima, durante un largo rato, después que terminó. Ensayó mil variantes; decía que quería ir conmigo a misa para culearme en la iglesia, lo intentó en un acto del colegio en las tribunas y me salvó una madre que buscaba un hijo. Una vez, en el cine, me culeó dos veces.
En fin, mil variantes. Pero no hay mal que dure cien años y con el correr del tiempo este salvaje mutó de su crueldad y se enamoró de mi; no le bastaba disponer de mi boca y mi culo, quería que lo quisiera y lo obedeciera, que lo que hacía no fuera por orden de mi marido sino por él, que por él le permitía que me ensartara por el ojete y me violara la boca, deseaba que me fuera con él, que dejara marido e hijos, se había vuelto loco. A tal punto era, que tenía celos de mi marido y comenzó a exigirme que le besara la boca o le diera mi cajeta; me negué terminantemente. Me interrogaba y me hacía escena porque cogía yo con mi marido y a veces no me dejaba respirar con la pija clavada en la boca, irritado por saber que había tenido una noche de amor con Marcelo. Yo sabía bien que mi marido eso no lo aprobaba. Además, tenía claro que por darle un beso en la pija terminé con toda la poronga en la boca y su leche en la garganta, y no estaba dispuesta a nada más. Además que mi marido había dicho que no, y yo le pertenecía a él y solo por seguir sus órdenes me había dejado sodomizar y practicar sexo oral.
Ese fue el fin del episodio Félix, porque cuando mi marido lo supo, sin enojarse, serenamente, lo llamó y puso fin al asunto.
-Basta Félix, te estás pasando. Buscate otra que te ayude. Adelina no te va a hacer la paja más, ni te va a prestar la cola. Sigamos amigos pero basta. Ya te dejé romperle el culo y te ha aliviado durante años, pero no quieras quitarme mi mujer- le dijo Marcelo, sin aceptar réplicas.
Ya van dos meses sin que Félix me culee, ni me coja por la boca y mi familia sigue intacta.

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Mi Familia, Mi harenCategoría: Sexo en familia

Por Jose Milagros Rodriguez | 2013-03-13 12:48:57 | 0 comentarios

El Pasado, el Presente y el Futuro

Conseguí dominar completamente a mi esposa, a mi suegra y a mi cuñada; anulando casi por completo su voluntad. Y digo casi por completo su voluntad, por que al someterlas y convertirlas en mis sumisas, afloro en ellas una sexualidad increíble, que junto con un grado de perversión sin limites me llevaron al PARAISO.

Mi suegra, Juani, aunque fue la que mas se resistió a someterse, poniendo claramente en peligro, no solo su sumisión, sino también cuestionando la dominación de sus hijas, para al final no solo darme placeres de locura, sino que me facilito lo mayores placeres a través de su cuerpo o el de otras mujeres que me facilito, ayudándome a someterlas o incluso sometiéndolas para mí.

Haciendo gala del recuerdo, surge como algo irrepetible, la lucha que tuvo con Beatriz, su hija y mi esposa, primero en contra de la sumisión en la que se había sumido; para después pelear por la supremacía y ser mi perra favorita.

Juani, a pesar de que en un principio la sometí, con cierta facilidad, ya que estaba hambrienta, y conté con la ayuda inestimable de sus hijas, no conseguí un sometimiento completo, total como a mí me gustaba y deseaba.

En un primer momento, conseguir algo más que poder coger su coño cuando estábamos solos, e imprimirle algún castigo físico más o menos fuerte, se hacía harto complicado y difícil. Para conseguir cosas, tan naturales, como que me la mamase o follar su culo debía de esforzarme a fondo, manteniéndola en un orgasmo interminable; e incluso contar con la colaboración de sus hijas sujetándola para que yo pudiese taladrar su culo de una manera más o menos aceptable y cómoda, hasta que ya sumida en el placer consentía. Pero para conseguir algo mas, como que me entregase su boca y libase lo mismo mi semen que mi pis, y en circunstancias muy extraordinarias comiera mi mierda, gozando yo de su boca como de mi retrete personal, había que volverla loca de placer manteniéndola en un orgasmo casi continuo y en un placer permanente como no había conocido hasta ese momento, y durante horas, ya que se resistía mucho a todo aquello que se salía de lo normal para ella; es decir introducir mi cipote en su chumino.

Fue una autentica violación cuando le rompí el culo. Y muchísimo mas duro todavía, resulto cuando poseí su boca, Beatriz le tenía que propinar previamente un fuerte castigo; azotando primero su culo, y pasando el castigo a sitios más sensibles, como su coño o sus pezones; hasta que se iba dando cuenta de la inutilidad de su resistencia; y su hija empezó a combinar placer y dolor. Llevándola del umbral de un Orgasmo al mayor de los dolores, y después de nuevo llevarla al umbral del orgasmo; hasta que Juani agotada y rota, por ese ciclo de placer y dolor continuado y sin descanso, aceptaba someterse a mis perversiones, gozando con ellas como nunca antes había gozado; pero siempre diciendo que se veía obligada a obedecer, para poder descansar del dolor. Por el contrario, a Beatriz le gustaba decir que a su madre, había que dejarla saborear el dolor, para que estuviera dispuesta a recibir y abandonarse al Placer. Como una penitencia previa a cometer el pecado.

Así cuando Juani, por primera vez, me dejo disfrutar de su boca, tenía el clítoris y los pezones en carne viva, producto del terrible castigo que Beatriz le había imprimido para convencerla. Pero, aun así, ese castigo no fue nada, comparando con el castigo que le imprimió para que me entregase completamente la boca para mi placer y disfrute completo. Ahí su hija tuvo que emplearse a fondo utilizando todo su saber hacer, así como su crueldad e incluso su sadismo.

El lado bueno del castigo y sometimiento integral y total de mi suegra; fue su posterior colaboración en el sometimiento de su otra hija, mi cuñada Esther. Juani misma se encargo de la entrega integral de su hija, Esther, que se fue sometiendo dócilmente a todas y cada una de mis pretensiones, de la mano de su madre, sin prácticamente resistencia, y sin más dolor que el estrictamente necesario, o el que yo necesitaba para mi propio placer.

Pero cuando todo parecía ir sobre ruedas, y yo disponía de tres perritas, a mi servicio y para mi total disfrute, volvió la inestabilidad y el peligro por parte de Juani. La rebeldía de Juani a dejarse preñar. Y el peor momento fue cuando Juani supo que estaba preñada, al igual que Beatriz y Esther, cosa que no se esperaba; ya que mientras Beatriz y Esther suplicaban para que las preñase; Juani se negaba desde un principio, tomando anticonceptivo tanto orales como locales, incluso poniéndose lavativas y enemas vaginales con espermicidas, para no correr riesgos.

Cuando Juani se supo embarazada, sin consultar con nadie, y menos con sus hijas o conmigo, fue enseguida a una vieja partera para que la hiciese abortar. Tuvo un mal aborto, lo paso muy mal, con un gran susto, ya que pensamos que se iba, e incluso ella lo pensó también. Pero lo peor de todo es que durante el tiempo que duro la convalecencia, se libro de las cadenas que le habíamos colocado de dolor placer dolor, recuperando su dominio y su libertad y amenazándonos con denunciar todas las perrerías que le habíamos hecho. Nos libro la campana, gracias a unas grabaciones de video fortuitas de una noche en la que ella estaba, rara y especialmente dominada por el placer y castigaba a su hija Esther, conminándola a que se dejara hacer una comida de coño por el perro y Esther no quería por que le daba miedo el perro, y no por otra cosa, y eso la hizo pensárselo y retroceder en sus intenciones de denuncia.

Pero la amenaza también tubo su lado bueno para mi. Ya que ante la amenaza y el recuerdo, Esther, se posiciona claramente de mi parte, estando brillante al proponernos una encerrona para su madre, desquitandose con su madre; ideando aplicárle a su madre, el mismo tratamiento que, según ella, le había aplicado, la familia de su marido, a una cuñada suya que después de varios años de matrimonio, se negaba a quedarse embarazada, haciendo lo posible para evitar el embarazo; y su cuñado la había llevado al ginecólogo para que le pondría un tratamiento anticonceptivo, pero que en realidad, y de acuerdo con el ginecólogo, que era del OPUS, lo que le puso fue un tratamiento fertilizante que la dejo embarazada en menos de un mes, y con tan buen embarazo que tardo más de tres meses en darse cuenta del embarazo.

Ideado y acordado el plan, Esther convenció a su madre para ir al ginecólogo sin que yo me enterase y empezar a tomar anticonceptivos.

Y asi Juani fue el ginecólogo, con la disculpa de hacerse una revisión rutinaria; aunque, en realidad al ginecólogo lo que le presentaron fue la situación de que, Juani, a sus 45 años seguía fértil, y además era muy activa y tenia pánico a quedarse embarazada.

El ginecólogo después de un somero examen, donde le tuvo que notar los excesos sexuales así como la gran actividad sexual a la que estaba sometida, ya que Juani muy bien preparada por Esther, entro al ginecólogo al borde del orgasmo. Despues del examen, el ginecólogo, le receto unos anticonceptivos, y advirtiendolede los inconvenientes que iba a tener, como que durante los primeros seis meses iba a tener fuertes desarreglos, como sangrados, inapetencia sexual, o por el contrario faltas en la regla y un gran apetito sexual, también nauseas sobre todo matutinas, así como hinchazón de vientre e incluso frigidez; pero que no le diese importancia, ya que era normal, y más dada la edad que tenia, y para lo cual le facilito también un excitante sexual y un lubricante vaginal.

Ahora tengo que añadir, que cuando Juani fue al ginecólogo, entre Beatriz, Esther y yo; preparamos muy bien la visita. Esther le dio un desayuno de calmantes que la dejaron medio atontada, e incapaz de oponerse a nada, y yo la estuve follando toda la mañana, tanto por el culo como por el coño, ya que yo en teoría no sabía nada de la visita, meandome dentro de ella para que creyese que la llenaba de leche, pero sin dejarle a ella alcanzar el orgasmopara que estaría siempre dispuesta y deseosa de seguir; Beatriz y Esther, en su papel protector, la cogían y le ponían una lavativa caliente y aceitosa, en teoría para limpiarla; pero en la práctica para mantenerla caliente y dispuesta para el próximo polvo, así como dominada y cargada para la manipulación en la consulta del Ginecólogo.

Así que cuando Juani salió de la consulta del ginecólogo, después de la vergüenza de tener dos orgasmos mientras la examinaba; solo se entero de que tenia los anticonceptivos que iban a impedir que se quedase embarazada, así como otros medicamentos que iban a facilitar su libido y poder hacer el amor; y que al encontrarla tan nerviosa, termino diciéndole muy educadoque, las explicaciones se las daba a sus hijas y que hiciese todo tal y como se lo digesen y volviese a los seis meses.

Y a Beatriz y Esther lo que les dijo fue que su madre estaba pasando un mal momento y que le iba a dar unos anticonceptivos para que no se quedase embarazada, ya que estaba muy excitada, y además un inhibidor del apetito sexual, para rebajarle los calores y excitaciones que tenia, ellas muy bien aleccionadas, le dijeron al ginecólogo que su madre llevaba casi un año así, ya que al no írsele la regla, se le había metido en la cabeza que se iba a quedar embarazada, y que a su padre no le dejaba ni tocarle casi nunca y alguna vez que lo había hecho con su padre, de tan seca que estaba, se había quemado ella y su padre; y que a cuenta de esa situación tanto su madre como su padre se iban a volver locos y si el no podía ayudarles. Ante esa explicación el ginecólogo, decidió darle los anticonceptivos, y un inhibidor del apetito sexual, para que tomase tanto su madre como su padre durante un mes, tiempo necesario para que el anticonceptivo hiciese efecto, y después para que hiciesen vida normal, y contrarrestar el efecto de los anticonceptivos en su madre, le daría un excitante sexual o potenciador de la libido, muy potente, pero para tomar una vez a la semana y justo antes del acto sexual y bajo ningún concepto más de una vez a la semana, ya que sino lo de hoy, en alusión a que estaba como una perra en celo, no iba a ser nada con lo que le pasase y tampoco nada de mezclarlo con lubricantes vaginales de ningún tipo ya que estos potenciaban los efectos, y que en cuanto a su padre con dejar de tomar el inhibidor tendría bastante y luego con uno a la semana iba a tener de sobra; y que al mínimo problema volviesen a la consulta.
Pero lo que Beatriz y Esther le dijeron a Juani que había dicho el Ginecólogo; fue que debía de estar dispuesta para ser follada y gozar como una loca y que cuanto antes empezara mejor y que mejor que empezara por tomar los potenciadores de la libido y que los tomara unos días antes de tomar el primer anticonceptivo, que empezaría el viernes, tres días después de tomar los excitantes sexuales y que se abstuviera de tener relaciones sexuales o cuando menos un orgasmo; que era fundamental no tener ningún orgasmo durante una semana; lo mismo que era fundamental no bajar la actividad sexual y a poder ser incrementarla, y así tendría la seguridad de no tener un embarazo no deseado.

Y sus hijas le dijeron que no se preocupase por nada, que ellas se hacían cargo de las recetas, ya le indicarían como empezar y seguir el tratamiento, y que lo ideal sería irse fuera una o dos semanas de vacaciones, como cuando yo las había dominado, que lo pasaría mal al principio, pero acabaría disfrutando.

Asi que ya veis la diferencia, ya que lo que en realidad le dijo el ginecólogo fue abstinencia durante al menos dos semanas, al comienzo del tratamiento anticonceptivo, y nada de excitaciones sexuales en ese tiempo por que el embarazo seria casi seguro; además que ni se le ocurriese empezar con los excitantes antes del mes, porque entonces el embarazo si seria seguro y corría el riesgo de irse con cualquiera que se diese cuenta de su estado o ella misma provocarlo.

El ardid o suterfugio del ginecólogo nos lo había dado todo hecho.

Mis instrucciones a Beatriz y a Ester fueron que empezasen inmediatamente con el tratamiento, eso sí para una mayor seguridad, sustituyendo el anticonceptivo por el estimulante de la fertilidad, y que la traerían esa noche a casa después de haberle dado una buena dosis de estimulante sexual y estimulante del embarazo, junto con una buena dosis de lubricante vaginal, así como una buena puesta a punto. Con el padre que empleasen el inhibidor de la libido que además podía producir efectos sedantes y sueño, y así estaríamos más tranquilos.

Esther hablo con su madre sobre los posibles efectos secundarios y adversos que al principio del tratamiento podían surgir y de que no sería conveniente que su padre los notase ya que las cosas se podían complicar. Por ser complicado iba a ser complicado allí donde fuera, ya que si iba a su casa su marido también se iba a dar cuenta; así que lo mejor era que fuese a casa de Beatriz, que lo peor que podía pasar era que yo me diese cuenta y todo se fuera al traste.
Cuando Juani le propuso a Beatriz el ir a su casa durante dos o tres semanas, Beatriz dijo que le parecía bien, ya que yo llevaba unos días diciendo que tenía que preparar algo con su madre y su hermana, pues quería a Juani completamente entregada a su voluntad para cuando a ella y a Esther les llegase el momento de parir, que ya estaba bastante próximo, quedaban menos de tres meses.

Juani se asusto, y manifestó sus dudas y su temor de que la estuvieran metiendo en una nueva trampa.

Esther, como siempre práctica y cómoda, corto las dudas diciendo:
Aquí todas nos la estamos jugando, ya que si se entera Miguel, el castigo va a ser muy duro; y todo esto es porque tu no quieres someterte y mucho menos quedarte preñada, cosas que nosotras hemos aceptado. Además, en su caso, ella había sido sometida por Miguel, pero engañada por ella y Beatriz.

Así que lo mejor dejarlo, y que Juani se quedase preñada o denunciase todo y en el peor de los casos acabasen todos en el juzgado e incluso en la cárcel.

Ante la posición tan firme de Esther, junto con su implicación en el sometimiento de Esther, Juani se asustó y cedió diciéndole a Beatriz, que aceptaba que iría a su casa, y se sometería durante dos semanas a los caprichos de Miguel, siempre y cuando no fuesen en contra de lo que había prescrito el ginecólogo. Que ella procuraría cumplir con las indicaciones del ginecólogo, ya que no iba a quedarse preñada, y no solo por la edad, sino porque no quería convertirse en un objeto de usar y tirar que era en lo que nos habíamos convertido nosotras; que con la obediencia que le teníamos y con lo que nos hacia hacer, ya no se podía caer más bajo. Y ella era capaz de cualquier cosa con tal de no pasar por esa degradación.

Beatriz zanjo la discusión diciéndole: si vienes a mi casa vas a hacer todo lo que dijo el ginecólogo que tenías que hacer, como mínimo, que no va a ser nada fácil, y si va a ser, para que te hagas una idea, tan duro o más que el primer mes de tu doma, yo personalmente con la ayuda de Miguel, y la de Esther si fuera preciso, me encargo del cumplimiento estricto de lo indicado por Esther; y no vas a preparar ninguna, porque si no voy a ser yo la que te denuncie por acostarte con mi marido, y Esther apoyara mi acusación y papa te tirara a la calle, y nadie de la familia o de los amigos te dirigirá la palabra o mirara a la cara. Así que decide ahora lo que quieres de una vez por todas.

Beatriz, le dijo a Esther, y ahora tu dile claramente cuál es la prescripción del ginecólogo.
Esther, empezó diciéndole a Juani, el Ginecólogo te dijo que debías de estar dispuesta para hacer el amor y gozar como una loca antes de empezar el tratamiento y que en cuanto estarías en esas condiciones, que debería de ser cuanto antes; debías empezar con fuerza y sobre todo decisión, mejor con intensidad, convencimiento y deseo; y que lo mejor era que empezaras por tomar los potenciadores de la libido y que los tomaras unos días antes de empezar a tomar el primer anticonceptivo Qué si empezabas hoy con los excitantes, sexuales estarías en condiciones de empezar el viernes con los anticonceptivos, es decir tres días después de tomar los excitantes sexuales, tendrías la libido disparada; pero que te abstuvieras de tener un orgasmo, aunque mantener unas intensas relaciones sexuales era conveniente, y muy necesario hacer alguna que otra vez el amor, cuando menos uno diario sin llegar al orgasmo; ya que era fundamental no tener ningún orgasmo durante al menos dos semanas; insistió mucho en que lo mismo que era fundamental cuanto menos no bajar la actividad sexual e incluso, haciendo un esfuerzo, si podía ser que la incrementaras, y así tendrías la seguridad de no tener un embarazo no deseado. Y Esther finalizo diciéndole y ahora repítelo para que esteemos seguras de que lo has entendido bien y estás de acuerdo y no te queda ninguna duda al respecto.

Juani respondió, diciendo: el ginecólogo me dijo que para no quedar preñada, lo que debería de hacer es seguir un tratamiento anticonceptivo con las siguientes pautas: debo de follar durante tres días y gozar con las folladas como una loca, de eso se encargara Miguel, y que para ello nada mejor que empiece tomando excitantes sexuales, los potenciadores de la libido, unos días antes de tomar el primer anticonceptivo, que debería de ser cuanto antes. Así que si empiezo hoy con los polvos y los excitantes, podría empezar el viernes con los anticonceptivos, tres días después de tomar los excitantes sexuales, teniéndome que abstener de tener ni un orgasmo, porque en el momento detener el orgasmo me podía quedar preñada; que era recomendable no tener relaciones sexuales con un hombre si no tenía la seguridad de poder controlar el orgasmo. Porque es fundamental no tener ningún orgasmo durante una semana; lo mismo que era fundamental incrementar la actividad sexual, recomendable con penetración, al menos si se podía controlar el orgasmo, y a poder ser incrementarla, y así tendría la plena seguridad de no tener un embarazo no deseado. Y por mi parte creo que en casa de Beatriz será donde más fácil lo tenga con la inestimable colaboración de Miguel; y con la condición de que Miguel ignore el tratamiento que estoy siguiendo.

Esther le corrige diciendo, una semana sin orgasmos no, son dos semanas sin orgasmos.

Juani corrige, pues bien dos semanas follando a tope, pero sin una sola corrida.

Beatriz le dice a su madre, vendrás a casa, le diremos a papa que es para relajarte y tranquilizarte, y que se te pase el estrés que tienes. Y a Miguel le dire que vienes para satisfacerle, que vienes a que te someta, follandote, sin permitirte un solo orgasmo, hasta que le supliques que te preñe. Y que estarás a su disposición por lo menos tres semanas. Y no se hable más.

Esther interrumpe diciendo, y por qué no está hasta el sábado en tu casa y después nos vamos unos días de vacaciones fuera, a algún lugar aislado y gozamos todas con Miguel y así ayudamos a mama con Miguel y el tema del embarazo y la dominación, pero gozando todas como es debido, a la vez que haces todo lo que ha dicho el ginecólogo y tu acabas de repetir, sufriéndolo, lo mismo que sufriremos todas con Miguel, y haremos lo que él nos pida y esté dentro de lo que hacemos habitualmente, o te favorezca el tratamiento.

Vinieron las tres a casa, charlamos y Esther hecho unas gotas en un vaso de agua, me lo enseño y me dijo es el triple de lo que tiene que tomar, pero será un buen empiezo, y a continuación se lo dio a su madre, diciéndole empiezas con el tratamiento que va a cambiar tu vida; aunque esto no se si te hace falta ya que estas más caliente que una perra en celo, creo que nunca has estado tan caliente; pero no te preocupes que ahora me ocupo yo de que goces como una zorra, y que no tengas ningún orgasmo. Juani se estremeció, y Beatriz le dijo vamos a follar y ser utilizadas por Miguel, si no quieres ser usada y tirada al antojo de mi marido puedes irte ahora. Juani respondió pidiéndome que la usase cuanto antes, y era calentura natural, ya que no había habido tiempo material para que el excitante sexual hubiera hecho efecto. Todo iba muchísimo mejor de lo previsto, pensé, si esto sigue así se someterá ella voluntariamente a todo lo que le mande y sin objeciones

Cogí a Juani del pelo y la hice arrodillar y sacándome el cipote se lo introduje en la boca. A la vez que le indicaba a Esther que descubriese las tetas de su madre y que las trabaje a fondo. Juani estaba completamente salida y haciendo gozar mi polla con su boca, empezando a acusar un gran placer y también perdiendo la voluntad. Por lo que le indique a Beatriz que me ayudase a tumbar a su madre sobre la mesa y le subiese la falda y le quitase las bragas y le comiese el coño, mientras Esther seguía aplicándose sobre las tetas de su madre a conciencia, las comía como una recién nacida.

Al cabo de unos minutos Juani estaba al borde del orgasmo; siendo consciente de ello, retire mi polla de su boca; y me senté en una silla delante de ellas. Juani se estremeció contemplando mi cipote tieso delante de ella.

Esther reaccionó enseguida, diciendo el trono está listo y esperando ¿Quién lo va a ocupar? Juani, se resistió unos segundos; pero cuando Esther volvió a preguntar ¿Quien va a ocupar el trono de las putas? Juani no lo dudo y respondió, yo.
Esther pregunto por tercera vez ¿Quien va a ocupar el trono de las putas? Juani rápidamente y sin dudarlo volvió a decir, yo la reina de las putas.
No había duda, Juani estaba sometida, veríamos por cuanto tiempo, y el fármaco todavía sin hacer efecto. Pensé voy a ir muy despacio, ya que en estos tres días debe de decidir ella, e incluso si la decisión es precipitada, la pospondré; y a partir del sábado empezare el sometimiento, de forma que ella sea consciente de principio a fin.
En aquel momento, y mientras Juani se sentaba encima de mi polla, dirigida por Esther, le dije a Beatriz, este fin de semana volvéis al origen, a la casa donde fuisteis sometidas y esclavizadas.
Esther que lo escucho, sonrió; le corte la sonrisa con un fuerte tirón de su pezón, diciéndole, si le dejas alcanzar el orgasmo a la puta de tu madre, le hago a tu puta madre que te meta la mano en el coño hasta que abortes a continuación.
Esther refreno a Juani castigándole los pezones y recordándole, que te vas a correr y quedarte preñada antes de empezar.
A Juani se le corto el orgasmo, pero no le disminuyo el calentón; seguía a merced de mi cipote y además ahora si empezaba a hacerle efecto el potenciador de la libido, quería guerra, y parecía que nada iba a importarle con tal de satisfacer el apetito sexual que se le estaba despertando.
Intervino de nuevo Beatriz diciéndole a su madre, evita el orgasmo, suplícale que te rompa el culo.

Juani, por un lado consciente del peligro que estaba corriendo, y por otro lado de lo que significaba hacer lo que le decía su hija, así como de todas las implicaciones que ello tenia, pensó de nuevo en que sus hijas le estaban tendiendo una trampa para que yo pudiera por fin someterla; sin embargo ese pensamiento desapareció al instante, y dejándose llevar del placer que la empezaba a desbordar, me dijo, no me permitas correr, rómpeme el culo como a una puta y lléname la boca de leche cabrón.

Seguí balanceándola sobre mi cipote, pero a Juani lo único que le separaba del orgasmo y de acabar suplicando mi leche dentro de su coño, para poder correrse, llegando a suplicar que la preñase, en ese momento eran los dedos de Esther que con gran habilidad le impedían alcanzar el orgasmo, pellizcándole muy hábilmente el clítoris y los pezones.

Beatriz le volvió a decir a su madre, o lo haces bien o de esta sales preñada, pero sobre todo como una perra sumisa, y esto último ya lo estás disfrutando perra.

Juani, por un momento, en un relámpago de lucidez volvió a ser consciente del peligro en que estaba, y lo que significaba abandonarse al placer que la estaba sometiendo y no escuchar lo que veladamente le estaba diciendo su hija, así como ignorar en ese momento todas las implicaciones que ello tenia, pensó de nuevo en que era el mejor momento para comprobar si sus hijas le estaban tendiendo una trampa para que Miguel la sometiera por fin; y ese pensamiento fue el que le permitió tomar la decisión al instante, si Miguel se negaba a someterla seria porque todos estaban de acuerdo. Así que dejándose llevar del placer que la rompía y desbordaba, dijo, Miguel, mi señor, esta perra se entrega a ti como tu perra sumisa y para demostrártelo te suplica que no me permitas correr, que me rompas el culo como a una puta y que me llenes la boca con tu leche.

Tu puta perra desea que me uses para tu placer, y no solo hoy sino durante unos días, y me tires como un objeto de usar y tirar que soy.

Con estas palabras de Juani, y viendo como Beatriz y Esther, sus hijas, se corrían, casi no podía resistirme a la tentación de hacerla correr con mi leche en su coño; tuve que hacer un grandísimo esfuerzo para volverla a poner sobre la mesa y hacer que comiese el coño de Esther antes de empalar su culo con mi verga.

El grito de Juani fue animal, brutal, se entero todo el edificio, tuve el tiempo justo para retirársela del culo y metérsela en la boca, ya que mientras me meaba en su boca, y ella se dio perfectamente cuenta, llamaron los vecinos interesándose por lo que había pasado.

Beatriz, fue la encargada de darles las explicaciones, que Juani salió a apoyar sin tiempo para limpiarse la boca, que no fueron otras que su madre que no estaba bien había tenido una pesadilla.

En este preciso momento fue cuando Juani, acabo de ponerse el collar de perra, diciendo que tal vez tuviese alguna otra pesadilla, pero que el sábado se iría con sus hijas al campo unas semanas a descansar, y que la disculpasen si volvía a pasar.

Entraron madre e hija, y me encontraron con Esther cabalgando mi cipote mientras yo la mantenía en el trono, y ella desecha de placer suplicaba que le diese el mismo tratamiento que le había dado a la puta de su madre.

Juani, controlando el placer, pero deseando mas ya que estaba en el momento de máximo efecto del excitante, me dijo eres un cabrón te has meado en mi boca, vamos a pasar unos días juntos, voy a dejar que me uses, pero ni me vas a someter ni mucho menos me vas a preñar.

Yo le respondí, a la vez que descabalgaba a Esther y la ponía exactamente en la misma posición en la que la había puesto antes a ella, aprende de la perra viciosa de tu hija. Enculando a Esther, para después de un durísimo mete saca, volverla y sustituyendo en su boca el coño de Beatriz por mi verga, y empezando a mearme en ella, mientras ya Beatriz arrastraba la cabeza de Juani hacia el coño de Esther para que se lo comiese; diciéndole, cómele la almeja a tu hija para que ella pueda disfrutar con el calor que tu le proporcionas de lo que Miguel le va a dar de comer.

Juani, ya dominada de nuevo y por completo por la calentura, a la vez que le comía el coño a Esther, le decía come la mierda de tu señor perra y córrete con ella cerda.

Esther se corrió varias veces, mientras me comía el culo y todo lo que de el salía.
Deje a Ester para coger a Juani, a cuatro patas como estaba, deslice mi polla desde atrás y muy lentamente en el coño de Juani; que ubeo como una loba en celo, suplicándome que dejase su coño y le siguiese rompiendo el culo. Y yo le dije, pero querida suegra como me pides eso, si hace un rato no te gusto como acabo.

Juani completamente fuera de sí, suplico, diciendo, esta perra, quiere, desea que la trates como lo que es, y te lo suplica; mi culo es tuyo, mi boca es tuya y mi coño también, úsalos como quieras pero no permitas que me corra.
Beatriz se acerco a su madre y le dijo demuéstraselo; y acerco a Esther que seguía en el borde de su ultimo orgasmo y todavía con la cara manchada de mierda y con restos de mierda en su boca a su madre, de forma que las dos se podían morrear perfectamente, y les susurro a las dos, pero de forma que yo le escuchase, ahora es el momento que esperabas, si superas esto superaras, superaras perfectamente el tratamiento y alcanzaras la gloria. Limpia la cara de Esther, morreate con ella, y Miguel se olvidara de tu coño para volverte a romper el culo, se volverá a mear en tu boca y con ayuda de un poco mas de excitante hasta le comerás el culo. Porque tal y como estas cumples con la mitad del tratamiento, y si haces lo que Esther y yo te estamos ayudando a hacer, alcanzaras la meta y Miguel no te someterá; pero si haces lo que estas deseando hacer, te quedaras preñada y te someterá inmediatamente. Ya que se correrá en tu vagina y tú no tendrás un orgasmo tendrás una docena y tal y como te dijo el ginecólogo embarazo seguro.

Juani, reaccionó, se puso a lamer la cara de Esther, y a morrearse con ella, compartiendo los restos de mierda que todavía quedaban en la boca de Esther y siendo consciente de ello, su calentura subía mientras me suplicaba que volviera a romperle el culo y que tomase su boca para mi placer más completo.
Yo le indique a Beatriz que no preparase de momento una nueva dosis de fármaco para Juani, y sí que la pondría a comer el coño de Esther.
Nada más empezar Juani a comer el coño de Esther, saque mi cipote del coño de Juani para hundirlo con todas mis fuerzas de nuevo en su culo. Esta vez no hubo un grito desgarrador, hubo dos fortísimos gemidos, el de Juani al serle roto de nuevo el culo y por sorpresa y el de Esther por el mordisco que le había dado su madre al servir su coño de mordaza.

Beatriz se aplico bien a mantener el placer de Juani en medio del dolor, lo mismo que Esther que superado el primer dolor ayudaba a Beatriz en la tarea de calentar a Juani.
Sin esperar, después de castigar duramente el culo de Juani, y nada más empezar está a recuperar el placer, retire mi polla, completamente llena de sangre y mierda, y se la plante delante de su boca ofreciéndosela, Juani no lo dudo un instante, se lanzo a chuparla y limpiarla con su boca; yo sonriendo le mire a los ojos y ella percibió lo que le indicaba y se aplicó a beber mi pis que estaba fluyendo en su boca. Y su placer seguía creciendo. No había por que esperar mas ya estaba dominada había hecho con gran placer lo que con duros castigos antes no habíamos conseguido que hiciera.
Deje a Ester comiendo el coño de su madre y le dije a Beatriz, seguir con ella así, no le deis ni un minuto de tregua, y cortarle el placer solo cuando haya iniciado el orgasmo; pero solo una le aplicara el castigo, eso sí muy contundente que se retuerza de dolor, y
La otra no dejara bajo ningún concepto de darle placer. quiero que dentro de un par de horas suplique, de forma muy consciente, que la folle; y a pesar de las advertencias de que será embarazo seguro, siga pidiendo que la folle, que la preñe, que quiere ser una perra, mi perra.

Esther que se había acercado, dejando a Juani, masturbándose, completamente salida, y con una cara de viciosa como yo nunca había visto. Y dijo si la coges y sometes ahora, tendrás problemas, tendremos problemas todos más tarde, pero si la sometes según habíamos previsto, la tendrás para siempre y sin ningún problema.

Tengo que reconocer que Esther tenía razón, y que gracias a su momento de cordura yo pude disfrutar intensamente durante muchos años; al contrario de ella que tuvo muchos problemas a cuenta de la sumisión de su madre.

Juani seguía masturbándose y Beatriz que había vuelto a ocuparse de los pechos de Juani y se las veía y deseaba para impedir que su madre alcanzara el orgasmo. Juani suplicaba que la reventase con mi cipote y la preñase, que ella quería ser más puta que Esther y mas perra que Beatriz. Y lo decía a gritos, lo que nos obligo a amordazarla y a atarla, para evitar que los vecinos volvieran a preguntarse qué pasaba en casa.

La deje atada en la cama y amordazada, al cuidado de Beatriz, con el encargo de que le mantuviese el placer.

Yo cogí a Esther y la penetre, allí mismo, aumentando su placer, llevándola casi de in mediato al orgasmo; momento en que la encule; todo ello delante de Juani, que seguía debatiéndose por alcanzarlo ella también. Esther volvió a tener un fortísimo orgasmo mientras la enculaba duramente.

Acerque a Esther andando a cuatro patas, balanceando su tripita de seis meses y soportando la presión de mi polla en su culo, y mientras alcanzaba un nuevo orgasmo, le hice relevar a Beatriz, poniéndola a comer el coño de su madre.

Juani, fuera de si seguía toda la actuación, Esther tuvo que morderle el clítoris para evitar que se corriese.

Yo sujete a Beatriz de los pezones y la hice dejar las tetas de su madre y ponerse jadeante de rodillas delante de mi polla, manchada con la mierda de su hermana, diciéndole: límpiala que tengo que darle de beber a Esther. Beatriz mientras alcanzaba un orgasmo, dejo de mamar mi cipote para decirme: soy tu retrete, soy tu perra, soy tu puta, soy un objeto de usar y tirar, úsame y satisfácete, que tu satisfacción es la mía y tu placer es el mío. Cuando mi arma quedo reluciente, aparte a Beatriz diciéndole sigue aplicándole placer a tu madre, pero ni se te ocurra dejarla correr. Yo le voy a dar la cena a tu hermana para que vaya a acostarse con el cabrón de su marido.

Cogí a Esther del pelo, haciéndole dejar de comer el coño de su madre, diciéndole, de tanto comérselo se lo vas a gastar. Abre la boca y bebe y prepárate para comer. Y en ese instante me empezó a mear en la boca de Esther, y ella alcanzo un nuevo orgasmo, mientras se atragantaba con mi meada.

Tumbe a Esther en la cama al lado de su madre, y la volví a penetrar lentamente, con un profundo mete saca, en el que alternaba la penetración de su culo y de su coño. Cuando Esther ya volvía a tener un nuevo orgasmo y a Juani se le salían los ojos de pura envidia, deje de penetrar a Esther, y le dije a Beatriz, deja descansar un momento a tu madre y aplícate con las tetas y el coño de tu hermana.

Beatriz se puso inmediatamente a comer el coño de Esther y yo me senté sobre la boca de Esther, de forma que Juani no perdiese detalle y Esther empezó a chupar, lamer y succionar mi culo, hasta que la mierda empezó a salir, y Esther a comerla entre orgasmos

En ese momento Beatriz dejo de comerse el coño de Esther, para pasar a comerse el coño de su mama para pasar a llevarla al orgasmo más grande que nunca había tenido.

Juani intento ser ella la que me comiese el cipote, pero Beatriz la aparto y entonces Juani que estaba a las puertas de un nuevo orgasmo, suplico que le diese de beber, que le diese de comer, que la usase aunque luego la apartase como si de un trapo sucio o viejo se tratase; que la preñase, que aprovechase la última oportunidad, y que si la montaba ahora, a pesar de ser una yegua vieja seguro que se quedaba preñada.

Beatriz y Esther me miraron, sonreían, se miraron y soltaron una carcajada.

Esther, todavía con la cara manchada y la boca llena de mi mierda, acerco su cara a la de su madre y le ofreció su boca para un buen morreo, pero mostrándole los dientes marrones, como una clara imagen de lo que se guardaba.

Beatriz dejo de comerle el coño a Juani justo en el instante en que esta alcanzaba su segundo orgasmo, todavía más intenso que el anterior.

Juani, recuperándose del orgasmo, acepto el ofrecimiento de Esther y fundió su boca con la de ella, en medio de un abrazo intenso, que Esther aprovechó para abrir el culo de Juani, para que yo de nuevo se lo taladrase impunemente, sin que Juani pudiese hacer nada por evitarlo.

Provoque un nuevo orgasmo, aunque mucho menos intenso que los anteriores, al llenarle el culo con mi leche. Aunque según la propia Juani fue el peor de todos los orgasmos ya que le había hecho vibrar por dentro y de una forma muy dolorosa, ya que había tenido la sensación de que le hundían un hierro al rojo vivo tanto en el clítoris como en los pezones, y que los ovarios y los pechos le estallaban; y que había saboreado con un placer inaudito la boca de Esther, y los restos que en ella había. Y en ese momento había deseado, estar preñada igual que sus hijas y ser mi perra, mi puta, para poder ser usada como ellas.

Yo me retire y junto conmigo salieron de la habitación Beatriz y Esther, Juani quedo temblando y completamente desmadejada, sobre la cama; estaba ya entregada y mas que sometida. Pero como les dije a sus hijas, todavía tenía que aguantar unos días, hasta que, bien aislada y al natural, pudiese castigarla y romperla de la manera más absoluta y definitiva.

Tenían que mantenerla, durante estos tres días que faltaban para llevarla y aislarla, completamente borracha de placer, sin permitirle un nuevo orgasmo, hasta no tenerla en una disposición plena y en un aislamiento total; donde la pudiese hacer aullar tanto de pacer como de dolor, sin tener que preocuparme de los vecinos.

Esther me pidió permiso para irse a su casa, y añadió debía seguir manteniendo a régimen a su marido, o si por el contrario debía dejarle al cabrón que la montase o solo debía sacudírsela hasta dejarle agotado.

La respuesta fue que quería verla a las seis de la mañana bien fresquita y descansada, pero también relajada para ocuparse de pasear a la perra de su madre.

Esther tocando a su hermana, respondió, aquí estaré, pero que Beatriz la trabaje a fondo y así contigo descansado, tal vez podemos repetir lo de hoy, pero con mama mas dócil y controlada. Y en ese momento hizo correr a Beatriz a la que con extrema habilidad había conducido a la puerta del orgasmo sin que se diera cuenta, pero para al final mostrarle, mostrarme cuan puta era que se corría sin permiso y además delante de mí.

Esther se fue diciendo, tal vez mañana, tenga más suerte y esta noche tu ya te hayas ocupado de ella y de mama; pero si no es así, podrás enseñarla delante de mama, que lo disfrutara, y yo te daré todo el pacer que quieras a ti y a ellas les enseñare lo perras que pueden llegar a ser. Su cara era el reflejo del vicio total, y situándose detrás de Beatriz, después de pedir sutilmente mi permiso, cogió los pezones de su hermana y los empezó apretar con sus dedos, hasta hacer saltar las lágrimas y tumbarla en la mesa de la cocina. Beatriz empezó a apretar las piernas con la misma fuerza e intensidad con la que estaba apretando los labios y las mandíbulas.
Yo recogí los pezones de Beatriz que tan gentilmente me ofrecía su hermana, y los apreté con más fuerza que Esther.
Beatriz empezó a boquear como un pez fuera del agua síntoma de la proximidad de un buen orgasmo, su barriguita de preñada empezó a agitarse. Esther le hizo recoger las piernas, a la vez que abrirlas, a lo cual acepto de buen grado Beatriz que ya estaba completamente salida y fuera de sí, y lo único que ansiaba era un nuevo orgasmo.

Esther empezó a introducir un dedo en el coño de su hermana, a la vez que yo aumentaba la presión en sus pezones, y Esther introducía el segundo dedo, las convulsiones eran muy fuertes, su barriguita parecía un flan, Esther me miro, a la vez que introducía el tercer dedo. Beatriz, a pesar del duro castigo al que yo sometía sus pezones, estaba a punto de correrse.

Abre la boca, saca la lengua y jadea, como la perra que eres, mantente en la posición, las piernas bien recogidas y bien abiertas; y no se te ocurra correrte, hoy no te toca y aunque te tocase tampoco te lo has ganado.

La cara de Esther era el vivo retrato del vicio, estaba a punto de correrse, introdujo un cuarto dedo, a la vez que levantándose la falda con la otra mano cogía su clítoris y lo pellizcaba con energía; e introduciendo el quinto dedo, me dijo, yo tampoco tengo permiso para correrme, y además no me toca, pero quiero tu placer mi señor.

Las palabras de Esther me llenaron de satisfacción, y le dije no debes de correrte hasta mañana, pero si eres capaz de no correrte, goza de tu hermana como gozaste de tu madre.
Beatriz en ese momento, y haciendo un gran esfuerzo, dada la postura, se pellizco el clítoris como lo había hecho instantes antes su hermana, para evitar el orgasmo; pero aunque lo consiguió, solo fue una alucinación pasajera, ya que Esther había introducido toda du mano en el coño de Beatriz, y esta estremeciéndose de dolor, y placer se corría como una perra. Tuvo tres orgasmos seguidos, el primero fue casi como un parto, chillaba de dolor, tanto que le tuve que introducir una braga en la boca para que no alarmara a los vecinos, aunque pedía mas pues el place la desbordaba, el segundo orgasmo consecutivo, el placer desbordaba todo dolor a pesar de que ya no era solo Esther la que movía su mano dentro de las entrañas de Beatriz, sino que Beatriz buscaba acentuar la penetración de la mano en sus entrañas, disfrutando plenamente de la mezcla de placer y dolor que la ordeñaba prometiendo dejarla exhausta. Casi perdió el conocimiento cuando Esther retiro Bruscamente su mano de su interior.

La dejamos tumbada encima de la mesa, prácticamente dentro de los espasmos del placer y esa inconsciencia que produce la relajación después de un intensísimo esfuerzo físico y un gran choque anímico.

Esther estaba fuera de sí, y no podía mandarla en ese estado a casa.

La lleve de nuevo junto a Juani y amarrándole la cabeza entre las piernas de su madre y haciéndole hundir su boca en el coño todavía palpitante de su madre y en esa postura rozando, haciéndole sentir mi cipote en la puerta de sus agujeros, le dije a Esther, ordeña a la zorra de tu madre y la tendrás.

Juani suplico, otro orgasmo no, así no; por favor penétrame, préñame, haz conmigo y de mi lo que quieras, úsame y tírame, pero penétrame como quieras, dame tu leche en mis entrañas, que me preñaras seguro, pero dame un orgasmo con tu polla en mi coño, y hare y seré lo que tú quieras.

Lo que yo quiero es que te mees en la boca de tú hija, y que no te corras mientras yo no te autorice.

Beatriz, se asomo en ese momento a la puerta de la habitación, todavía estremeciéndose de dolor, y sollozando, suplicando perdón por haberse corrido sin permiso, pidiendo que se le castigara por haber desobedecido, un duro castigo por haberse corrido en claro acto de desobediencia.

Juani se estaba meando en la boca de Esther, y estremeciéndose de placer, aunque reteniéndolo, disfrutándolo, pero aguantándolo y evitando correrse.

Hundí mi cipote en el culo de Esther a la vez que le decía, apura todo el icor que tu madre tan amorosamente deposita en tu boca y no dejes escapar ni una gota.

Beatriz, que se había acercado lloriqueante, mientras enculo a la perra de tu hermana quiero que le comas el coño hasta que se corra y en ese momento como castigo por haberse corrido quiero que le muerdas el clítoris hasta hacerla chillar, o hasta hacerla volver a correrse una y otra vez hasta perder el sentido o que yo te ordene dejarlo.

A Esther le dije, no tienes permiso para correrte, y te daré por el culo hasta gastar mi cipote con el mete saca; y la zorra de tu hermana no parara de comerte el coño hasta que no vacíes la tripa de mama y te lo comas todo y además sin que Juani tenga un solo orgasmo, ya que así no quiere tenerlo, y además en el momento en que Juani alcance el orgasmo, se acaba la fiesta; o bien te dé la cena.

Juani, suspiraba, se contorsionaba, se estremecía, se debatía en el umbral del placer, pero no se corría, se resistía a ello, disfrutaba de la situación, lo disfrutaba, ya había asimilado en su subconsciente que quería ser una puta perra sumisa.

Esther penetraba con su lengua el culo de Juani, para a continuación, cubrir el culo de su mama y a continuación procedía a succionar con fruición y deseo.

Hija y madre, aunque no se podían ver las caras; pero la cara de una era reflejo de la cara de la otra, puro deseo, puro vicio; pero también una entrega total, y el esfuerzo por doblegar a la otra y gozar de la satisfacción de complacerme.

Esther, no pudo evitar el orgasmo, perdió el control de su placer, ante el trabajo coordinado de mi cipote en su culo y la boca de Beatriz en su coño.
conteniendo un grito de dolor, o mejor ahogándolo en el culo de su madre, Esther se aplico con redoblado esfuerzo en sus atenciones al culo de Juani, provocándole unos espasmos en el vientre, que a su vez, le daban a Esther el triunfo, al obtener la primera mierda en su boca.

Juani arrastrando las palabras, me dijo, Miguel, ya estoy dando mi mierda en la boca a Esther como es tu deseo; cumple ahora tu otro deseo; méteme tu polla en mi coño y córrete y serás el dueño de mi vientre, y yo seré tu perra, tu puta, te daré el hijo de puta que ansias, y hare de estas dos unas autenticas perras para ti, y serán las perras mas dóciles que nadie pueda imaginar.

Saque mi cipote del culo de Esther y desplazándome se lo metí en la boca a Juani; que lo succiono como yo no podía imaginar, solo acerté a decir al oído de Juani, así es demasiado fácil; pero cuando llegue el momento, reclamare esa sumisión; y a la vez empecé a correrme en su boca, y ella, empezó a succionar y tragar sin parar; mejor dicho, paro para decir, y ahora dame de beber, antes de que acabe de vaciar mis tripas en la boca de Esther, ya que quiero darle de comer también a Beatriz.

Vacié mi vejiga en la boca de Juani, que se atraganto a la hora de tragar, desbordada por el potente chorro que recibía, pero ansiosa por hacerse cargo de sus hijas.

Abandonar mi cipote la boca de Juani, y coger Juani las cabezas de Beatriz y de Esther, obligándolas a morrearse, pero sobretodo a que Beatriz comería los restos de la boca de Esther.

Fue un adelanto de lo mucho que Juani me daría después. Puso a sus dos hijas, no solo a morrearse, sino también a hacerse una tortilla, y ahí, tanto Beatriz como Esther perdieron los papeles y quedaron a merced de su madre; que enseguida puso a Esther a comer coño y culo de Beatriz, mientras ella acariciaba y masturbaba a Esther. maniobrando de manera muy hábil hasta que puso a Beatriz a comer su coño y empezó a mearse en su cara y cuando Beatriz, trato de decir algo, Juani ya había colocado su culo en su boca y le daba de comer y con la complicidad de Esther a Beatriz le era imposible negarse; y no solo no se negó, sino que se aplico, pues el placer la había desbordado, y entre su madre y hermana, le habían arrancado varios orgasmos, a pesar de tener prohibido correrse y antes de cada orgasmo, recordarle su madre y su hermana la prohibición de correrse. Beatriz hábilmente manejada no podía evitar el alcanzar un orgasmo detrás de otro.

Para mi asombro, Juani cambio su objetivo, se desentendió de Beatriz y cogió a Esther y la tumbo en el respaldo del sofá, diciéndole a Beatriz, que todavía estaba medio atontada por el derroche de placer; ahora es tu turno, sujeta los pies de Esther para que no se caiga, pero sobre todo no le dejes cerrar las piernas, manténselas muy abiertas, y procura que no se mueva mucho, Juani se había apoderado del matamoscas, y empezó a golpear con contundencia el coño de Esther diciéndole, tu esta noche tampoco usaras el coño ni el culo zorra. Esther gemía, lloraba y suplicaba, y estaba punto de gritar debido al intenso dolor del fuerte castigo, yo pare a Juani ante el temor de que Esther no se pudiese contener y empezase a gritar y hubiese problemas con los vecinos.

En ese momento Juani me miro a los ojos relamiéndose y me pregunto ¿Te gusta? ¿Lo disfrutas? ¿Quieres gozar más con esto? Estaba fuera de sí y su cara reflejaba el más puro deseo y placer con lo que estaba haciendo.

Le pregunte si se sentía bien y que era lo que buscaba o quería.

Juani sin dudarlo ni un instante, me dijo, ser tu hembra, puta cuando lo decidas, perra cuando quieras, un objeto de placer que podrás utilizar siempre que quieras y del modo y forma que se te antoje. Que podrás abandonar cuando quieras, y siempre dispuesta para proporcionarte placer y cualquier cosa que me pidas tratare de alcanzar para ti o conseguir o hacer lo que sea, pero que nunca me tiraras.

Yo estaba asombrado con el cambio experimentado por Juani, aunque no era el único, Beatriz y Esther creo que estaban más impresionadas que yo.

Juani continuo diciendo, yo estaba aterrorizada con que me sometieras igual que a mis hijas, pero sobre todo que me hicieses sentir placer con el dolor, que me preñases y me hiciese gozar con el deseo de quedar embarazada, lo mismo que me corriese mientras utilizabas mi boca como tu retrete particular; pero hoy, ahora, no sé qué ha pasado, y algo ha cambiado en mí, y todo lo que me daba pánico o asco hasta hoy, me da placer, me excita; y lo que he hecho hoy o he visto hacer me causa un morbo increíble.

Voy a ser no solo tu objeto de usar y obtener placer, voy a ser también tu objeto de dar placer.

Esther lloraba y se acariciaba el coño, rojo y dolorido; Juani dijo, no la dejes descansar, darle placer, ahora vuelvo.

Yo asombrado, le dije a Beatriz, cómele el coño a Esther y trasforma su dolor en placer, la tumbo encima de la mesa y cuando Juani volvió, Esther se debatía con un orgasmo, entre rechazarlo y abandonarlo.

Juani, sin entorpecer el trabajo de Beatriz, aunque, si dándole un ligero respiro a Esther permitiéndole evitar correrse; muy hábilmente sujeto las piernas de Esther a las patas de la mesa, muy abiertas, haciendo coincidir su cintura con el borde de la mesa, pero de manera que a Esther le era imposible, tanto cerrar las piernas, como evitar la exposición de su culo y su coño a los antojos de cualquiera; en ese momento Beatriz que se los comía y le arrancaba un orgasmo, sin que Esther pudiera hacer nada por evitarlo.

Esther se dio de cuenta de algo raro, y abrió la boca con intención de protestar o gritar; pero Juani mas rápida le metió mis calzoncillos y sus bragas en la boca, tras un ligero forcejo que resolvió con un par de pellizcos en los pezones de Esther. A la vez que le pedía a Beatriz que le impidiese levantarse y le sujetaba los brazos también a las patas de la mesa.

Con Esther atada a la mesa, Juani cogió un cinturón, yo y Beatriz completamente sorprendidos y asombrados, observábamos y le dejábamos hacer. Juani acabo de sujetar a Esther atando su cintura también a la mesa con lo que la dejaba completamente inmovilizada.

Juani con Esther así inmovilizada procedió a azotar su coño y su culo, aprovechando al máximo la posición en la que había atado a Esther, para que el golpe daría por igual o a la vez en el culo y la punta se ajustase al coño y golpease con especial dureza los labios y el clítoris.

Esther lloraba, sus ojos suplicaban que se detuviera tan duro y cruel castigo, pero su boca convenientemente amordazada le impedía decir más.

Yo y Beatriz lo empezábamos a disfrutar.

Juani dijo, este zorrón verbenero, tenía pensado engañarte, como ha hecho otras veces, joder con su marido a pesar de tenerlo prohibido y luego fingir que te ha hecho caso y no ha hecho nada con su marido. Pero no te preocupes por ello, ya que después de esto no te va a volver a engañar; y puedes tener la seguridad, de que cuando nos vallamos el viernes a la tarde de vacaciones, porque nada ha cambiado y seguiremos con el plan de las vacaciones, no habrá tenido el más mínimo contacto con su marido.

Juani mientras hablaba había dejado de castigar la vagina y el culo de Esther, para pasar a acariciarlos, haciéndole estremecer de dolor, aunque empezaba otra respuesta por parte del cuerpo de Esther que se estremecía del dolor que le producía la caricia sobre el ano azotado y por tanto dolorido, y no digamos sobre el clítoris y los labios vaginales tumefactos como consecuencia de los cintazos. Pero el cuerpo es el cuerpo y el placer es el placer; y ambos agujeros se iban abriendo dócilmente al impulso de los dedos generadores de placer, que primero uno y después dos, para a continuación fueran tres, los que la penetraban a la vez, unos por delante y otros por atrás. Juani la estaba penetrando a dos manos.

Beatriz y yo seguíamos presos del asombro, pero cada vez mas excitados, esperando lo que ya era más que evidente, y era que ambas manos se hundieran en el interior de Esther, a la vez que un gran espasmo agitaba todo el cuerpo de Esther, que se deshacía en intentos de soltar un gran aullido, y sin tener ni ella misma, muy claro si de dolor o de placer.

Entonces pudimos observar que el cinturón no era lo único que Juani había traído tras su ausencia.

Juani había retirado, la mano que había metido en el culo de Esther, provocando un nuevo orgasmo, esta vez, aunque con un nuevo estremecimiento de su cuerpo, siendo espectacular el baile de su tripa, la cara de Esther reflejaba placer y relajamiento. Pero lo que llamo mi atención fue la taza que Juani sujetaba y cuyo contenido empezaba a verter sobre el coño de Esther y lo introducía dentro del mismo, introduciendo la mano a modo de gigantesco cipote, que entraba con gran facilidad, debido a la viscosidad del liquido que actuaba a modo de lubricante y aprovechando la dilatación existente y lo que se deslizaba fuera e iba goteando hacia el culo, lo introducía hábilmente dentro de este, con los dedos, procurando no dañar mas el castigado agujerito. El placer de Esther era más que notorio y parecía que de un momento a otro iba a perder el conocimiento de puro agotamiento, tanto era el placer que la embargaba y que se podía observar a través de los múltiples orgasmos que estremecían su cuerpo.

Entonces Juani me dijo, mi señor, lo de que me llamase señor me llego al alma, ya vera como no se le vuelve a ocurrir desobedeceros y mucho menos dejarse coger sin una orden expresa tuya para que lo haga, antes se dejara matar.

Juani seguía introduciendo su mano y dedos en el cuerpo de Esther, e introduciendo dentro de ella, hasta agotarlo, el liquido viscoso, y aumentando el placer y los orgasmos. Todo el cuerpo, y en particular el vientre, de Esther volvió a agitarse con inusitada fuerza y violencia; pero el placer iba acompañado de algo extraño, sus ojos suplicaban hasta querer salir se de sus orbitas; las lagrimas fluían de sus ojos como un rio. Su rostro se contraía en una mueca que oscilaba entre la representación del placer supremo al dolor más extremo.

La cara de Juani expresaba una gran satisfacción, se acercó a nosotros y beso dulcemente a Beatriz en la mejilla, deslizando sus labios a lo largo de la misma, hasta encontrar sus labios, abriendo su boca dentro de la boca de su hija, mientras sus manos acariciaban el clítoris y los pezones de Beatriz y la preparaban para una penetración inminente. Yo me senté en una silla, preparando el trono para Beatriz, cuando esta a pesar de sus esfuerzos se estremecía en un brutal orgasmo. Me quede completamente asombrado, cuando al primer orgasmo le siguió un segundo y un tercer orgasmo y Beatriz se dejo caer en el suelo y se frotaba enérgicamente la vagina produciéndose otro par de orgasmos; la sonrisa de satisfacción de Juani era amplia e intensa. Beatriz lloraba tratando de ponerse de pie, y en su incapacidad, se arrastraba hacia el baño.

Juani me dijo, esto no lo sabias tu, Beatriz, no podrá coger ni hoy ni mañana
Y Esther por lo menos en una semana; ya verás que bien te lo vas a pasar con ella el fin de semana; y como se le ocurra hacerlo estos días con su marido, se va a acordar, y no por lo que tú le hagas, ni tan siquiera porque si se deja coger lo pasara muchísimo peor de lo que lo está pasando ahora; si no porque su marido lo pasara mucho peor que ella, y entonces ella le tendrá que explicar muchas, muchísimas cosas y no va a poder.

Dirigiéndose a su hija, le dijo, vamos a invertir el tratamiento del doctor y en vez de garantizarme que no me quedare preñada, vamos a garantizar que me va a preñar y voy a tener un hijo de puta igual que tu; y así seré la perra de Miguel, y vosotras pasareis a ser mis perritas.

Me has entendido Esther; ahora voy a llamar a tu casa y en cuanto se ponga tu marido, quiero que lo pongas cachondo y le digas que estarás en casa enseguida lista para darle una gran noche, que le deseas mucho, pero sobretodo que te arde el coño.

Ni corta ni perezosa, Juani muy febril, y sin dar muestras de por lo que había pasado hacia menos de una hora, cogió el teléfono pasando por encima de Beatriz, que todavía se arrastraba por el suelo; diciéndole: disfruta puta de esos calores por que van a ser los únicos que sientas estos días, ya que la única que va a disfrutar de tu marido seré yo; ya sabes el tratamiento, coger mucho muy intensamente, muchos orgasmos y sobretodo el coño encharcado de leche de un buen macho y embarazo garantizado. Un hijo de puta para Miguel.

Marco un numero en el teléfono, se acercó a Esther y le dijo, introduciendo nuevamente sus dedos en su coño y culo, y produciendo de forma inmediata un nuevo orgasmo en Esther, acompañado de un fuerte estremecimiento doloroso, tu marido, según te portes y actúes; y volvió a introducir sus dedos esta vez en su culo esto se reanudara o se parara. Destapo su boca para que pudiese hablar y Esther lo primero que hizo fue soltar un fuerte gemido de dolor y placer, un nuevo orgasmo. José su marido ya estaba al teléfono y le pregunto qué le sucedía. Esther apenas podía responder sin que se le notase nada de por lo que estaba pasando; pero haciendo un gran esfuerzo respondió, no me pasa nada mas allá de aguantar a mi madre que nos está volviendo locas; y el deseo que tengo de acabar y llegar a casa y que me hagas el amor hasta quedar extenuada. Juani estaba aumentando su penetración, además con los jugos que salían del coño de Esther le untaba los pechos pellizcando justo susto la puntita de los pezones, lo que a Esther le resultaba muy doloroso y extremadamente placentero.

Esther cambio la conversación, diciendo, si ahora si estoy ola, ellos están en la habitación con mama, y yo si estoy rara, muy rara, mi madre con su manía, me tiene loca, pero no sé muy bien porque me pone muy cachonda, siento fuego en el vientre, me arde la vagina y siento que me queman los pechos; y aunque estoy terriblemente cansada, tengo un deseo grandísimo de hacer el amor. En este momento no puedo aguantar y me estoy masturbando pensando en ti, a pesar de resultarme terriblemente desagradable por el riesgo de que me descubran ¿Te lo imaginas? Tal y como anda mi madre que entre y me vea; o que entre mi hermana ¿Que crees que diría? Y sobre todo que entre Miguel, y dada la situación, ¿Que crees que me haría?

Juani, había dejado de penetrarla, con sus dedos y le acariciaba suave y delicadamente los pechos y pezones con la palma de sus manos; le había soltado una mano; que Esther que todavía se resistía, dirigía tímidamente a su entrepierna. Era evidente que se debatía entre el placer y el dolor.

Beatriz que se había puesto de pie contemplaba la escena atónita, pero con una cara que iba abandonando la mueca de dolor para mostrar un profundo deseo.

El placer ya dominaba por completo a Esther, aunque el dolor era intenso y como anunciaba Juani, sería mucho más intenso a medida que el placer fuera creciendo.

José, el marido de Esther, estaba muy excitado, y gozando con el placer de Esther; y le respondió a su última pregunta diciéndole; si entra Miguel y te ve masturbándote, no te dará tiempo a nada, te la meterá en la boca y te la hará comer hasta llenarte toda la boca de leche.

Esther le contesto ¿te gustaría ver cómo me lo hace? José eres un guarro, eres un pervertido, le dijo a su marido, ¿Cómo se te pueden ocurrir esas cosas? Imaginarme comiéndome la polla de Miguel; porque no dices también, dándome por el culo, y fallándome hasta dejarme preñada. Igual te imaginas que el hijo que llevo en las entrañas es de Miguel, eres un cerdo. Pudimos escuchar cómo se corría José.

Ester loca de placer, pero que el dolor encadenaba, siguió hablando, excitándose y excitando a su marido a través de teléfono, con la aprobación y el beneplácito de su madre; diciéndole a su marido, dime que es lo que te pone más en este momento, pensar en la cogida que me vas a dar cuando llegue o en que podías estar cogiendo en este momento a mi hermana. Así que deseas darle por el culo a mi madre y delante de mi padre; y conmigo también mirando. Y yo miraría mientras tú coges a mi madre por el culo y le llenas el coño de leche hasta preñarla; y aprovecharía para comer el coño de Beatriz, para que ella dejara que Miguel me cogiese llenando mi coño de leche hasta que me preñase.

Pudo más el placer que el dolor y Esther se corrió, hasta desvanecerse; aunque no fue la única que se corrió; Juani también se corrió y el marido de Esther también se corrió. Esther concluyo diciéndole a José, enseguida estoy en casa.

Juani, dijo, esta es mi noche, ninguna de las dos tenéis permiso, ni para hacer el amor, ni para gozar y mucho estaréis en condiciones de hacerlo. Miguel además estoy en condiciones de entregarte mi vientre y convertirme, en una puta, por ti y para ti, en tu puta, en un objeto de usar y tirar; que estará pendiente de tu placer en todo momento.

Juani froto con energía el coño de Esther, lo que provocó una inmediata recuperación, a la vez que arrancaba un gemido de dolor de la boca de Esther; Juani deslizo sus dedos por el ano de Esther, penetrándolo muy suavemente; y ella tenía que hacer verdaderos esfuerzos para no chillar; Juani abandono el ano para masajearle enérgicamente los pechos, antes de soltarla, diciéndole, lo que sientes comparado con lo que sentirás si desobedeces y te das placer; siendo contagiosa la agradable sensación que sientes. Vístete y vete y tan pronto como se valla el cornudo de tu marido a trabajar, tu vienes aquí para ser trabajada. Y el calor que sientes, no se te va a aliviar con nada, así que no intentes rebajarlo.

Juani se olvidó de Esther, que se estaba vistiendo, para dirigirse a Beatriz, que trataba de esquivarla y había acudido a mi lado. Yo le dije, quieta Beatriz, ¿que pretende tu madre que tanto miedo te da? Beatriz, llorando, me respondió, lo que tiene en la mano al frotarlo en la vagina o en los pechos, parece que te está poniendo un hierro al rojo vivo.

Esther se acercó a mí y ofreciéndome la boca, me pidió perdón por haberme desobedecido, las lágrimas corrían por sus mejillas y su cara reflejaba dolor, y afirmando, que nunca más volvería a sentir placer, ni dejarse usar por hombre o mujer alguno, sin mi permiso expreso. La bese, sintiendo un profundo placer en su boca. La despedí con una palmada en el trasero, diciéndole ven pronto mañana, pero sobretodo prepara al cornudo, para tu ausencia, que será de más de un mes.

Y aproximando mi boca a su oreja, le susurre, antes de irte ayúdale a tu madre, creo que quiere sujetar a tu hermana para darle el mismo tratamiento que te dio a ti. Note como Esther se tensaba y se estremecía de placer, y la mueca de dolor de su rostro se mudaba por una sonrisa pícara de placer. Se giró y sujeto a su hermana en un abrazo y beso, medio de despedida; pero que en realidad la inmovilizaba, diciéndole, vas a tener toda la noche para sentirlo, mientras mama disfruta de tu marido y sobretodo le hace disfrutar; espero que cuando regrese, estés consciente para contármelo todo.

Entre Esther y Juani, tumbaron y sujetaron a Beatriz, bien inmovilizada, amordazada y expuesta. Juani fue a la cocina de nuevo, en busca de más sustancia de aquella, que les había aplicado antes. Beatriz me suplicaba con sus ojos que la soltase o al menos detuviera aquello.

Yo les dije a las dos, aprovechando la ausencia de su madre, esto va según lo previsto, y si tenemos que incluir alguna Variación que lo mejora, pues muchísimo mejor. Pero el resultado debe de ser el mismo, o mejor. Y lo que está pasando pretende mejorarlo. Lo que ha pasado, me ha dado una idea, que es llevar a vuestra madre a la casa de vacaciones, y dominarla, someterla y emputecerla y lo sucedido abre un nuevo camino. Como ahora se ofrece ella, y da nuevos tratamientos de placer, se me ha ocurrido, que vosotras lo vais a pasar mal durante estos cuatro días, con las barbaridades que os haga; pero a partir de la salida de viaje se las empezaremos a aplicar a ella.
Pensar en mama, sujeta y con el tratamiento este aplicado, ¿Que tal hará el viaje? ¿Y sobre todo como llegara? Y sobre todo lo que estoy pensando para mejorar el viaje. Tanto Beatriz como Esther tenían las caras resplandecientes de felicidad; y les dije, pero no os olvidéis de la representación, esto es una doma; y no podéis dejaros engañar por las apariencias; y sea ella la que nos engañe a nosotros y os acabe dominando a vosotras, que es muy lista. A demás esto no será nunca como ella lo está escenificando; esto es más que preñaros y daros placer.

La llegada de Juani in

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