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TENGO SEXO CON MI MADRE MIENTRAS TODOS DUERMENCategoría: Sexo infieles

Por DAVID | 2014-11-16 14:02:48 | 1 comentarios

HOLA AQUI ESTA UN NUEVO RELATO DE COMO COGI A MI MADRE MIENTRAS MI PADRE DORMIA, Y DEMAS PERSONAS TAMBN.

ERA FIN DE SEMANA Y MI ESPOSA SE FUE A CASA DE SU MADRE CON LOS DOS NIÑOS A PASEAR, ENTONCES YO DECIDI IRME A CASA DE MIS PADRES YA QUE ME INVITARON, BUENO SIN TANTOS TAPUJOS ERA SABADO MI HERMANA SE FUE A DORMIR Y MI HERMNAO SALIO A PARRANDEAR UN RATO, MIENTRAS MI PADRE SE HABIA IDO A DORMIR TEMPRANO.

ESE DIA ME QUEDE UN RATO AFUERA CON MI MADRE DIALOGANDO DE TODO, HASTA QUE DIJE BUENO ME ACOSTARE, OK HIJO DIJO MI MADRE Y ME DIO UN BESO EN LA MEJILLA QUE DESCANSES, PERO NADA NO PUDE CONCILIAR EL SUEÑO, Y PENSANDO DE TODO,PPUES AL RATO COMO ALA 1/2 HORA ME SALI Y ME SENTE YA EN BOXER, Y ME SENTE AJA HIJO QUE SUCDE NNADA NO PUEDO DORMIR, ME SENTARE AVER PELICULAS CONTIGO COMO EN LOS VIEJOS TIEMPOS, OK ESTA BN, YA VENGO HIJO, LISTO.

COMO ALOS 5 MINUTOS LA PUERTA DEL CUARTO SE ABRIO Y CON LA CLARIDAD DEL TELE VISOR PUDE VER ATAR VES DE SU PIJAMA ESE GRAN CUERPO QUE HACE RATO NO TOCABA NI ACARICIABA, Y ME QUEDE MUDO VIENDO ESA FIGURA DE ESE CULO Y ESE ENORME PAR DE TETAS QUE SE REFLEJABA ATRAVES DE LA CLARIDAD DEL TELE, ELL SE DIO CUENTA AJA QUE MIRA, NO NADA MADRE QUE VI TU ESPECTACULAR CUERPO OTRA VEZ Y UFFFF, QUEDE JUMM.

QUEDASTES COMO HA, VAS A DECIR QUE ESTA VIEJA TODAVIA TE HACE SENTIR COSITAS, PUES SI CLARO Y TU QUE CREES QUE LO QUE HEMOS HECHO ANTES SE ME HA DE OLVIDAR JAMAS, SINOQUE COMO NOS HABIAMOS QUEDADO QUIETO Y MIRA AHORA DESPUES DE 6 MESES TE VEO ASI OTRA VEZ Y MIRA COMO ME PUSE Y ME PARE ENSENÑANDOLE MI PENE ERECTO EN EL BOXER, GUAUUU PERO QUE GRANDE ESTA HACE RATO QUE NO TE TOCO ESA BARRA Y LA TOCO Y EMPEZO A CARICIARLA, PERO SOLTO Y DIJO PARA PARA QUE ESTA TU PADRE Y TU HERMANA, NO PODEMOS , ALO CUAL LA AGRRE Y LA BESE Y NOS ENLAZAMOS EN UN GRAN BESO Y LE DIJE TRANQUILA QUE NO VA APASAR NADA QUE NO QUERAMOS Y ME MIRO Y DIJO ASI ES Y ME BESO COMO LOCA Y SI NOS ABRAZAMOS Y LE ALZE EL PIJAMA Y SI HAY ESTABA ESE PAR DE TETAS BAMBOLEANDOME Y LA COGI Y LA LLEVE AL SOFA LA PUSE BOCA ABAJO Y LE QUIETE EL INTERIOR Y EMPEZE A MAMARSELA COMO LOCO Y ESA VAGINA SE DILATABA RAPIDAMENTE Y SE RETORCIA DE PLACER, FUE ENTONCES CUANDO SE PARO Y COGIO MI PENE Y LO LAMIO COMO, LOCA QUERIENDOSELO TRAGAR AHY HIJO HACIA RATO QUE NO HACIA ESTO ME HACIA FALTA YA MENOS MAL Y LLEGASTES O DE NO NO SE QUE HUBIERA HECHO, Y SI LA TIRE AL SOFA BOCA ABAJO LE ALZE SU COLA Y LA CLAVE SIIIIIIII UFFF SUAVEMENTE GRITO ELLA HAYY HIJO SUAVE QUE NOS PUEDEN ESCUCHAR, ENTONCES LE SUBI A LA TELE UN POCOY SEGUI EMBISTIENDOLA Y ELLA SE RETORCIA Y MORDIA EL COJIN DEL SOFA DE LA CLAVADA QUE LE ESTABA PEGANDO UMMMMMMM HAAAAAAA SI SI HIJO ASI Y ME VOLTEE Y ELLAA SE SUBIO ENCIMA MIOY EMPEZO A CABALGARME COMO LOCA UMMMMMM SI SIIIII AHHH SOLTABA UNOS QUE OTROS QUEJIDOS SUAVE AHYYY HIJO ASIIIII Y ME PARE Y LA PARA LA PUSE EN CUATRO PARADA LE ALZE UNA PIERMNA EN UN BRAZO DEL SOFA Y SI PARADOS LA CLAVE CPON TODA MI FUERZA HAHAHAHAHAH SII JUUUUU HAYYYYYY SOLLTO UN QUEJIDO ESTA VEZ MAS DURO, FUE CUANDO SE LADEO Y SE APOYO CON UNA MANO Y QUEDO DE LADO Y ENTONCES LE ALZE LA PIERNA A MI HOMBRO GUAUUU MAMI PARA TU EDAD LO HACES MUY BN TE ESTIRAS, PERO SABES TE BVA A DOLER DALE MIJO DALE NO TE CONFUNDAS CON ESTA VIEJA QUE LA VERME NADA MAS MIRA COMO TE PUSO, JEJEJEJ Y LA CLAVE ESTA VE Z DANDOLEMUY DUROO DUROOO Y JISSSSS HAYYYYYYYY HIJO SIIIIII HAHHAHAHAHAHAHAAAAAA UMMM SOLTO OTRO QUEJIDO PERO NADA NADIE ESCUCHO SUPOCNGO Y SI DALELELELLELE HIJO HAY MADRE ME VENGO HAY MADREEEEEEE SIIIII SI I HIJO DALEEEEEE LLENAME CON TU LECHE, UQIERO SENTIRTE NUEVAMENTE
Y SI LA BOMBARDEEEEE HAHAHAHAHAHHA UFFFFFF HAYYYY HIJO SIIIII QUE RICOOOO GRACIAS Y NOS SOLTAMOS NOS ABRAZAMOS Y NOS BESAMOS FURTEMENTE Y LE DIJE OJO Y NOS ESCUCHARON, TRANQUILO PARA ESO SE HUBIERAN PARADO, ENTONCES HORA SI VOY A DPORMIR MADRE OK GRACIAS, PERO NO CONTENTA CUANDO ENTRE AL CUARTO SE ME FUE ATRAS Y COGIMOS OTRA VEZ, ESTA VEZ GRITO CON MAS FUERZA YA QUE ESTABAMOS ENCERRADOS , Y ASI COGIMOS HASTA QUE VINO MI HERMANO.

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El día que nos hicimos putas (2)Categoría: Orgias

Por Héctor Montes | 2014-10-22 18:14:56 | 0 comentarios

El día que nos hicimos putas (2)

…¿Dónde habíamos quedado…? ¡Ah! Sí. El día en que Eduardo y Alberto nos acompañaron a casa, dejándonos en el barrio y que, mientras Sandra y yo nos encaminábamos al portal, mi hermanita menor planteo el problema del cómo íbamos a justificar ante nuestros padres toda esa ropa que habíamos ganado emputeciéndonos. Había, también, que aclarar con mi hermanita, cómo había logrado adquirir esa enorme desenvoltura y experiencia que había mostrado en nuestra tórrida experiencia con Eduardo y Alberto. Y claro está, el espinudo y delicado tema de nuestra experiencia bisexual y nuestra relación incestuosa.

A mí se me ocurrió que debíamos decirles a nuestros padres, que nos habíamos encontrado los paquetes de ropa en uno de esos asientos que pueblan las galerías del centro comercial. Que nos percatamos que los bultos estaban solos y nadie parecía alrededor fijarse en ellos. Que, tras un ratito de píe, esperando por si alguien aparecía por sus cosas, terminamos sentándonos en aquel sitio, sin ganas de que apareciera la olvidadiza propietaria de los paquetes. Y que por eso nos habíamos retrasado en llegar a casa, porque esperamos mucho rato antes de tomar la decisión de cogerlos y traérnoslos. La historia nos pareció buenísima, ya que, de un solo tiro, justificábamos también el retraso de nuestra llegada.

… Debemos llegar, dije a Sandrita, con actitud muy eufórica y feliz. Como quien encuentra un tesoro. Nada de disimular. A bocajarro, bombo y platillo, con mucho entusiasmo mostrarles nuestro maravilloso regalo del cielo.

Y eso fue exactamente lo que hicimos. Mi padre, muy correcto él, decía que, tal vez, deberíamos llevar la ropa a las distintas tiendas que se indicaban en los logos de las bolsas. Sandra y yo nos pusimos lívidas. Pero menos mal que nuestra madre salió al paso y le dijo que, para la vez que las chicas podían tener unos trapitos tan monos que, por otra parte, de ningún modo iban ellos a poder regalarnos, y ya que no eran robados, en tanto que olvidados y que habíamos estado esperando largo rato por si aparecía la dueña, lo dejara estar.

Imaginad el alivio que experimentamos ambas. Y así se quedó la cosa. El resto del día no dio para más y descansamos toda la tarde, sin conversar sobre los asuntos sucedidos, ni de las aclaraciones necesarias. Pero estaba muy intrigada con mi hermanita y supongo que ella también querría saber cosas de mí. Total, decidimos que, en vez de salir en la noche con nuestros respectivos grupos de amigas, nos iríamos las dos por ahí para poder charlar tranquilamente.

No resistimos la tentación de estrenar la ropita que habíamos traído. Mi hermanita se puso un vestido de media pierna, cintura elástica, de un tejido vaporoso y con forro, estampado floral de tonos rojos, y unos botines de ante, color beige y yo un vestido minifalda, negro, con vuelo de encaje Rodeo Bella, de color marfil, enfundada en un par de botas negras de media pierna, ambos de una famosa marca que no creo prudente mencionar, dada la naturaleza de este relato. Eso sí… Eduardo se había gastado un buen pastón en ellos, sin contar los complementos y el calzado. Verdaderamente debíamos haberle gustado bastante.

Estábamos monísimas. Sentíamos que podíamos comernos el mundo, sobre todo cuando los tíos se quedaban mirándonos por las aceras y las tías nos observaban con admiración y su puntillo de envidia.

Pero bueno. Supongo que todo esto os importará un pimiento. Al grano… Mientras íbamos camino de una cafetería comencé a hablar a mi hermanita…

… No es que me parezca nada mal que tengas experiencia y te guste el sexo, le dije…, Pero imaginarás que esté sorprendida. La verdad es que, con estas cosas, me doy cuenta que hemos hablado poco y eso no me gusta, porque es evidente que ello ha creado una distancia y falta de confianza. Me parece increíble que nunca hayamos hablado de estas cosas.

No sé, Andrea. Simplemente no ha habido oportunidad, repuso Sandra. Y ya ves. En cuanto ha surgido la oportunidad no ha habido ningún reparo ¿no?

Pues sí, la verdad, contesté yo. Pero, bueno, Cuéntame cómo empezaste. Estoy super intrigadísima…

¿Te acuerdas de Sara, mi amiga, verdad…?

¡Cómo no iba a acordarme! Ella y mi hermana eran inseparables. Cuando no estaba una en su casa, es que estaba en la de la otra. Y siempre juntas de aquí para allá. Era una chica de larga y rizada melena pelirroja, de mirada dulce y melancólica. Tenía un buen tipito, como mi hermana. Delgada, de suaves curvas, piernas largas y bien torneadas, cinturita estrecha. Bastante desarrollada también para su edad. Creo que tenía aún más grandes los pechos que mi hermana. Y lo que más me llamaba la atención, era su boquita, de labios carnosos, rosa pálidos, que dibujaban una tierna y dulce sonrisa. Debo decir que muchas veces sentí el deseo de mordérselos… Pero ya llegaremos a estas historias.

Hacía poco más de un año que había llegado al barrio. Según contó un día Sandra, su padre se había arruinado y la madre les había abandonado a ella y a su padre hacía unos tres años, marchándose con otro tío. Así es que Sarita vivía sola con su padre y habían recalado en el barrio, ya que tuvieron que vender el piso en el que vivían y trasladarse a un sitio más modesto, donde los alquileres no fueran muy gravosos.

El hecho es que la pobre Sara, toda una pijita, se encontró en un medio que, por su forma de ser, más bien le resultó hostil. Entre las compañeras de clase, solo Sandra y otra chavalita se acercaron a ella.

Bueno. Cuéntame qué pasa con Sara, le pregunté impaciente a mi hermana.

Una tarde que salíamos del cole, nos abordaron dos tíos de un par de cursos superiores. Tú los conoces. Son Hugo y Mario. Ya nos habíamos dado cuenta desde hacía algún tiempo que no dejaban de mirarnos en los recreos y a la salida de clases. Nos hacían gracia. Ya sabes. Son bastante guapos y además son ¿cómo te diría yo….? Como los líderes de su pandilla.

En efecto. Los conocía. Y debo decir que mi hermanita tenía razón. Eran los típicos chicos cachas, algo matoncillos, guapitos de cara, pero con su puntito de expresión malévola, de chicos malos…

El caso es que nos abordaron e invitaron a unirnos con ellos y su pandilla y pasar un rato divertido en el parque. No pasó nada en realidad. Tonteamos un poco. Lo suficiente como para que, al regreso, acompañándonos, nos cogieran las manos y termináramos morreándonos en el portal de la casa de Sara.

Al fin entramos a su casa divertidas, contentas, riéndonos y bromeando sobre lo sucedido. Aquella tarde el padre de Sarita no había llegado y nada más entrar por la puerta sonó el móvil de Sara. Era su padre, diciéndole que no se preocupase, pero que por asuntos de negocios tendría que llegar tarde y que no le esperase. Nosotras a lo nuestro, seguimos riéndonos y comentando la improvisada cita que habíamos tenido con Hugo y Mario. Fue esa noche que llamé para decir que si me podía quedar en casa de Sara y que al fin mi madre me dio permiso ¿te acuerdas?

No me acordaba mucho. Pero bueno… ¿Y que pasó? Pregunté…

Hablando y hablando de chicos, no sé cómo, al final nos pusimos en internet a ver tíos guapos. Actores, cantantes ¡Qué sé yo! Nos reíamos imaginando situaciones donde podíamos seducirlos. Las teatralizábamos de risa. A veces Sara hacía del tío que íbamos a camelarnos y yo de la vampi sexy que iba a por él. En una de esas, apareció ante nuestra vista una página algo picante. Con tíos desnudos mostrando sus enormes pollas. Aquello apagó un poco nuestras risas, fascinadas por aquellos cuerpos y aquellos miembros descomunales. Nos sentamos muy juntitas, casi pegando nuestras caritas, mirando como hechizadas todo aquel material. Ya interesadas en el tema, pinchamos en uno de los enlaces de la página y aquello que vimos nos dejó boquiabiertas… Orgías, decía. Y nuestra sorpresa fue ver cómo las tías chupaban pollas a la par que se las follaban por todas partes. Pero no acabó allí la cosa. Fue Sara la que reparó en algunas escenas donde las tías se lo montaban entre ellas, chupándose el coño, lamiéndose las tetas, metiéndole una a otra los dedos en el coño, mientras algún tío se la ponía en la boca para que se la mamara simultáneamente.

Sin duda nos sentíamos tremendamente atraídas por todo aquello. Por mi parte empecé a experimentar extrañas sensaciones en mi cuerpo. No sé cómo describírtelas… Una especie de ansiedad. El corazón tal vez me latía algo más rápido. Mi respiración algo más fuerte. Sin ser cosquillas, una sensación de cosquilleo muy en el interior, difusa, ilocalizable. Y lo evidente… sentí humedecerse mi coñito y el deseo de acariciármelo. Alguna vez, a primera hora de la mañana, al despertar, había ya sentido una cierta sensación en mi clítoris que me impelía a presionarlo para liberar la tensión que me producía, sin dejar de reparar el placer que ello me causaba. Pero aquello no duraba más de lo que dura un simple apretón y punto.

No sé cómo sucedió, ni cómo se atrevería, pero en medio de todas esas fotos, de pronto oigo a Sara preguntarme…

Oye… ¿Tú te has masturbado alguna vez? Y sin esperar mi respuesta, agregó… Yo lo he hecho algunas veces y es super rico.

Tal vez por no quedar como una tonta, le dije que sí. En esos momentos Sara había pinchado en Masturbaciones y en esa ventana había varios videos de chicas que se masturbaban. Justo fue a pinchar en uno donde dos tías se estaban masturbando y de vez en cuando se acariciaban mutuamente.

Yo tengo ganas de hacerlo, me dijo… ¿Qué te parece…, Lo hacemos?

Yo, como ya te dije, estaba excitada. Así es que sin más le dije que sí. Entonces nos levantamos y nos quitamos el uniforme, quedándonos en principio solo con las braguitas. Entonces, te acordarás, aún no usaba sujetador y mis tetitas, aunque ya se pronunciaban, eran aún más pequeñas. Pero las de Sara, lo noté, ya eran más grandes que las mías.

Con el ordenador delante, mirando las tórridas escenas, nos recostamos en la cama de Sara y comenzamos a acariciarnos el coño. Primero por encima de las braguitas. Poco a poco y casi simultáneamente, cada una fue abriendo las piernas, hasta dejar totalmente separados los muslos, con lo cual, una de las piernas de Sara se montó sobre la otra mía. Sentí su piel suave y cálida y aquel tacto me dio mucho placer. No tardamos en entremeter nuestras manos por las braguitas y a acariciarnos directamente el coño. Sentí empapados los labios vaginales. Mis espesas secreciones lúbricas, pringándome los dedos de aquel abundante líquido mucilaginoso.

Sara comenzó a acariciarse las tetitas con la otra mano. Oí sus suspiros, casi gemidos de placer. La imité. De pronto cogió mi mano y la acercó a una de sus tetas, mientras me miraba tierna y suplicante…

Acaríciala, musitó. Aún es más rico cuando te lo hacen. Y mientras decía eso, como para probármelo, acercó su mano a mis tetas y empezó a acariciarlas. Sentí la yema de sus dedos suavemente recorrer mis pechos, alcanzar mis pezones, que noté enhiestos y endurecidos. Los presionó con levedad, causándome una sensación extraña y exquisita. Se arrimó un poco más a mí. Nuestros cuerpos se rozaban, nuestras caras se aproximaban con expresión suplicante de ternura. Podía oír su respiración, sentir su fragancia y su aliento, el calor que desprendía su rostro y su cuerpo. Sus humores sexuales. Bajó lentamente su mano, recorriendo mi abdomen con desesperante lentitud. Luego la metió dentro de mis braguitas, la posó sobre la mía, acariciándola. Después entremetió sus dedos entre mis dedos y comenzó a acariciarme el humedecido clítoris. Me estaba volviendo loca de placer. Parecía que mi corazón iba a salirse de mi pecho. Me sacó la mano y la llevó hasta su coño. La metí dentro de sus bragas. Sentí la viscosidad de sus secreciones, tan abundantes como las mías. Tuvo un estertor de placer cuando entremetí mis dedos abriéndole los empapados labios vaginales hasta alcanzar su endurecido y erecto clítoris. Ambas nos masturbábamos mutuamente. Nuestros rostros se acercaron aún más, hasta rozarnos los labios… ¡Dios! ¡Qué placer sentir el roce de aquellos belfos suaves como la seda, tibios y acariciadores! Nos dimos un beso dulce, lleno de terneza que, poco a poco, se fue convirtiendo en un morreo apasionado y desenfrenado que terminó entreverando nuestras lenguas ávidas y desesperadas de placer. Gemíamos y suspirábamos, poseídas por un deseo imparable.

No hizo falta seguir mirando el video, el cual ya hacía rato que había terminado y al cual habíamos dejado de prestar atención. Como si nos hubiera salido del instinto más profundo, nos despojamos finalmente de las bragas. Nos abrazamos entrecruzándonos los muslos, que se refregaban en nuestros mojadísimos coñitos mientras nos seguíamos besando apasionadamente. Nos acariciábamos las espaldas. Deslizamos nuestras manos para alcanzar las firmes, suaves y respingadas nalgas de cada una. Nos entremetimos delicadamente las manos por la rajita del culo, acariciándonos mutuamente el ano. Finalmente Sara incorporó el dorso, inclinando su rostro sobre el mío. Me pareció enormemente bella, con su melena pelirroja desmarañada, cayéndole por encima de su carita. Me miró a los ojos con una mirada encendida y anhelante. Volvió a besarme en los labios, Se deslizó un poco hacia abajo hasta ponerse a la altura de mis piernas. Sus manos se posaron en mis muslos. Suavemente los apartó, abriéndome entera. Acarició dulcemente el interior de mis muslos. Deslizó lentamente sus suaves dedos, recorriéndolos hasta rozar mis ingles. Las acarició. Después entremetió sus dedos índice y corazón entre mis labios vaginales. Acarició la superficie de mi coñito hasta rozarme el clítoris. Fue metiendo sus deditos dentro de mi vagina. El índice y el del corazón. Lentamente, hasta el fondo, mientras la yema de su dedo pulgar alcanzaba mi clítoris. Comenzó a meter y sacar los dedos mientras, simultáneamente, la yema del pulgar acariciaba el clítoris.

Yo comencé a jadear y gemir. Entonces le oí decirme dulcemente… ¡No. No te corras aún! Nos queda algo muy rico que hacer, agregó mientras sacaba su mano para evitarme el prematuro orgasmo. Se bajó de la cama, arrodillándose en el borde, mientras atrapaba mis muslos con sendas manos para mantenerlos abiertos. Acercó su cara a la altura de mi chorreante coño y comenzó a lamerlo con la punta de la lengua, entremetiéndola entre los labios vaginales. Luego la metió más adentro, alcanzando mi vagina. Yo estaba retorciéndome de placer. Ya sentía que iba a venirme de nuevo el orgasmo, pero la muy perra lo presintió también y entonces paró. Volvió a la cama, pero esta vez me dijo que nos haríamos eso mutuamente, de modo que nos invertimos y poniéndonos ambas de costado, cada una con una pierna arqueada hacia arriba, comenzamos a lamernos los coños.

Ya te podrás imaginar el placer que estábamos sintiendo. Yo no hubiera imaginado jamás tanto. Me sentía tan deseosa y ávida, tan urgida y descontrolada que ya me había entregado sin ningún pudor ni decoro. Me sentía arrastrada, vencida por una fuerza perversa que me había obligado a abandonarme y entregarme sumisa a esa pasión incontrolable. Aquella sensación de descontrol me causaba un gozo indescriptible. Sin ninguna atadura que me contuviese, mi lengua entera se paseaba por el babeante coño de Sara. Lamía entre sus labios vaginales. Se los abría totalmente con mis manos metiéndole mi lengua al máximo, saboreando aquellas secreciones viscosas, fragantes de aromas excitantes y de mixturas entre dulzonas, salobres y ferrosas.

No puede más y esta vez fui yo quien tomó la iniciativa. En medio del furor me monté sobre ella. Encajé mi abierto y mojado coñito en su boquita viciosa y a su vez hundí mi cabeza en el suyo. Se lo lamía y chupaba, pero a veces aprisionaba con mis labios sus labios vaginales. Arrebatada por la excitación, deslicé mi boca hasta su clítoris. Atrapé mis dientes en el interior de mis labios, entreabriéndolos para aprisionar en ellos su clítoris. Moví mi cara con rápidos y cortos vaivenes. Aquello enloqueció de placer a Sara que se sacudió como una posesa. Después lo liberé paseando mi lengua por su perineo hasta que la punta alcanzó el ano. Sara y yo comenzamos a tensarnos, arquear nuestros cuerpos, que comenzaron a sufrir espasmos. Gemíamos y jadeábamos enloquecidas y al final, una corriente de placer invadió todo nuestros cuerpos provocándonos un salvaje e intenso orgasmo al unísono.

Nos recolocamos nuevamente una junto a la otra, abrazadas y exhaustas. No dijimos ni una sola palabra durante un buen rato. De pronto Sara saltó como un resorte… ¡Es tardísimo! ¡Dios! ¡Mi padre puede que llegue en cualquier momento! ¡Anda, vistámonos! Me dijo mientras se incorporaba buscándome un pijama. Nos vestimos rápidamente… ¿Tienes hambre? Me preguntó cariñosa. Sí. Tenía un hambre de comerme un caballo. Nos fuimos a la cocina. Nos preparamos unos bocadillos y un vaso de leche. Se veía tan tierna y delicada con su pijama que sentí nuevamente el deseo de besarla y acariciarla, de modo que, mientras ella preparaba los bocadillos, me acerque por su espalda, le así de la cintura, acerqué mis mejillas a las suyas y le dije al oído que había sido muy rico y muy bonito lo que nos había pasado. Ella me sonrió y me dio un besito tierno en los labios. De ahora en adelante seríamos algo más que amigas.

Bueno, hermanita. Así comenzó todo. Antes de follar con ningún tío Sara y yo descubrimos el sexo entre nosotras. Y te aseguro que, por mucho que hayan tíos que se lo monten de maravilla, y no renuncio a ellos, tampoco renunciaré al placer de tener una buena relación con una chica que me guste. Por cierto, agregó Sandra, y tú eres una de esas chicas que me gustan…, ya lo habrás notado, apostilló riéndose.

¡Ufff! Sandrita. Las cosas que suceden a nuestro alrededor sin que ni siquiera las sospechemos ¡Vaya historia! De solo oírla me has dejado el coño empapado. Ha sido extraño. Hasta hoy jamás me hubiera imaginado ni remotamente liarme contigo. Claro que eres guapísima, pero, la verdad, ni siquiera me lo había planteado. Te he visto siempre como mi hermana y punto. Todo lo que nos ha sucedido hoy ha surgido sobre la marcha. Creo que ha sido el calentón que me produjo la situación… No sé. La tentación de la ropa, mezclada con el morbo de un tío guapo que nos provoca y nos propone emputecernos… La idea de caer como una furcia. El pecado de la carne, añadido a la transgresión de hacerlo en presencia de la hermana. No sé. Todo se juntó creando una atmósfera propicia en la que me dejé arrastrar sin saber cómo. Y una vez en el lío no hizo más que aumentar mi excitación. Sobre todo al verte a ti igualmente implicada. Esa transgresión, donde humillación, liberación y placer se mezclan, siempre me ha cautivado y fascinado. Pero jamás pensé hasta qué límite podría llegar… ¿Tú habías imaginado alguna vez liarte conmigo…?

Yo no, contestó Sandra…Pero Sarita sí. Muchas veces me ha comentado lo buena que estás. Que si qué piernas tienes. Que qué cinturita cimbreante. Que qué ojazos azules y qué mirada más sensual. Entre un día y otro, al cabo del tiempo, un día me contó que había tenido un sueño erótico donde se acostaba contigo. No sé en qué momento comencé a mirarte de otra manera. A fijarme en tu cuerpo, tu carita, tus movimientos y yo terminé también por fantasear con situaciones en las que, finalmente, nos enrollábamos. Pero, la verdad, es que no sabía ni cómo abordarte en ese sentido. Así es que lo dejaba como una tonta fantasía. Y mira tú. Aquí las dos, en una situación super interesante.

Sandra hizo una breve pausa y luego me preguntó sin ambages… ¿Nunca habías tenido sexo con una chica…? Porque yo también te noté bastante desenvuelta y no creo que haya sido solo la excitación del momento.

Lésbica, lo que se dice lésbica pura…No. He tenido experiencias parecidas a la que hemos tenido hoy, le contesté. En eso me llevas ya un punto de ventaja. Le sonreí.

¡Vaya! Por lo que dices, han sido varias. Al menos cuéntame cómo fue la primera.

Tampoco hace mucho de ella. Fue el verano pasado. Cuando me fui con Verónica unos días a su casa de la playa ¿Te acuerdas…? Bueno. Conocimos a tres tíos super guapos en la playa. Gianfranco, Luigi y Pietro. Como no, italianos. La verdad es que eran guapísimos los tres. Así es que, en realidad, no nos importaba en absoluto cuál de ellos hubiera querido enrollarse con nosotras. De verdad que, cuando se acercaron para abordarnos, ni imaginábamos que terminaríamos los cinco en una orgía alucinante.

Se notaba que tenían pasta, porque habían alquilado un chalet con piscina en el mismo paseo marítimo. Pasó lo de siempre. Que si de dónde sois, que qué guapas estáis. Que venimos de Italia y queremos conocer gente. Que a qué nos dedicábamos. A qué se dedicaban ellos. Y en fin, todas esa chorradas. Luego jugamos con las paletas, entre risas e intentos de toqueteo por parte de los tíos, que no evitábamos del todo. Bañito en el mar. Más jugueteo en el agua y así la mañana, hasta que al medio día tocó ir de cañitas y tapas, terminando por ser invitadas a comer.

Después de esa espléndida comida, bien regada por un Pichler, el vino blanco más exquisito que he probado, los tíos nos invitaron a su chalet para pasar allí la tarde, tranquilos, gozando del jardín y la piscina. Y ahí comenzó todo.

En un momento dado decidimos tomar el sol y, sin siquiera imaginar lo que terminaría desatándose, Verónica y yo, mirándonos cómplices, decidimos, más bien juguetonas y divertidas, provocar a los chicos quitándonos el sujetador de nuestros bikinis. Como sabes el top lets es ya algo totalmente común en las playas y ya nadie se escandaliza con ello. De hecho, cuando nos encontramos con los tíos, nosotras estábamos tumbadas al sol sin nuestros sujetadores. Y así permanecimos hasta que nos fuimos de la playa. Lo único especial esta vez, es que estábamos en su casa, a solas con ellos y ya se sabe cómo son los machos. Podían, como así sucedió, pensar que, más que un hábito ya sin trascendencia, era una invitación. Lo era y no lo era. Ya te dije que es lo más habitual, aunque no tanto ante unos chicos desconocidos y a solas en un recinto privado. Ahí estaba el punto del morbo.

Bueno. Como quiera que fuese la cosa, en un momento dado Verónica se metió en la piscina, mientras yo seguía tomando el sol boca abajo. Al poquito rato, sentí a dos de los tíos tumbarse a mi lado, uno a cada lado mío. Eran Gianfranco y Luigi. Abrí los ojos somnolientos, ya que el sol de la siesta me estaba adormilando. Gianfranco me sonrió cordialmente y yo le devolví la sonrisa, cerrando nuevamente mis párpados. Me preguntó si íbamos a quedarnos mucho tiempo en la playa. Agregando que sería fantástico, porque ellos pensaban pasarse el mes allí. Al entender que quería conversación, me pareció educado incorporarme un poco y mirarle, de modo que sin cambiar de posición, alcé mi torso apoyándome en mis brazos. No sé cuántas tonterías más hablamos, pero, al rato de estar en esa posición, comencé a sentir una leve molestia en los hombros, seguramente algo entumecido por la posición, de modo que me giré y me senté para darme un pequeño masaje. Al verme, Gianfranco me preguntó si me molestaba el hombro, cosa que era evidente, por lo que, no esperando respuesta me dijo si acaso quería que me hiciese un masaje. Que era todo un experto.

Fantástico, le respondí. Entonces se puso en cuclillas detrás de mí y comenzó a dármelo.
Lo tienes un poco tenso. Échate boca abajo. Te haré un buen masaje, que te dejará como nueva, me espetó cariñoso y cordial. Se arrodilló a un costado mío y comenzó a masajearme. Era delicioso. Un verdadero placer sentir sus suaves y a la vez fuertes manos recorriendo mis hombros y mi espalda provocándome un alivio y una relajación increíbles.

Voy a distenderte toda la zona de las vértebras, me dijo. Y sin más se montó sobre mis muslos y comenzó a masajear vértebra por vértebra. Aquello era la gloria bendita. Un placer y un alivio indecibles. Al poco rato se colocó de rodillas delante de mi cabeza, inclinando su torso casi por encima de ella y extendiendo sus brazos para alcanzar con sus manos mi espalda desnuda. Comenzó a hacerme un masaje que, esta vez, parecían más bien caricias. No dije nada porque, la verdad, me estaba resultando super agradable. Él paseaba sus manos desde mi nuca, deslizándolas suavemente por mis omóplatos, mis lumbares, para seguir delicadamente hacia abajo, hasta casi rozar la pretina de la braguita de mi bikini.

De pronto me percaté de que algo no cuadraba. Si él me estaba masajeando, o mejor dicho, acariciando la espalda… Entonces ¿Por qué sentía sus manos en mis pies…? Aquello me gustaba muchísimo, pero no por ello dejé de percatarme. Pronto comprendí que era Luigi, porque momentos antes había visto que Pietro de había metido también en la piscina.

Tampoco dije nada. Era todo tan agradable y halagador, que me dejé llevar silente e indolente.

Luigi pasó de los pies a masajearme las piernas, desde los tobillos hasta la rodilla. Poco a poco, primero tímidamente, después, al ver que yo no reaccionaba en contra, más decidido, comenzó a acariciarme los muslos. Animados por mi aquiescencia, Gianfranco, de rodillas, se arrastró un poco más, de modo que mi cabecita quedó encajada prácticamente en su entrepierna. Podía sentir como me rozaba la cabeza el bulto de su ya endurecida verga, mientras sus manos ya se entremetían por debajo de la pretina de la braguita del bikini, acariciándome con la yema de sus dedos la parte superior de mis firmes nalgas. Y Luigi fue deslizando sus manos, bordeando el interior de mis muslos.

A esa altura sabía que, o bien les paraba, o ya no podía haber marcha atrás. Pero yo también me encontraba excitada, y un impulso irrefrenable me llevó a abrir mis muslos como señal de permiso para continuar con el juego. Luigi lo comprendió de inmediato y no tardó en deslizar sus manos decididas por el interior de mis acanelados, bien torneados y firmes muslos. Poco a poco fue llevándolas hasta rozar mi coñito a través de la fina y humedecida tela del bikini, que ya apenas lo cubría.

Al percatarse que sus roces no hallaban obstáculo, comenzó a acariciarme el coñito, ya sin disimulo, en tanto que Gianfranco introducía sin tapujos las manos por dentro del bikini, acariciándome las nalgas, abarcándolas plenamente con sus grandes manos.

Pero, en eso, recordé a Verónica… ¿Qué podría estar pensando? Era claro que la idea había sido que nos ligaríamos, cada una, uno de los tíos…Pero ¿dos a la vez? ¿Cómo estaría reaccionado al verme magreándome impúdicamente por esos dos tíos? Así es que, a pesar de toda la calentura y el placer que estaba experimentando, con voz suplicante, dije a los chicos… ¡Parad, por favor. Ahí está mi amiga y me da un poco de vergüenza que me vea así!

Gianfranco y Luigi empezaron a reírse. Y me respondieron… Tranquila nenita. Tu amiguita se lo está pasando de maravilla. Mírala…

En efecto, Verónica, sentada en el borde de la piscina, estaba morreándose ardorosamente con Pietro. Pero no solo era eso. Abierta totalmente de piernas, y una de ellas levantada y flexionada, apoyando el pie sobre el bordillo de la piscina, ofrecía su coñito anhelante a las ávidas manos de Pietro, que las tenía metidas por dentro del minúsculo bikini, refregándole los dedos, seguramente entremetiéndoselos entre los pliegues de los labios vaginales, o acariciándole el clítoris. En esos momentos en que la miraba, inclinó su torso hacia abajo, acercando su rostro a la altura de la polla de Pietro. Alcancé a ver aún el enorme bulto de su enorme verga aprisionada dentro de su bañador, asomando el hinchado glande por encima. Apenas un instante, porque las manos de Verónica se aprestaron, afanosas, a extraer el enorme miembro. Enorme…Descomunalmente enorme y grueso, semejante a aquellos bálanos de los que presumen tan orgullosos los hombres de color. Ella miró unos instantes aquella verga, tan extasiada y admirada como lo estaba haciendo yo. Después le chupeteó el glande, para luego recorrer con su lengua todo lo largo de aquella polla, desde los huevos hasta la punta del capullo y, finalmente metérsela en la boca. Engullirla hasta todo lo que podía caberle dentro de ella.

Ver a mi amiga Verónica como una puta viciosa y arrastrada, chupándole aquella enorme polla a aquel tío, me enloqueció de excitación. Más aún cuando, habiéndome sentado para mirar la escena, Gianfranco se había puesto de rodillas tras mi espalda, deslizando sus brazos por mis costados, alcanzando con sus manos mis tetas y mis pezones endurecidos y empitonados. Los acariciaba suavemente, con un levísimo y cosquilloso roce con la yema de sus dedos y con la palma suavísima de sus manos, erizándome la piel, mientras su rostro se apegaba al mío, recorriendo sus labios por mi cuello, mis mejillas, chupando y mordisqueándome los lóbulos y musitándome palabras obscenas, tales como… ¿Lo ves …? No hay problema. Reconoce que te estás poniendo cachonda y estás deseando que te follemos…Quieres sentirte una zorrita, como tu amiguita, y te daremos el gusto…

Y Luigi tampoco se había detenido. Yo estaba sentada sobre el césped, apoyada en Gianfranco, con las piernas flexionadas y abiertas. Luigi se había acostado metiendo su cabeza entre mis piernas, cogiéndome de los muslos, besándome el interior de los mismos. Luego deslizó una de sus manos entremetiendo los dedos por la telita de mi bikini, empapándose los dedos con las secreciones lúbricas que emanaban de entre mis chorreantes labios vaginales, hurgando entre ellos, palpando con sus dedos la entrada de mi vagina, acariciándome el clítoris.

¿Cómo Verónica, que aparentaba ser una chica bastante modosita, podía haberse entregado así? No sé por qué me hacía esa pregunta, cuando yo misma estaba, no solo en ese trance, sino que aún más, me lo estaba montando con dos tíos. Pero, con todo, me lo preguntaba. Tal vez si no la hubiera visto en ese trance yo me habría cortado un poco y no les hubiera dejado avanzar, por muchas ganas que tuviese. Pero aquello me liberó de pudores y vergüenzas y me entregué salvajemente a lo que vendría. Cuando más tarde Verónica y yo hablamos sobre el asunto, paradójicamente a ella le había pasado lo mismo que a mí. Pietro empezó a tontear con ella en el agua. Se dieron alguno que otro morreo. Él la arrinconó en un costado de la piscina, la besó metiéndole la lengua hasta el fondo de la garganta, mientras sus manos la toqueteaban por todas partes. Fue cuando ella intentó pararlo, con el mismo pretexto que yo les había dado a los chicos. Le daba vergüenza estar así delante de mí. Y entonces Pietro le hizo ver cómo Luigi y Gianfranco me estaban masajeando. Aunque mis chicos aún no habían entrado en la fase más ardiente del masaje, a la distancia en que Verónica y Pietro observaban la escena, parecía que ya estábamos liándonos los tres. Eso alivió a mi amiga que, entonces, también se dejó llevar por la excitación que encendía toda aquella atmósfera.

El hecho es que, rota la barrera del pudor, me relajé para dejarme hacer todo lo que aquel par de tíos quisieran hacer conmigo. No les fue difícil percibir ese momento. Luigi se puso de rodillas entre mis piernas abiertas. Llevó sus manos al costado de mis caderas. Cogió los lazos de mi bikini. Tiró de ellos, deslazándolos. La prenda cayó sobre el césped. Me agarro fuertemente de los muslos. Me atrajo hacia él, quedándome recostada sobre el césped, ya que Gianfranco se había incorporado, despojándose de su bañador. Luigi se acostó boca abajo, siempre cogiéndome de los muslos para mantenerlos totalmente abiertos. Acercó su cara hasta mi coño. Lo miró con lascivia. Sacó su lengua. Recorrió, palpando con la punta de la misma todo el pliegue de mis labios vaginales. Fue entreabriéndolos, absorbiendo mis abundantes secreciones lúbricas. Llevó una de sus manos hasta mi coño. Abrió con ella mis labios vaginales mientras pasaba toda su lengua por la entrada de mi vagina. La metió dentro con serpenteantes movimientos.

Mientras Luigi me hacía ese placentero cunnilingus, Gianfranco se había puesto junto a mí y de costado, acariciándome las tetas y dándome unos besos de lengua que me volvían loca. Comenzó acariciándome dulcemente las mejillas mientras me miraba a los ojos con ternura y con intenso deseo. Acercó entonces sus labios a los míos. Nos los rozamos suavemente, con terneza. Atrapó con levedad mi labio inferior entre los suyos. Volvió a posarlos en los míos con más fuerza. Humedeció mis labios con su lengua, entreabriéndomelos y nuestras lenguas se encontraron ávidas, enredándose, buscándose con una fuerza cada vez más apasionada. Sentía en mis tetas sus manos, abarcándolas con suavidad, dándome pellizquitos breves y tiernos en mis erectos y endurecidos pezones. Comencé a gemir de placer. Me sentía caliente, desenfrenadamente excitada. Empecé a contonearme sin control, buscando refregar frenéticamente mi coño en la ansiosa boca de Luigi. Sujeté fuertemente con mis manos el cuello de Gianfranco, atrapándolo en un beso interminable, donde mi lengua se entreveraba desesperada a la suya. Él comprendió que me sentía desatada. Entonces se soltó suavemente de mis manos. Se puso sobre mi torso, de rodillas, con las piernas en mis costados. Cogió mi cabeza elevándola un palmo y puso su enorme bálano sobre mis labios. Sentí la suave tibieza de aquel enorme miembro, duro y potente. Su aroma y sabor excitante, ligeramente acídulo y dulce. Entreabrí los labios y lamí con la punta de la lengua el prepucio, tenso como la cuerda de un arco por la erección. Abrí aún más mi boca y comencé a extenderme en enormes lengüetazos por el tronco de aquella polla enhiesta hasta volver al prepucio, esta vez para abarcarlo entero. Gianfranco se irguió un poco, acercando sus huevos hasta mis labios, posándolos sobre ellos. Los lamí y succioné suavemente. Luego él retrocedió un palmo, presionando ligeramente la punta de su polla en mi boca. La abrí de inmediato y él fue metiéndomela dentro lentamente hasta alcanzar el fondo de mi garganta. Mi lengua la envolvía frenética en el interior de mi boca y él comenzó un vaivén hacia adentro y hacia afuera, metiéndola y entresacándola, sin salir su glande del todo.

Luigi combinaba su experta lengua con sus no menos expertas manos, una vez lamiéndome y metiéndome la lengua en mi empapado coñito, otras veces acariciándome con la yema de sus dedos entre los labios vaginales, o bien magreándome dulcemente el clítoris. Yo gemía de placer entre suaves contoneos. Al final, se arrodilló entre mis muslos, que cogió con sendas manos, elevándome el culito hasta la altura de su colosal verga. Sentí su endurecido e hinchado glande rozarle entre los labios vaginales, refregándose entre ellos, hasta embocarse y penetrarme muy despacio. Era tan placentero sentirla dentro, que fui contrayendo las paredes vaginales para sentirla de lleno. Me perforó hasta el fondo. Sus huevos golpeaban sobre mi coño, y comenzó a meterla y sacarla, primero con lentos y suaves movimientos, que poco a poco fueron acelerándose rítmicamente, hasta convertirse en movimientos frenéticos.

La idea de ser penetrada, acariciada y manoseada por dos tíos a la vez, emputeciéndome, arrastrada, viciosa y sin control, por mis instintos más inconfesables; aquella profanación de mi decencia, unida a esa prácticas lascivas, de zorra dominada por la lujuria, estaban a punto de llevarme al orgasmo. Pero Luigi y Gianfranco deseaban hundirme aún más en sus obscenidades. De pronto se levantaron…

¡Venga putita! Toca cambio de postura. Ponte a cuatro patas. Obedecí sumisa, urgida por el deseo de que esos dos tíos me profanaran toda. Gianfranco se arrodillo frente a mi culito y, sin contemplaciones, de un solo golpe me penetró hasta el fondo del coño, follándome sin piedad, mientras Luigi se colocaba delante de mí, agarrándome fuertemente del pelo, ordenándome que le chupara la polla.

Fue entonces cuando noté la cercana presencia de Verónica y Pietro. Ambos, de pie, contemplaban la escena. Ella se había empezado a acariciar el coño mientras Pietro le metía la polla por detrás, refregándosela por el perineo y el coño. Me excitaba sentirme mirada, como una puta exhibiéndose en un espectáculo porno, perdida, sin pudor.

Al rato, Luigi me sacó su polla de la boca. Se incorporó dirigiendo sus pasos hacia mi amiga. Le cogió las manos llevándola ante mí.
…Mira la perra de tu amiguita, le dijo ¡Cómo se entrega la muy zorra! Ahora vas a acompañarla tú, putita.

Y sin más, la recostó boca arriba, abriéndole los muslos, ordenándole que los encajase de modo que, mi cabeza, quedase a la altura de su coñito.

¡Empieza a lamérselo, furcia viciosa, me ordenó con imperio, mientras él y Pietro se arrodillaban a ambos costados nuestros, acariciándose la polla. Entonces Luigi me cogió del pelo llevándome la boca hasta su miembro, indicándome que se lo mamase. Después fue Pietro quien me agarró del pelo llevándome hasta su verga, metiéndomela hasta el fondo de la garganta. Al rato, volvió a asirme del cabello para llevar mi sucia boquita hasta el coñito de Verónica. Así estuve un buen rato de polla en polla y de éstas al coño de mi amiga.

No tardaron en poner a Verónica a cuatro patas y a mí debajo de ella, con mi cabeza encajada entre sus muslos, para que siguiera lamiéndole el coño. Entonces Pietro se montó sobre mí, de rodillas, a la altura de mis tetas y comenzó a follársela, ordenándome lamerle los huevos y la polla en cada embestida, a la vez que el coño de Verónica. Luigi, de rodillas delante de ella, la cogió del pelo mientras le ordenaba que le mamase la polla. Por su parte, Gianfranco seguía profanándome el coñito.

De pronto todos empezamos a respirar muy fuerte, a gemir y jadear. Pietro tuvo un fuerte estertor, corriéndose en la boca misma del coño de Verónica, escurriéndose y deslizándose su espesa, caliente y abundante lefa entre sus labios vaginales y chorreando en gruesos hilos sobre mi lengua ávida. Lamí, absorbí y chupetee todo ese semen esparcido por el coño pringoso de Verónica y por la verga empapada de Pietro.

Casi al mismo tiempo Luigi se corrió entre bramidos y convulsiones en la boca de mi amiguita, rebosándosela de tal forma de lefa, que le salió por la comisura de los labios, recorriéndole las mejillas e impregnándole toda su carita de niña inocente y vencida.

Tampoco tardó Gianfranco en correrse dentro de mi coñito, pringándome los labios vaginales, las ingles y el interior de mis muslos.

Mientras mi boca limpiaba el coñito de Verónica, ella comenzó a gemir y a arquearse pero, cuando parecía estar a punto de gozar de un orgasmo que parecía iba a ser increíble, los tíos me ordenan que pare y a ella que se invierta para lamerme el coño… ¡Era impresionante…! Nos estábamos haciendo un sesentainueve, embadurnándonos nuestras bocas de esa excitante mixtura que eran nuestras secreciones lúbricas y el semen de aquellos machos. Nuestras lenguas, frenéticas, ávidas, lamían sin cesar. Nos chupeteábamos mutuamente nuestros coños, los labios vaginales. Nos lamíamos nuestros clítoris anhelantes, urgidas por el deseo y el frenesí de un tremendo orgasmo que no tardó en venir entre estertores convulsos y gemidos desgarradores, mientras oíamos a aquellos tíos proferirnos todo tipo de obscenidades… ¡Así, putas pervertidas. Daos gusto como viciosas degeneradas! ¡Eso, furcias, follaos esos coñitos con esas lenguas sucias! ¡Emputeceos para nosotros, guarras….!

Al final, exhaustas, vencidas y con cierta extraña y paradójica sensación de placentera humillación, quedamos tendidas una al lado de la otra en la misma posición invertida con que habíamos practicado ese impresionante sesentainueve. Pero aún no contentos con aquella escena tórrida, los tíos me ordenaron invertirme de modo que quedaran nuestros rostros frente a frente. Y entonces nos ordenaron besarnos en la boca. Aquellos belfos aromados de pollas, lefa y secreciones lúbricas, de la fragancia de nuestros coños, fueron embriagándonos nuevamente de sensualidad… ¿¡Qué voy a contarte…!? El resto de la jornada y los días siguientes fue una bacanal sin fin donde, por otra parte, tanto Verónica como yo perdimos la virginidad de nuestros culitos. Pero eso ya te lo contaré más tarde, u otro día.

Sandra y yo no habíamos excitado una barbaridad contándonos nuestras iniciaciones como guarritas viciosas, pero sabíamos que había más y, sobre todo, que aquello no era más que el principio de una serie de aventuras ardientes a futuro. Pero, de todo esto, ya os iré contando en próximas entregas.

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El día que nos hicimos putas.Categoría: Orgias

Por Héctor Montes | 2014-10-15 05:07:19 | 0 comentarios

El día que nos hicimos putas.

Mi hermana menor, Sandra, tenía los 14 años recién cumplidos. Aunque en muchos aspectos parecía seguir siendo muy niña para algunas cosas, a simple vista podía ya apreciarse como una adolescente de cuerpo bastante bien formado. Guapa, de ojos almendrados verde esmeraldino, mirada dulce, de facciones finas. Larga y ondulada melena negro azabache. Era delgada, de bonitas caderas, cintura estrecha, bien torneados y largos muslos, vientre firme y recogido. Sí. Tenía ya un bonito cuerpo y sus tetitas, aunque aún no habían alcanzado su máximo desarrollo, eran ya dos manzanitas erectas, rematadas con unos durísimos y empitonados pezoncillos rosáceos.

Así era mi hermanita cuando sucedieron los acontecimientos que paso a relataros. En cuanto a mí, ya frisaba los 18 años y tampoco estaba nada mal. Nos parecíamos físicamente, salvo que mi pelo es de color castaño y mis ojos azules.

Tanto a ella como a mí nos gustaba, y nos sigue gustando muchísimo la ropa, pero nuestros padres tenían más bien una economía modesta y no nos podíamos permitir el lujo de comprarnos todo aquello que deseábamos. Así y todo, nos encantaba ir los sábados por la mañana a los centros comerciales y a las tiendas de ropa, para mirar escaparates y probarnos todo aquello que anhelábamos.

Uno de esos sábados, entramos a cierta boutique de moda, paraíso de las mejores marcas. Mientras mirábamos y nos probábamos cuántas prendas caían en nuestras manos, nos sorprendió un chico que tendría alrededor de veintitantos años.

…Te queda preciosa esa blusa, le dijo a mi hermana. Y a ti esa faldita te está de maravilla, agregó clavándome una intensa y penetrante mirada.

Ambas le sonreímos y nos miramos divertidas entre sí.

No pasó más. Él se fue por ahí, mirando algunas prendas. De vez en cuando percibí que nos echaba un vistazo. Al fin, algo cansadas de tanto probarnos lo que sabíamos que no íbamos a poder comprar, decidimos marcharnos y nos dirigimos a una de las cafeterías del centro comercial para tomarnos un par de coca colas. Nuestra sorpresa fue verle aparecer y acercándose a nosotras, sin mayores miramientos, va y nos dice…

… Hola. Otra vez nos encontramos… ¿Me permitís que os invite a esas cocas?

Sandrita y yo nos miramos entre intrigadas y divertidas y como yo era la mayor, ella esperaba a que fuese quien tomase la iniciativa. Con una sonrisa algo nerviosa solo acerté a hacer un gesto afirmativo con la cabeza. Entonces él se sentó a mi lado.

…No he podido menos que observaros, dijo… Aparte que sois muy bonitas, me he fijado que os habéis probado media tienda, pero no habéis comprado nada… ¿Es posible que nada os haya gustado?

…¡Oh, sí! Contestó impetuosa Sandra. Lo que pasa es que no tenemos dinero.

Eso podría tener arreglo, contestó él con aire desenfadado. Aunque nada es gratis, evidentemente… ¿Qué tanto os gusta la ropa? Preguntó retador.

… ¿A dónde quieres llegar? Le pregunté desafiante.

Bueno…, el mundo es un gran mercado. Oferta y demanda. El precio se ajusta cuando a las dos partes les vale la pena lo que intercambian. Yo podría ayudaros y vosotras podrías darme a cambio algo que le puede gustar a cualquier hombre. Sois muy bonitas… ¿Comprendéis?

De sobra ya lo había entendido, pero temía que Sandra no tuviera ni idea de lo que estaba insinuando ese hombre. Iba a contestarle, cuando mi hermanita me tomó la delantera…

Los chicos quieren muchas cosas, le dijo. Besos, caricias…o algo más. Supongo que tú querrás ese “algo más”. Pero eso vale mucho más que un par de trapitos para las dos…
Elegid la ropa que más os guste. En la cantidad que penséis que vale lo que yo deseo y ahí hablamos.

Sandra y yo nos miramos como interrogándonos acerca de si continuar con esa locura o reírnos y mandarlo a paseo. Pero en aquellas miradas percibimos que teníamos un punto de duda y algo de tentación con aquella proposición indecente.

Por si cabía alguna duda, le pregunté directamente a mi hermana… ¿Tú qué dices…, has comprendido bien, supongo?

Si tú estás de acurdo, por mí no hay ningún problema, me contestó sin tapujos.

No os canso con más detalles. Ni bien terminamos de tomarnos las bebidas, volvimos los tres a la boutique. Nos probamos de todo y seleccionamos lo que más nos había gustado. Después le preguntamos a él que qué le parecía. No puso objeciones. De modo que salimos de ahí con todo cuanto habíamos deseado.

Eduardo, que así es como se llamaba, nos invitó a ir hacia su coche. Mientras caminábamos nos dijo… Ahora que tenéis todo lo que os ha parecido suficiente, falta completar la transacción. Pero, como sois dos, es justo o bien que me resarza con ambas, o invite a un amigo para que cada una cumpla con su parte… ¿Qué me decís?

Otra vez mi hermanita menor volvió a sorprenderme tomando la iniciativa…

¡Hombre…! Depende de cómo sea el tío que pretendas presentarnos. Contigo no estaría mal, porque eres bastante guapo (cosa que, por cierto, era absolutamente cierto. Seguramente ni se nos habría pasado por la mente hacer lo que estábamos haciendo si el tío hubiera sido un cardo).

Entonces Eduardo sacó su móvil y nos mostró una foto de Alberto… ¿Qué queréis que os diga? Si él era atractivo, su amigo estaba de comérselo vivo.

Acordamos hacérnoslo con los dos, de modo que Eduardo lo llamó y quedaron en encontrarnos todos en la casa de Eduardo. Ya en el coche me senté en el asiento del copiloto mientras Sandra se acomodaba atrás. Eduardo no paraba de mirarme los muslos, que lucía gracias a una cortita minifalda que llevaba puesta. Como quien no quiere la cosa, mientras hablábamos en realidad para llenar de ruido una situación que, de otro modo, hubiera podido parecer embarazosa, no perdía la ocasión de rozármelos con sus manos, hasta que definitivamente comenzó a acariciarlos entremetiendo sus manos por mi entrepierna, hasta el punto en que llegó a rozarme con sus dedos la braguita a la altura misma de mi coñito. Curiosamente, en vez de ponerme nerviosa y avergonzada, sobre todo por la presencia de mi hermana menor, aquello me fue excitando hasta humedecer mi vagina. Anhelante, en un momento dado abrí mis piernas replegándose aún más la minifalda, de modo que quedó mi braga prácticamente al descubierto.

…¡Así. Así me gusta, putita! Exclamó Eduardo excitadísimo y lujurioso, a la vez que entremetía su mano por debajo de mi braga, hurgando con la yema de sus dedos entre mis labios vaginales empapados de secreciones lúbricas.

En un momento dado voltee mi rostro hacia atrás con cierto atisbo de pudor, para mirar a Sandra y saber cómo estaba ella reaccionando. Se había desabrochado el botón de la pretina de sus ajustados y bien ceñidos vaqueros y tenía una de sus manos metida dentro de sus bragas, acariciándose el coño. Aquello me tranquilizó para poder dejarme hacer cuanto Eduardo quisiera hacerme en esos momentos.

Mi atención hacia Sandra debió hacer que Eduardo también se fijara en ella, que la observó desde el retrovisor.

… ¡Eso es, putoncilla. Acaríciate a gusto. Que te veamos! Dijo apremiado por la ansiedad. Pero bájate los vaqueros para que podamos verte mejor, zorrita.

Sandra, obediente, con rostro sumiso, deslizó sus vaqueros dejando al descubierto sus bellos y suaves muslos, hasta dejarlos un palmo por debajo de las rodillas. Los entreabrió para que pudiésemos ver su entrepierna. Sus bragas estaban entremetidas entre los pliegues de sus húmedos labios vaginales. Entonces Eduardo volvió a hurgarme el coño metiendo en mi vagina dos dedos, que luego sacó empapados de mis secreciones. Imperioso ordenó a Sandra acercarse al hueco que dejaban los asientos delanteros y sin mediar palabra, le puso los dedos sobre los labios, restregándoselos hasta obligarle a abrir la boca y chupárselos.

¡Chupa zorrita las humedades de la putita de tu hermana!

Aquello parecía excitar indeciblemente a Sandra, que chupaba y lamía los pringados dedos de Eduardo, mezclando mis secreciones con su espesa saliva, sin dejar de masturbarse. Yo estaba tan salida como ella, o más, porque en esos momentos sentí el deseo irrefrenable de chuparle la verga. Llevé mis manos a su bragueta, desabrochándole el botón de sus vaqueros y bajándole el cierre. Metí la mano buscándole la polla, que ya le abultaba endurecida, liberándola del box. Su falo era enorme, largo y grueso, duro como un palo, enhiesto, recio, tibio y suave al mismo tiempo. Lo agarré firme con una de mis manos, presionándoselo levemente. Su suave glande manaba líquido preseminal. Me agaché ávida de deseo. Posé mis labios levemente sobre el capullo. Saqué la punta de mi lengua lamiendo las secreciones que brotaban del meato. Después abrí la boca y me introduje aquella polla descomunal lentamente, envolviéndola con mi lengua. Comencé a meterla y sacarla de mi boca con suave ritmo. Creo que le hubiera hecho correrse de no ser porque ya llegábamos a su casa y me indicó que parara y nos compusiéramos de nuevo para bajar del coche.

Su casa era un bello piso en el barrio más pijo de la ciudad. Alberto ya estaba en el portal cuando llegamos. No os voy a cansar con los prolegómenos. Tras una breve charla de cosas intrascendentes y un par de bebidas Eduardo nos espetó…

Bueno chicas… Llegó la hora. Alberto y yo deseamos ver un buen striptaise. Empezad por ir desabrochándoos esas blusitas.

No nos hicimos de rogar. Ambas, una al lado de la otra y de pie, frente a ellos, que se habían sentado juntos en un amplio sofá contemplándonos con expresión de lujuria, nos fuimos desabrochando las ceñidas blusas, hasta que, con el último botón, se entreabrieron, dejando al descubierto nuestro vientre firme y recogido, nuestros bien formados ombliguitos y parte de nuestros sujetadores. Íbamos a despojarnos de las blusas cuando la voz de Alberto resonó imperiosa…

…¡No. No…! Antes quiero que os quitéis los sujetadores. Me encanta ver las tetitas semiocultas en las camisas desabrochadas. Eso me pone a mil…

Sandra y yo obedecimos sin rechistar metiendo nuestras manos por detrás y por debajo de nuestras respectivas blusas abiertas, buscando el cierre que desabrochamos al unísono. Como los sujetadores no eran de tirantes, al soltarlos cayeron de inmediato.

Me sorprendió nuevamente mi pequeña hermanita, porque, acto seguido, Sandra recogió uno de los faldones de su blusa, lo suficiente como para que el repliegue descubriera aún más uno de sus pechos, hasta descubrir parcialmente el sonrosado pezón. Acompañó el gesto con una sonrisa que jamás le había visto, llena de lascivia y provocación. Instintivamente llevé mi mirada hacia las braguetas de los chicos y pude observar el enorme bulto de sus vergas erectas, aún más pronunciado al tener las piernas juntas y extendidas en todo su largo.

Acariciaos un poco esas tetitas, ordenó Eduardo, mientras se incorporaba para poner una apropiada música, al son de la cual debíamos ir desnudándonos para extasiar sus ojos.

No os canso en detalles. Alberto nos pidió que cada una fuera desnudando a la otra, de modo que así pasé a desabrocharle a Sandra el botón de la pretina de sus vaqueros y ella a desabrocharme el de mi faldita. Luego nos ayudamos a correr las cremalleras. Lo mío fue más rápido, ya que una vez abierto todo, la falda cayó sin dificultad, dejando al descubierto mis minúsculas braguitas de encaje negro, que semicubrían mis firmes y redondeadas nalgas, y totalmente a la vista mis esbeltas y bien torneadas piernas.

Sin decir palabra, y mientras mi hermana y yo cruzábamos nuestras miradas cómplices, le fui deslizando los vaqueros hasta las rodillas. Luego la ladee de modo que quedase frente a los tíos. Así, me fui agachando frente a Sandrita, de cuclillas, abriendo mis muslos. Alberto y Eduardo debieron agitarse demasiado con la escena, porque al unísono exclamaron ¡Guau! Mientras yo terminaba de despojar de sus vaqueros a mi hermana que, al recoger y levantar las piernas para desenfundárselas, dejaba ver su entrepierna abierta, marcándose la rajita de su coño en la fina tela de sus bragas, a la vez que los tíos podían ver mis semidesnudas nalgas, también abiertas por mi posición.

No esperé más y le quité también las braguitas, descubriendo su tierno coñito, poblado por una matita de fino y rizado pelo púbico recortado, haciendo la forma de un minúsculo y perfecto triángulo. La verdad es que me sorprendió que mi hermanita ya se preocupara de semejantes afeites. Estaba siendo toda una revelación que tendría que explicarme después.

Tampoco se quedó quieta ella, ya que mientras le despojaba de sus bragas, se fue quitando la blusa, ofreciendo a los chicos la visión excitante de sus núbiles, turgentes y empitonados senos, que acarició suavemente hasta alcanzar sus endurecidos y erguidos pezones, dándoles pequeños pellizcos.

Luego me tocó el turno. Al incorporarme, Sandrá me volteó para dejarme frente a Eduardo y Alberto, los cuales, por cierto, ya se habían desabrochado los botones de sus braguetas mientras metían sus manos entre sus boxers, acariciándose las enormes pollas. Ella se puso detrás de mí y fue bajándome las bragas lentamente, descubriendo mi coñito. Luego las deslizó hasta los tobillos. Imaginad la cara morbosa de los chicos cuando, al alzar ligeramente mis piernas, despojándome de las bragas, ofrecía la visión total de mi depilado coño, y de los pliegues de los labios vaginales, que ya aparecían empapados de secreciones lúbricas por la enorme excitación que me provocaba la circunstancia. Luego, Sandra, me fue quitando la blusa lentamente, exhibiendo mis firmes y acaneladas tetitas.

Ya estábamos totalmente desnudas ante estos dos tíos que se veían ardiendo en deseos de follarnos.

¡A ver zorritas. Venid aquí! Ordenó Alberto, que parecía ser el que tenía la voz cantante. Vamos a ver cómo la chupáis.

Mientras nos acercábamos, ellos se bajaron vaqueros y boxers justo por debajo de sus nalgas, indicándonos que nos arrodillásemos entre sus piernas. A mí me tocó la polla de Eduardo y a mi hermana obviamente la del otro. Ambas eran enormes y gruesas. Agarré la verga de Eduardo con mis manos y comencé a lamer su glande y a ensalivárselo, para después ir metiéndomela en la boca, envolviéndola con mi lengua hasta tocar el fondo de mi garganta. Eduardo con sendas manos me agarró del pelo a la vez que comenzaba a moverse rítmicamente hacia adelante y hacia atrás, metiéndose y sacándose la polla de mi boca, a la vez que me decía cosas obscenas… ¡Venga putita, chúpala así. Gánate los trapitos con que te he comprado, zorrita!

De vez en cuando miraba de reojo a mi hermanita. Me parecía increíble que a sus 14 años se hubiera mostrado tan decidida y, sobre todo, tan experta. Y sí ¡Qué experta! Observé cómo recorría con la punta de la lengua la larga polla de Alberto, desde los huevos hasta la punta del capullo, para luego engullirla, metiéndosela y sacándosela de la boca, mezclando su saliva con las secreciones preseminales de aquel descomunal bálano, en tanto que Alberto, imperioso y sobreexcitado le espetaba… ¡Eso es guarrita! ¡Mámala toda putilla viciosa! ¡Venga, perra, chúpamela bien!

¡Venga, perra…, quiero ver cómo te masturbas! Le dijo de pronto Alberto a mi hermana… ¡Siéntate en el suelo, abre las piernas y hazte una paja para que yo te vea, ramera!

Sandra obedeció con carita sumisa y sentándose en el suelo, frente a él, apoyada en los pies de una butaca, abrió sus preciosas piernas y comenzó a acariciarse el coñito con la yema de sus dedos, mientras que con la otra mano se acariciaba los pezones. Excitaba verla con su carita de adolescente inocente y tierna, con el rostro enmarañado por su suelta melena.

Ahora nos follaremos a la furcia de tu hermana, prosiguió Alberto, mientras se sacaba los pantalones y la camiseta, quedándose totalmente desnudo. Volvió a sentarse y me cogió del pelo fuertemente, atrayendo mi cara hasta su enhiesto pene… ¡Venga, buscona, chúpamela! Me dijo con imperio. Mientras se la mamaba, Eduardo procedió a desvestirse por completo y volvió a sentarse. Entonces me ordenó que me sentara sobre su falo. Lo acomodó entre los pliegues de mis labios vaginales. Lo refregó entreabriéndomelos y luego me obligó a sentarme del todo sobre él, de modo que fue penetrándolo por mi vagina hasta sentir cómo sus huevos rozaban mis labios vaginales. Entonces Alberto se separó un poco, reclinándose sobre los brazos del sofá, a la vez que volvía a cogerme del pelo atrayendo mi cara hasta su verga… ¡Chupa puta! Y volví a meterla en mi boca, a saborearla, mientras él, sin dejar de agarrarme del pelo, me obligaba a metérmela hasta el fondo de la garganta.
¡No te corras furcia viciosa! Le espetó Alberto a mi hermanita… ¡Mira cómo nos follamos a tu hermana! ¡Di…! ¿Te excita, puta? ¡¡Contesta zorra!!

Sandra, con voz trémula asintió…

¡¡Más alto, pelandusca!! Le ordenó Alberto…

Con la voz entrecortada por la excitación, Sandra hizo un esfuerzo… Sí, dijo.

¿Sí..., qué, puta?

Sí, me excita mucho, contestó ella, mientras sus dedos se introducían ya empapados de secreciones dentro de su coñito.

¡¡Bien!! Respondió Alberto… Porque aquí no va a haber límites, agregó. Sus manos seguían agarrándome del pelo. Me levantó el rostro y entonces, mirándome fijamente, me ordenó…

Ahora te vas a sentar sobre la polla de mi amigo, pero de espaldas, para que tu hermanita vea de frente cómo te la clava en el coño, bien abierto.

Obedecí sin miramiento. Mis pies sobre el bode del sofá, mis piernas abiertas totalmente, me clavé la polla de Eduardo hasta el fondo del coño, mientras él me sobaba las tetas y me daba tiernos y suaves pellizcos en los erectos pezones.

Entonces Alberto ordena a Sandra ponerse a cuatro patas entre las también abiertas piernas de Eduardo, con su carita a la altura de su polla y mi coño perforado. Él se puso de rodillas detrás de mi hermana. Le dio un par de azotes en las suaves nalgas. Luego le metió la mano en la entrepierna, comenzando a acariciarle el coño. Subió lentamente con sus dedos por la rajita del culo. Le ordenó que arquera las caderas, de modo que el culito de mi hermanita quedara más levantado y su ano ofrecido a los ojos libidinosos de Alberto. Él escupió sobre el ano de Sandra. Luego pasó el pulgar sobre su orificio, esparciendo la saliva. Se agachó y comenzó a lamerle el ano, a pasarle la punta de la lengua. Le abrió con sendas manos la raja del culo. Le volvió a pasar la lengua y le introdujo la punta en el ano. Sandra empezó a emitir leves gemidos de placer, que fueron acrecentándose y mezclándose con jadeos cada vez mas intensos. Al fin, Alberto volvió a arrodillarse, acercando su polla hasta el coño de mi hermana. Se lo restregó entre los labios vaginales y luego, cogiéndola de las caderas con firmeza, le fue metiendo la verga hasta el fondo y comenzó a follársela cada vez con más ritmo y aceleración.

Entonces ocurrió algo que hubiera sido para mí inimaginable… Alberto le ordenó a Sandra lamer la polla de Eduardo mientras éste me la metía y sacaba. Me ordenó recostarme sobre el pecho de Eduardo, para que mi coño quedara más al alcance de la boca de mi hermana y así le ordenó que me lengüeteara mi perforado coñito.

Pensé, por breves instantes, que mi hermanita no obedecería semejante orden, pero cuál fue mi sorpresa cuando sentí su húmeda y ávida lengua entremeterse entre mis mojados labios vaginales, lamiendo y chupando tanto mi coño como aquella verga que me estaba follando. No me lo podía creer, pero estaba sucediendo…Y lo que es más… Aquello dobló mi ya desbordada excitación. Nos habíamos emputecido hacía apenas un par de horas y no sólo nos habíamos iniciado en el más viejo oficio del mundo, sino que, también, en un solo acto, hacíamos algo más que un trío, ya que éramos cuatro…, manteníamos una relación bisexual, que sin duda nos abriría posteriormente las puertas a las experiencia lésbicas y ya, lo más de lo más, teníamos una experiencia incestuosa. Sin duda teníamos que estar demasiado excitadas como para haber llegado a romper tantos líneas rojas.

Así estuvimos un buen rato. Sentí cómo Eduardo jadeaba cada vez más fuerte…¡Si sigo así voy a correrme! Dijo apremiado. Alberto le respondió diciéndole que lo hiciera, para que mi hermanita probara su leche lamiéndola de su polla y de mi coño, mientras él se reservaba un acto final lleno de morbo.

¡Haz que la furcia de tu hermana tenga un buen orgasmo… Lámele el clítoris! Le ordenó Alberto a Sandra, que comenzó a hurgar por mi coñito buscándome el clítoris y lamiéndomelo ansiosa. Entonces sentí un gruñido que luego estalló en un bramido intenso que salía del fondo de la garganta de Eduardo, a la vez que sentí un chorro enorme de lefa espesa y caliente inundándome la vagina, a la par que yo misma jadeaba y gemía como una posesa entre estertores orgásmicos. Aquella cantidad de semen se deslizó al exterior, rebosante en espesos hilos entre mis abiertos labios vaginales. Sandra comenzó a lamerlos y absorberlos con fruición.

¡¡Lame puta viciosa!! ¡¡Deja limpio el coño de esa furcia!! Ordenó Alberto a Sandra. Y mientras esto hacía, él sacó de pronto la polla del coño de mi hermana, lanzando un torrente de espesa y ardiente lefa sobre el ano de Sandra, que fue deslizándose por la rajita del culo, pringándole el coño y aún deslizándose por el interior de sus muslos.

¡¡Ven zorra!! Me ordenó Alberto… vas a lamerle el coño a tu hermanita hasta que se corra…

A esa altura yo había perdido todo reparo y pudor y sin más me puse a cuatro patas, mientras Sandra se acostaba sobre el suelo abriéndome las piernas y ofreciéndome su pringado coño para que se lo lamiera. Pasé mi lengua por sus mojadas ingles. Pasé la punta de la lengua a lo largo de sus entreabiertos labios vaginales, embadurnados de semen, limpiándoselos. Deslicé mi lengua por su perineo, absorbiendo la cremosa lefa que lo impregnaba. Lamí su ano y por fin, abriéndole con los dedos su coñito, busqué su clítoris y comencé a lamérselo hasta que Sandra comenzó a gemir, jadear, arquear su cuerpecito y estallar estertórea en un increíble orgasmo. Luego sentí la mano de Alberto cogiéndome del pelo y casi arrastrarme sobre el cuerpo de mi hermana hasta llevarme al rostro de Sandra…

¡¡Ahora besaros, con lengua, putas viciosas!! Nos espetó Alberto. No nos hicimos de rogar, rozamos nuestros húmedos y pringados labios, para después entreabrir nuestras bocas, sucias de semen, y trabar nuestras lenguas en un húmedo y ardiente beso.

Os habéis portado muy bien putitas. Sin duda os habéis ganado los trapitos, concluyó Alberto. Era ya el medio día avanzado y nos dimos cuenta que debíamos volver a casa, así es que rechazamos la invitación de los tíos para irnos a comer juntos. El camino era largo y ya deberíamos justificar a nuestros padres la tardanza. Los chicos se ofrecieron entonces a llevarnos. Nos vestimos rápidamente y nos pusimos en camino. Cuando llegamos, nos intercambiamos móviles y quedamos en que volveríamos a vernos. Cuando se fueron encaminamos nuestros pasos hacia nuestro portal. Entonces Sandra me preguntó a bocajarro… Oye Andrea ¿Y qué vamos a decirles a papá y a mamá con respecto a la ropa que nos hemos ganado?

Sí. Era verdad… ¿Cómo íbamos a justificar toda esa ropa ante nuestros padres…? Pero de eso, como de la conversación que mantuve con mi hermanita pequeña para que me explicara la enorme desenvoltura y experiencia que había mostrado en la jornada, ya os contaré en la próxima entrega, en la cual, ya os explicaré, también, de cómo ambas descubrimos nuestras inclinaciones bisexuales porque, era evidente, que lo que había ocurrido entre nosotras tenía, en efecto, sus antecedentes.

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Mi primera vez... karla sanchezCategoría: Sexo primera vez

Por karla sanchez | 2014-10-05 00:53:32 | 1 comentarios

hola soy karla sanchez y soy una prostituta de la ciudad de mexico esta historia es cuando tuve mi primera vez con mi padrastro:

Tenia 15 años, ese día yo regresaba de la preparatoria a mi casa, mi mama había salido con sus amigas y puso en una nota que iba a regresar hasta la noche

Yo como desde la secundaria me ponía faldas ajustadas y hasta media pantorrilla para buscar quien me mirara, ya que mis amigas y algunos amigos me decian que me veia muy guapa asi vestida y algunas de ellas ya habian tenido sexo con sus novios yo les seguia la corriente.

Mi padrastro se había quedado en casa solo, ese dia tenia ganas de tener sexo con alguien, desde que mi mama habia traido a mi padrastro, me gusto como se veia es un tipo musculoso, alto y con buen porte, hace ejercicio todas las mañanas.

Ese dia yo me puse una minifalda pegada a mi cuerpo que una de mis amigas me habia dado el me vio y me dijo hola hija desde cuando estabas en secundaria hasta este momento te encuentro cada día mas buena, como quisiera tenerte entre mis brasos y enseñarte lo que es el ammor, entonces se fue acercando a mi yo me lo quede mirando y no dije nada, así que el siguió, ya lo tenia enfrente mirandome fijamente a mis ojos y me agarra con sus manos la cintura mi respiración se puso entrecortada y me jala hacia el, despues me da un beso en mi boca y yo le correspondo con un beso apasionado y abrazandolo de los hombros; entonces una de sus manos baja hasta una de mis nalgas. mientras me toca con sus dedos mi nalguita su otra mano la va metiendo dentro de la mini tocando mi nalga desnuda (ya que traia tanga) eso lo calento mas y metio la mano que estaba tocando la minifalda a mi otra nalga cuando empezó a agarrarlas mas fuerte jalandome hacia el mientras nos seguiamos besando y me fue llevando al cuarto que utilizaban mi mama y el.

En el cuarto me siguió besando y como no ponía mucha resistencia me fue quitando la minifalda y todo lo demas que llevaba puesto hasta dejarme completamente desnuda entonces me dijo quiero que te acuestes sobre la cama hija yo le obedecí entonces el se empezó a quitar la ropa hasta quedar desnudo y me dijo como me excitas hija, te ves bien buena, pero siempre tu madre se encuentra en casa y no puedo hacerte nada, por cierto no has tenido sexo con nadie verdad y yo le dije que no que todavía era virgen entonces me dijo voy a quitarte esa virginidad.

Hija puedo y le respondí que si entonces se puso en la cama y me dijo te va a doler al principio entonces fue metiéndome su verga en mi vagina y como dijo me estaba doliendo que me la metiera pero sentía bien rico conforme iba avanzando, sentía mas dolor en mi vagina hasta que empece a gritar que me dolía entonces el no dijo nada y me la metió hasta el fondo rompiendo mi himen y haciéndome sentir muy bien ya que el dolor empezo a disminuir y dio paso al placer entonces el me dijo te esta gustando verdad a lo que respondi que si entonces me fue cambiando de posicion hasta que despues de unas horas mas tarde eyaculo por todo mi cuerpo me dijo que me bañara para que mi mama no sospechara.
A partir de ese momento me convertí en su amante.
si quieren mas manden correo a louisethezero123@gmail.com tambien manden relatos para que nos excitemos

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Andrea 2Categoría: Sexo en familia

Por Delfin | 2014-09-25 06:09:44 | 0 comentarios

Estabamos en días de transición entre el otoño e invierno y los cambios de climás bruscos afectaron a Andrea ,y por ello tuvo que guardar unos días de cama ,estados de fiebre la llevaron a ser medicada y a prolongar su estadía. Pero con los cuidados de su madre y mi compania la paso lo mejor que pudo. La enfermedad de Andrea nos unió mucho mas a Irma y a mi, por que los dos nos desvivíamos por que a Andrea no le falte nada. Pasaron los días y el juego nos iba involucrando a ambos.

Por las noche no era extraño que me quedara a dormir en la sala de estar de esa manera pasaba mas tiempo con Andrea. Por ese entonces Andrea había tomado un nuevo vicio que se vino acoplar con los que ya teníamos.

Quizás la proximidad de su madre y el peligro de lo prohibido la exitanban a mas no poder. Para despedirme antes de irme a dormir poniendo un dedo cruzado en sus labios en voz baja me decía:

-Me voy a despedir de ella.

Yo me paraba a la cabecera de su cama, me baja el cierre y sacándomela se la ofrecía a su boquita abierta, para que con la lengua como a ella le gusta jugara alrededor de la cabeza de mi pija.

- Esta atento por si mi mama viene. Ella no se si le va a gustar que su hijita le saque la lechita a su novio estando enfermita.( decía con picardía).

Yo no daba mas, - Te voy a acabar...

- Tíramela todo en la cara mi amor, ella cerrando los ojos y abriendo la boca se disponía a esperar el chorro de leche sobre ella , tome mi pija con la mano y comenze a moverla frenéticamente, cuando siento que la puerta se había entreabierto logrando dejarme ver una silueta, pero lo que tenia entre manos ya estaba muy avanzado como para dejarlo, así que continúe ya poniéndome de costado para que nuestra espectadora tuviera una mejor visión y sin mas lance toda mi leche sobre la cara de mi novia y algunos guascazos cayeron en su pelo y sobre la almohada, mientras se podía notar que bajo las sabanas ella con una mano en su entrepierna se movía como una serpiente.

Irma golpeo la puerta que estaba entreabierta y entro, apenas tuve tiempo de guardarla y disimulando me senté sobre la cama.

Andrea había tomado un pañuelo y pasándoselo por la cara simulo sonarse la nariz.

- Es muy tarde chicos, que les parece si la continúan mañana y ahora nos vamos a dormir eh!.

- Si mama ya nos despedíamos.

-Nos encontró en plena despedida.

-Te sentís bien Andréa.

- Si mama.

-Te saco una manta estas acalorada

-Bueno.

Arropandola quedo contra la pared, Irma siempre mirardome.

Al quedar de espalda Andrea, se notaron los restos de leche en su pelo y mucho mas en la almohada.

-Qué duermas bien. Que Claudio sabe lo yo quiero ahora.....

Pasando un dedo por la leche y como extrañada lo miro y me miro.

-Qué vayan a descansar. Chau mi amor.

Cerramos la puerta de la habitación.

-Bueno hasta mañana Claudio, como me levanto temprano me voy a dormir chau.

Con un beso nos despedimos

La mañana siguiente desperté por los ruidos de Irma que se preparaba para ir a trabajar. la vi cruzar el pasillo semivestida. Llevaba un conjunto blanco hermoso de seda, eran de esas bombachas grandes donde la tela sigue todas las formas de una mujer y la hace mas acariciable que si estuviese desnuda. Yo también daría mi show cuando me despertase antes de irse, corrí las sabanas dejando parte de mi slip a la vista, sobre todo la parte interesante y con la pija bien parada, tanto que a penas sobresalía la cabecilla por un costado.

El momento llego, para el cual yo fingí dormir, con las sabanas enroscadas debido a un sueno ( Erótico por supuesto), la sentí llegar y detenerse sentándose a mi lado, sentía su mirada en mi slip ,estuvo un momento ahí después se levanto sin despertarme, cuando regreso yo trataba de entre abrir un ojo para ver su comportamiento. volvió a sentarse me miraba el slip y mi cabeza asomando por el costado.

-Claudio?

Yo no conteste para demostrale que estaba profundamente dormido.

- Claudio?

Miro hacia el pasillo, y después no lo pude creer lo que vi, todavía pienso que fue un sueno. Ella llevaba una pollera con tablas bastante ancha y blanca.

-Claudio? Llamo nuevamente como para asegurarse, después mojo dos dedos en su boca llenándolos de saliva, los cuales los paso, con miedo por mi cabeza, y la rozo dejando saliva en la puntilla, como lubricándola. para ese entonces, ya sobresalía mucho mas que antes, repitió ese movimiento llevándose los dedos a la boca una vez mas, después con la mano izquierda levanto su falda por sobre las rodillas y después corrió su bombachita y metió su otra mano debajo de ella,( yo la veía por instantes, pero pude ver su cara afiebrada) al sacarla la olió y me la volvió a pasar por mi cabeza nuevamente, con dos dedos bajo el prepucio lentamente, y sin soltarlo volvió a subirlo, mientas hacia esto, su otra mano estaba debajo de su falda y seguramente corriendo su bombacha. La acción de bajar y subir el prepucio se me hizo insoportable, creo que ella se dio cuenta que faltaba muy poco para ver salir la leche que ella había logrado poder sacarme, porque puso su otra mano en el momento justo para recibir los tres lechazos en su mano. Inmediatamente se levanto y salió de la sala.

Yo estaba tan caliente que me pajee nuevamente ni bien se fue acabando otra vez.

Claudio... despertate que ya me voy.( Me grito de la cocina).

Tiempo que aproveche como sugería su llamada para que me encuentre visible.

- Hola buen día.

- Muy buen día.

- Eso espero. No te olvides que los espero en el centro a la salida de la oficina para ir al cine esta noche, no me fallen. Chau!

Continuara...

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Andrea IIICategoría: Sexo en familia

Por Delfin | 2014-09-22 01:40:32 | 0 comentarios

Llegamos con tiempo al centro, lo que nos dio tiempo de pasear un poco hasta que se aproximara la hora de ir a buscar a la madre de mi querida novia.

Ya en la puerta, nos estaba esperando. Tenia puesta la misma pollera blanca tableada, caminamos unas cuadras, hasta la zona de los cines, con el sol de la tarde cayendo entre los edificios, sus rayos tenues se filtraban transparentando su falda pudiéndose ver sus piernas contorneadas y el comienzo de sus bragas blancas.

En el cine nada importante, al salir comentamos la película, mientras comíamos algo liviano. El único contratiempo fue que al llegar a la estación de tren

ya habían cancelado dos trenes anteriores por una huelga de señaleros y la central estaba repleta de gente y en los andenes no cabria un alfiler.

Logramos ascender y estuvimos demorados media hora mas, antes de salir se corto la luz dentro del vagón y quedamos en penumbras, con tanto movimientos y empujones, quedamos cerca de una puerta que comunica con el vagón continuo. Mi novia quedo abrazada por su mama como protegiéndola y yo que tras de ella, no habia pasado ni la primera estación que me vi obligado a colocar una mano en su cintura.

- Sos vos Claudio?

-Sí como están.

- Bien.

-Y Andrea.

-Acá... estoy bien, apretada y con sueño. Con el amparo de la oscuridad fui, poco a poco apoyándome en la hermosa colita de la madre de Andrea me fui animando cada vez mas, a la vez que sentía que ella hacia recibo de ello sin decir una palabra. Después de la segunda estación que paramos en la cual subió mas gente, la situación me daba excusas ante cualquier protesta, pero como no las hubo y yo estando bien exitado, al estar tan unidos que su pollera ya se hundía metiéndose entre sus nalgas. Queriéndolas sentir mas y dada su pasividad me arriesgue a comprobar si era realmente aceptación. Me baje el cierre cubierto por la gente y la oscuridad reinante y comencé a frotármela entre sus nalgas, pronunciando los vaivenes del tren, ella contrariamente a lo imaginado aproximo mas su cola dejándose deliberadamente apoyar y librándose a disfrutar con mucho disimulo, cruzando algunas palabras con su hija.

Me di cuenta de su calentura por que apoyo su mano sobre la mía que la tenia en su cintura.

- Estas bien Claudio?

- Si Irma no se preocupe cuídeme a la nena.

- Como fuera mi hija.

Mientras intercambiábamos palabras nuestros cuerpos pujaban por estar mas cerca. Al pasar la cuarta estación, no pude mas y le fui levantando su falda hasta que parte de su ruedo quedo a la altura de mi estomago y mi pija quedo sobre su bombacha y entre sus nalgas. Por los movimientos del tren pude pasarle mi pija por sus cachetes, quedando en ese entonces, piel con piel lo cual aumentaba su desenfreno, dejándosela pasar calladita sin una palabra, como si fuera una colegiala que es manoseada por primera vez por entre las piernas.

En la quinta estación, me la tome con mi mano y se la pase por el lado interior de sus piernas, ella sintiendo esa carne caliente, entreabrió las piernas un poco, permitiéndome llegar a su pubis y hacer presión por sobre su bombachita blanca, eso sucedió varias veces, el tiempo para mi era interminablemente delicioso.

Pude sentir lo mojada que estaba la zona por sus flujos, al faltar una estación para bajarnos, volví a colocársela entre las nalgas y la fricción de ambos cuerpo llego a ese camino natural, que culmino con mi descarga copiosa, abundante de semen, entre su bombacha y pollera. No pude desaprovechar la ocasión, una oportunidad como estas no se da todos los días, así que me di el lujo de limpiar y expandir mi leche con mi pija por sus nalgas y piernas y termine de limpiármela con el ruedo de su pollera antes de guardarla, sabiendo desde ya, que al llegar a su casa y sacársela llevaría a su boca los restos de leche de su falda y se haría una paja de lujo, después de esa experiencia de le hizo vivir el novio de su hija, que ni su marido en las buenas épocas, logro despojarla de toda prudencia y llevarla a tal grado de indecencia.

Al bajar del tren, nos adentramos al frío para el cual no estabamos preparados, teníamos que caminar tan solo seis cuadras pero parecieron veinte. El viento nos obligo a abrazarnos a los tres quedando yo por suerte en el medio de ambas mujeres, lo cual nos causo risas y así entre temblores y chistes se fueron pasando las cuadras, antes de llegar a casa pensaba en la leche derramaba, todavía liquida entre su pollera y su bombachita blanca. Con este pensamiento ya la tenia parada nuevamente. Al doblar la ultima esquina e internándonos en la calle mas oscura e inevitable por ser la cuadra de la casa de Irma, y hablando del frío y de lo bien que nos caería un café, fui dejando su cintura bajando mi mano por el fin de su espalda para volver a sentir la falda mojada por mi leche, y animándome a bajarla mas, para poder por ultima vez, manoseándole lentamente y descaradamente su cola pasándole bien dos dedos por la raya de la cola llegando casi hasta el final de sus piernas, teniendo en cuenta que tanto su pollera era de una tela suave y su bombacha de raso, la sensación de mi mano ante ese cuerpo fue única. Subí y baje dos o tres veces la mano y apreté con delicia sus cahetes. Ya llegaba a levantar un poco la falda por el movimiento del breve pero intenso manoseo.

- Bueno... Bueno..(dijo Irma como avisándome) ya llegamos chicos. Y yo ahora les voy a preparar un buen café, después de ponerme cómoda por que estos zapatos me están matando, que les parece.

- Bárbaro mama yo y Claudio te ayudamos.

Al entrar Irma inmediatamente se dirigió al baño.

- Chicos me voy a dar una ducha en seguida salgo. Pueden ir preparando las cosas en la cocina.

- Si mama.

Ya en la cocina la tome a Andrea en mis brazos.

- Dale Andrea chúpamela antes de que salga tu mama, que llevo la leche de todo el día mi amor.

- Humm.. debe ser mucha pobrecita le debe doler tener acumulada tanta lechita, yo te la voy a sacar.

Así mi amor pajéamela bien, pásale la lengua como vos sabes, antes de caiga tu mama.

- Y si llegara mi mama y nos descubriera te gustaría.

Tal comentario me calentó tanto, que Andrea se dio cuenta y me pajeo con mas fuerza para hacerme acabar.

-Y si al verme pajearte y ver tu pija grandota y sus venas hinchadas y me ayudara a chupártela, danlole tu leche en su boca y salpicándole toda la cara.

-Dicho esto acabe en su boca un manantial de leche.

- Hija de puta que cochinita que Sos.

- Todo por tu leche mi amor.

Después ya en el comedor, los tres conversamos con el televisor prendido a media vos.

-Llegó carta de mi hermana.

-Sí como esta la tía.

-Bien tiene que hacer unos tramites en capital, y la invite a que pase unos días acá.

- Y cuando viene.

-No falta mucho, ella piensa que el mes entrante.

- Mi tía es muy buena, todos los del campo lo son o viven de otra manera.

- Seguro no tan acelerados como los de la ciudad.

Esa noche hubo una vuelta mas de café y yo me despedí y ellas se fueron a dormir.

De regreso, el frío, la noche y mi casa. Ya en mi cama, pensaba en volver a estar en casa de mi novia. Y como tentar y dejarme tentar, en ese juego sutil que, sin dejar sentadas las bases, cada día estaba mas candente. Juego de fuego, de momentos intensos, arriesgados y prohibidos.

Continuara...

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