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MI HIJA DE 11 PARA DOS (11.)Categoría: Sexo en familia

Por enzo | 2015-08-07 17:31:51 | 0 comentarios

BUENO SIGO CONTANDO, LA HISTORIA DE MI HIJA CONTÁNDOME LO DE CÓMO A SUS 11 AÑOS YA TENIA TRES AÑOS TENIENDO SEXO CON VARIOS, BUENO SEGUIMOS NARRANDO Y MI HIJA ANITA ME CONFESABA DE CÓMO MI EMPLEADO DE 33 AÑOS DESVIRGO A MI HIJITA DE 8 AÑOS
Y MI HIJA SEGUÍA CON SU VIVENCIA, DE QUE YA EN LA OFICINA DE MI EMPLEADO IVÁN ME CONTO COME IVÁN LE METIÓ SU GRAN VERGA Y CABEZONA, ASÍ FUE COMO LA DESCRIBIÓ MI HIJA, EN SU RAJITA CERRADITA Y VIRGEN Y LE DIO SU PRIMERA COGIDA EN SU VIDA, NO CON ESO TAMBIÉN ESE DÍA MI VELADOR DE 62 AÑOS LA VIO DESUDA LE LIMPIO SU RAJITA DE LA COGIDOTA QUE LE PUSO IVÁN, Y APARTE DON FELIPE LA ESTABA DEDEANDO ,
YO NO PODÍA CREER QUE MI HIJA HABÍA SIDO ABUSADA A LOS 8 AÑOS POR DOS PERSONAS CONOCIDAS Y NO SABIA NADA , PERO YO ESTABA EN LAS MISMAS, CON MI HIJA YA DE 11 AÑOS EN EL CUARTO DEL HOTEL EN LA PLAYA , DESNUDOS BAÑÁNDONOS YO LA ESTABA ENJABONANDO ROZANDO TODO EL HERMOSO CUERPO DE LA CALIENTE DE MI JOVEN HIJA Y APENAS MINUTOS ANTES HABÍAMOS COGIDO COMO LOCOS, ESTE ES MI MAIL ERMUYPUT @ OUTLOOK . COM, ERA ALGO QUE YO SABIA QUE ESTABA MUY MAL LO QUE HACIA CON MI HIJA, PERO NO PODÍA DOMINAR ESAS SENSACIONES DE ESTAR SINTIENDO AQUELLA JOVEN MUJER QUE COGÍA COMO EXPERTA, Y QUE ES MI HIJA, PERO YA CON TRES AÑOS DE PUTA DE VARIOS HOMBRES MAYORES,
Y YA EN 30 MINUTOS LLEGABA AL HOTEL MI ESPOSA Y MIS 2 HIJOS YA QUE HABÍAN IDO AL PUEBLO TEMPRANO, Y MI HIJA ANITA ME SEGUÍA CONTANDO QUE CUANDO ENTRO IVÁN A LA OFICINA DESPUÉS DE ATENDER A UN CLIENTE Y VIO QUE DON FELIPE ME ESTABA DEDEANDO Y YO GEMÍA ME VOLVÍA A EXCITAR POR LOS TOCAMIENTOS DE DON FELIPE ME HACIA EN MI RAJITA RECIÉN DESQUINTADA Y TODA LLENA DE LECHE DE IVÁN,
EN ESO IVÁN LE GRITA, A DON FELIPE USTED NADA MAS LA IBA A VESTIR NO A DEDEARLA, Y EL LE CONTESTA COMO ME DICES ESO IVÁN SI TU ME DIJISTE QUE ME ASOMARA POR LA VENTANA PARA VER LA COGIDA QUE LE IBAS A DAR , Y ME SALES CON ESO Y APARTE NI QUE FUERA DE TU PROPIEDAD O A QUIEN LE VAZ A DECIR QUE LA ESTOY DEDEANDO, Y YO YA CASI NO ESCUCHE SUS PLEITOS SOLO SENTÍA PLACER DE LA DEDEADA QUE DON FELIPE ME ESTABA DANDO,
YO NO PUDE MAS MI VERGA YA LA TENIA BIEN PARADA, Y CON CORAJE POR SABER LO QUE MIS DOS EMPLEADOS , LE HACÍAN ESE DIA A MI HIJA Y CON MUCHÍSIMA CACHONDEZ POR LO QUE MI HIJITA ME CONTABA Y VIÉNDOLA ENCUERADA EN LA REGADERA CONMIGO , Y LE DIJE HIJITA LA VERDAD ME PONES CACHONDIDIMO CON TODO ESTO Y ELLA VOLTEA Y ME VE LA VERGA PARADA Y SE RIE Y ME DICE PAPY TE DIJE QUE ESTOY ADOLORIDA, PERO TAMBIÉN ESTOY MUY CACHONDA DE NUEVO, Y EN ESO ME FUI SOBRE MI HIJA Y NOS BESAMOS DELICIOSO NUESTRAS LENGUAS SE ENREDABAN DE PLACER , BAJE LA MANO HACIA SU RAJADITA QUE ESTABA SÚPER MOJADISIMA POR MI LECHE DE MINUTOS ANTES Y DE SUS FLUIDOS QUE SU CUERPO DESPIDE DE TAN CALIENTE QUE ES Y MI HIJA SOLTÓ UN GEMIDO RIQUÍSIMO HAAAAAAA Y LE METÍ DOS DEDOS CON MUCHA FACILIDAD Y SE AGARRO DE MI CUELLO YO TRATE DE METERLOS HASTA EL FONDO SIN LASTIMARLA Y SE LE FUERON HASTA EL TOPE DE MI PUÑO SIN NINGÚN PROBLEMA Y ME PUSE A PENSAR Y DIJE MI HIJITA ESTA SÚPER ABIERTA DE LA PANOCHITA QUE A SU EDAD SON VÍRGENES
PERO YO SEGUÍA DEDEANDOLA CON DOS DEDOS ADENTRO Y ELLA ME DECÍA PAPY ERES MUY CACHONDO COMO YO ME ENCANTA HAGGGGGGG. YA MÉTEME TU VERGA PAPY LA QUIERO ADENTRO YA SI SI PAPITO SOY TODA TUYA HAAAAA YA PAPITO MÉTEMELA
Y COMO ESTABA AGARRADA DE MI CUELLO LA CARGUE DE SUS HERMOSAS NALGAS Y LA COLOQUE JUSTO SU PANOCHITA CALIENTE EN LA PUNTA DE MI VERGA DURÍSIMA , LA FUI BAJANDO POCO A POCO Y MI PEQUEÑA PUTITA HACIA UNAS CARAS DE LO MAS CALIENTE QUE E VISTO EN MI VIDA SE VEÍA QUE ELLA GOZABA MAS QUE YO, MI VERGA LE HABRÍA MUY RICO SUS LABIOS VAGINALES DE MI HIJA ,
ESA PENETRADA QUE LE ESTABA HACIENDO ERA COMO LLEGAR AL CIELO Y MI HIJITA HACIA UNOS GEMIDOS INCREÍBLES DE SU VOZ DE NIÑA PERO GIMIENDO DE PLACER HAAAAAGGSS SÍGUELE ASI ME ENCANTAN LAS VERGAS PAPITO ASI ASI DAME MAS HAAAAAAAAAAG NI ELLA NI YO AGUANTAMOS MAS Y YO ME VINE DENTO DE SU RAJITA YA EXPERTA PARA LAS VERGAS Y SOLTE UN GRITO DE LUJURIA Y PLACER HAGGGGGGGG QUE RICA ESTAS HIJA HAAAAGG Y ELLA HACIA LO MISMO SE VINO Y LE ESCURRÍAN NUESTROS JUGOS POR LAS PIERNAS Y ME APRETABA DEL CUELLO Y ME DIJO ERES DELICIOSO PAPITO , Y CUANDO YO RECUPERE ALGO DE CORDURA ME DI CUENTA QUE YA EN MINUTOS LLEGABA MI ESPOSA Y MIS HIJOS , LE DIJE A MI HIJA RÁPIDO A ENJUAGARNOS Y SALÍ YO PRIMERO Y SIN SECARME ME PUSE MI ROPA INTERIOR Y MI BERMUDA , UNA CAMISA Y ME ACOSTÉ EN LA CAMA VIENDO LA TELE , Y EN UN MINUTO LLEGO MI ESPOSA E HIJOS , Y LE DIGO A MI ESPOSA QUE SE TARDARON MUCHO …………CONTINUARA

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Rosa del pecadoCategoría: Sexo en familia

Por yimeil123 | 2015-08-06 06:39:10 | 0 comentarios

Me casé con una mujer doce años menor que yo. Muy bonita por cierto. Es de esas mujeres con personalidad abierta, distraída, mimada y acogedora. Su cuerpo es sencillo, sin nada abundante o exagerado y siempre en buena forma. El rostro mantiene una gracia muy femenina con una boca carnosa y unos ojos expresivos grandes y negros. Una desventaja o ventaja, de haberme casado con Paola, es que me gané una suegra joven también. Rosa, se llama, y tiene cuarenta y cuatro cumplidos. Apenas diez años mayor que yo.
Mi suegra es una mujer dulce, complaciente, soñadora, de trato encantador y conversadora. Desde que nos conocimos hubo cierta gracia armónica y mucha empatía entre ella y yo, tanta como la que he tenido con su única hija. Ella siempre me ha tenido en buen concepto y está muy contenta de que su hija se halla casado con el marido perfecto que según ella yo soy. Ay qué lástima que eres menor, un niñito chiquito para mí, sino ya me hubiera vuelto a casar contigo, ha expresado en broma varias veces. Así que a diferencia de la mayoría de los hombres sobre éste planeta no puedo quejarme de mi suegra. Siempre he tenido la sospecha de que no solo me quiere como yerno, sino como hombre.
Una vez casados, Paola y yo nos instalamos en el piso de arriba de una casa bifamiliar de dos pisos. Mi suegra vive debajo sola. Había enviudado tres años atrás cuando aun yo no las conocía. Así que era como si viviéramos los tres en una casa grande, juntos pero no revueltos. Tenía dos mujeres para mí, les decía yo a cada rato en tono de chiste, pero no pensé que esa frase fuera a ser tan literal alguna vez. Nunca me imaginé que semejante monstruosidad para la moral organizada pudiera volverse cotidiana. Como podía imaginar que alguna vez yo iba a terminar con mi mujer y mi amante bajo el mismo techo.
Recuerdo todavía la primera vez que le hice el amor a mi suegra. Tenía puesto un vestidito viejo y raído de esos que ella suele ponerse a puerta cerrada para hacer limpieza, de tirantas delgadas, ceñido al cuerpo, color azul de fondo y florecitas blancas, muy corto, pero de falta volada y escote recto. Lucía tan femenina con su pelo abundante y negro recogido sin tanto orden en un moño amarrado con un peine blanco. Provocaba mucho con su cuello desnudo y sudado. Debajo del vestido solo había piel blanca, no había prendas íntimas, no hubo necesidad de dedicar tiempo a retirar barreras. Bastó con sentarla en el mesón de la cocina con sus gruesas piernas abiertas y deslizar las tirantas del vestido por sus brazos para tener todos sus encantadores atributos a mi entera disposición. Pasamos el límite que no se debe cruzar, pero ya no había marcha atrás. Al principio hubo un sentimiento mutuo de culpa que parecía ser suficiente como para no volverlo a hacer, pero la necesidad animal es muy fuerte. No fue ya más posible que no ocurriera una y otra vez.
Todo empezó despacio, casi que sin darnos cuentas, tanto así, que Rosa y yo concluimos que no era posible otra cosa. Que eso iba con el curso natural de nuestros deseos desde el mismo principio y que tarde que temprano iba a ocurrir. Recuerdo la primera vez que nos vimos. Fue en el banco para el cual todavía trabajo. Llegaron madre e hija a arreglar unos asuntos financieros y de sucesiones después de la para entonces reciente muerte de Don Miguel su marido. Las dos lucían radiantes a pesar de sus vestimentas sencillas y de colores opacos. Quien me llamó primero la atención fue Rosa, con sus ojos grandes y su expresión siempre bonita. Su trato fue dulce, muy de dama. Tenía los labios pequeños, pintados de color rosado suave y su perfume incendió mi fuego viril. Mi entonces futura suegra, sonreía mucho más que su hija, sentada con aire de impaciencia ese primer día con sus ojos tras lentes oscuros que nunca se quitó. Me resultó una señora bonita, amable y por su puesto deseable, y creí, según mi impresión que mucho mas tarde comprobé, que yo a ella le resulté simpático. Nos gustamos desde el principio. Entonces hubo unas cinco entrevistas más a veces con ella sola, a veces con Paola o con las dos. En un momento dado no sabía quién me atraía más si la madre o la hija.
Lo más irónico es que apenas un par de horas después de haber tenido sexo por primera vez con mi suegra, Paola y yo tiramos un polvo muy intenso. Yo me estaba duchando el cuerpo del delito aun con la sensación de un calor placentero que recorría mi pene. Me lavé bien y con cuidado retiré cada vello púbico brillante y largo de la tupida vulva de mi suegra, espulgado cuidadosamente de entre los míos. Escuché ya terminada mi ducha los pasos de Paola al llegar del trabajo. Me sequé despacio con la toalla y salí completamente desnudo y ya casi erecto a su encuentro. Ella sonrió y allí mismo la senté sobre el mesón en donde dos horas antes había ocurrido el pecado. Alzó las piernas y las abrió dejando que mis pupilas contemplaran la telilla blanca del algodón de su calzoncito pequeño ya un poco manchado de usos y orines. El vaho de su intimidad alertó mi olfato. Me dio mucho morbo. Se lo retiré sin quitarle la falda blanca de su uniforme de enfermera. Le lamí la vulva con el mayor empeño de mi boca hambrienta para contribuir a una humectación perfecta. Su clítoris se engordó y ella gemía con lujuria mientras se retiraba la camisa de botones y sus sostenes blancos. Me encantaba cuando solo quedaba en falditas. Después le chupé despacio cada seno mediano de pezones ovalados y erectos. Estaba muy excitada. Me besaba sin control. La cargué a horcajadas ensartada completamente. Mi sexo en su sexo. Yo la sostenía por las nalgas y ella se abrazaba a mi cuello mientras avanzábamos tranquilamente en ese culeo morboso hasta llegar a la cama. Allí le pedí que se colocara en cuatro sin quitarse la falda. Descansé de su peso sostenido. Lo hizo complaciente mirando mi desnudez en el espejo frente a ella dispuesto sobre la pared a un costado de nuestra cama. Le levanté la falda y sus nalgas blancas y perfectas aumentaron mi libido. La penetré desde atrás en un vaivén incesante algunos minutos hasta eyacular la última gota en lo más profundo de su concha. Desde ese momento, curiosamente, me daban muchas más ganas de cogerme a mi mujer.
Dos días antes de cogerme a mi suegra, había pasado algo que lo anticipaba todo. Hubo un beso suave, corto que nos dimos al despedirnos a espaldas de su hija antes de que Rosa se fuera a dormir en su piso de abajo. Habíamos estado en la fiesta de cumpleaños de Laura su hermana mayor. Rosa había tomado más de lo debido a pesar de que normalmente no es una mujer bebedora. Estaba linda además y entre tragos, risas bailamos tres piezas seguidas de salsa romántica vieja que a ella le gustan mucho. Bailamos pegados, a veces un poco más de lo socialmente permitido. Nuestros cuerpos sudados se acariciaron. Yo la apretaba cada vez más para explorar sus límites cual si yo fuera un adolecente tanteando a una chica juvenil. Ella cedía y me abrazaba más fuertemente pegando sus abundantes senos a mi pecho. Me resultaba fascinante y sorprendente el jueguito prohibido en público con mi propia suegra. Todo lo hicimos con discreción en la sala de baile llena de familiares y amigos de Laura. Casi todos estaban bailando. Tuve una erección que no se notaba gracias a mi camisa por fuera. No la pude controlar. Creo que ella lo notó. Desee que me tragara la tierra en ese instante. No me dijo nada ni tuvo reacción alguna, pero luego su mirada y su sonrisa pícara consintieron mi vergonzante situación. Seguimos bailando como si nada hubiera ocurrido, ella ajustada a mi erección. Habíamos iniciado un juego peligroso. Culminada la fiesta tomamos un taxi los tres de vuelta a casa como a las dos de la madrugada. Los tres estábamos tomados, siendo Rosa la más borracha aunque bien consciente aun. Paola subió a nuestro piso desesperada por hacer pipí y me pidió que ayudara a su madre a entrarla en su piso. El taxi se fue. Yo abrí la puerta y tomé a Rosa de la mano más por caballerosidad que por otra cosa. Me aseguré que entrara. Ella tiró de mi brazo obligándome a ingresar en la sala de su piso. Nos miramos fijamente con un deseo ardiendo a fuego vivo. Fueron unos segundos intensos y largos. Mi corazón latía como si fuera a subirse por mi garganta. Rosa, cuidadosamente cerró un poco la puerta para evitar que desde le calle se viera algo. Me estampó un beso suave, intenso, pero breve en mi boca y me susurró al oído: el lunes cuando quedes solito voy a subir a violarte. Hizo una expresión de picardía. Sonrió, guiñó su ojo derecho y se fue a su alcoba sin dejar de mirarme. Tú empezaste bobito, ahora atente a las consecuencias. Yo salí y cerré la puerta contrariado y con una erección inocultable. Es increíble lo que una mujer desinhibida con tragos encima es capaz de hacer. M e costó trabajo digerir que mi suegra cediera así tan fácilmente a una de mis necias y tenues provocaciones. Me desfogué echando un polvo rápido y desesperado con mi complaciente Paola antes de dormirnos.
El lunes, Paola comenzaba su semana con el turno de dos de la tarde a diez de la noche en el hospital. Yo al llegar de mi trabajo a las cinco y media normalmente quedo solo toda la noche hasta que Paola llega. Pensé que eran cosas de mujer borracha lo que mi suegra me había dicho, después de todo. Pero alrededor de las siete y media de la noche el timbre. Miré por el visor de la puerta y efectivamente era mi suegra Rosa. Mi corazón latió. Sentí un nudo en mi garganta. Pensé que tal vez venía a disculparse o bien a reclamar algo por todo lo que había ocurrido en la madrugada del domingo con el asunto del baile pegado, la erección y el beso al entrar en casa. Abrí la puerta intentando simular la mayor tranquilidad con cierto temblor en mis piernas.
Rosa estaba en fachas. Con ese vestidito viejo que alguna vez fue de gala y que conserva para hacer limpieza o lavar ropas sucias. Entró despacio sin musitar palabra. Se sentó en la silla de la mesa del comedor en la cocina. Yo estaba sin camisa y una playera corta, ajustada y blanca con la que a veces juego futbol. Rompió el silencio empezando por unas disculpas. Yo hice todo lo posible por no hacerla sentir incómoda manifestándole que yo empecé todo mientras bailábamos. Que lo había hecho porque esa noche ella lucía muy bonita como siempre me había resultado y que no me contuve las ganas de abrazarla fuertemente. Me hizo entonces la pregunta. Sé que soy tu suegra, pero ¿yo te gusto? Dime la verdad, no voy a hacer un escándalo por eso.
Me tomé varios segundos mirándole fijamente con mirada serena. Ella no reflejaba nada, ni enfado, ni emoción, ni alegría, solo seriedad. Yo le respondí con honestidad. Me la jugué. Siempre me has gustado Rosa, y tú lo sabes. Lo siento si te ofendo. No tiene nada que ver con Paola. Soy feliz con ella. Tú mejor que nadie sabes que la quiero mucho. Me complace en todo como marido. Es buena mujer y es muy buena en la cama también, pero debo admitir que siempre tú me has resultado encantadora. Sabes bien que eres una mujer bella, joven aun, con una personalidad y un físico atrayente para un hombre de cualquier edad. Los chicos de la cuadra adolescentes seguramente fantasean contigo. Espero que mis palabras no te ofendan, pero bueno, prefiero responder a tu pregunta con la mayor franqueza de hombre, de varón que soy.
Se levantó, se me acercó lentamente mientras me hablaba. Me sucede lo mismo. Siempre me has gustado. Estoy feliz que seas el marido de mi hija. Pero lo que pasó no fue una cosa de tragos. Fue algo que siempre yo he querido que pasara. Pero no puede ser. Eres el marido de mi hija, imagínate, si fueras el marido de mi mejor amiga que carajo, pero eres mi yerno. A veces me pregunto qué tiene de malo. Al fin y al cabo tú eres un hombre y yo una mujer. Yo no soy la chica tonta enamorada esa que pretende quitarle el marido a otra, no deseo eso para mi hija, no es una cuestión sentimental. Es algo erótico. Me gustas y te deseo. Mejor dicho, nos deseamos mutuamente.
Se le salieron las lágrimas un poco. Había frustración en ella. Me le acerqué y la abracé con ánimo consolador. Fue inevitable que el olor de su cuerpo me hiciera hervir. La visión de su cuello sudado, desnudo con ese lunar café nítido y casi redondo del lado derecho me pararon los vellos del cuerpo. La erección fue imposible de contener. Yo la abracé más fuerte susurrando un lo siento. Ella correspondió apretando mi cuerpo contra el de ella. Sus senos grandes, desparramados apenas separados por la delgada tela de su vestido se aplastaron contra mis costillas. No traía sostenes. Al carajo me dije. No hice el menor esfuerzo para que mi erección se ocultara. La pegué contra su vientre. La sintió. Nos miramos fijamente como ocurrió dos noches antes en la salita de su piso. Era la misma energía que gravitaba. La emoción era enorme y el miedo a romper la estela de prejuicios era fuerte. Pero dio el primer paso al vacío mirándome con pupilas desafiantes. Se apartó de mí un par de metros. Metió sus dos manos por debajo de la falda de su vestidito sin permitir nunca que yo viera más por encima de sus muslos carnosos. Ante mi atónita mirada dejó caer entre sus pies la única prenda íntima que portaba. Retiró el peine de su pelo y éste cayó suelto haciéndola lucir más bella, más natural. Su calzón azul turquesa de encajes de seda cayó enrollado entre sus pies descalzos. Dio un paso hacia un lado para desenredar la prenda de sus pies. Ahora ya no había sino una tela azul que me separaba de su sexo. Ne necesitamos más diálogo. De allí en adelante fue el instinto quien nos guió. Yo repliqué con un gesto atrevido y provocador. Me mordí los labios mirándola fijamente mientras dejaba que mi playera se deslizara por mis piernas. Mi calzoncillo blanco, ajustado y pequeño con su bulto evidente atrajo su mirada. Ella también se mordió sus labios rosados. Di dos pasos reduciendo la distancia que nos separaba con mi corazón dando brincos. Rosa hizo lo mismo hasta que quedamos tan cerca que nuestros alientos se confundían. Me puso una mano en mi pecho acariciando mis vellos y la otra en la cadera justo en la tiranta de mi calzoncillo. Acercamos nuestras bocas. Beso. Beso sin límites. Beso prohibido, fuerte. Beso infiel y delicioso. Beso pecaminoso, pero placentero. Beso largo, intenso, con carga erótica infinita. Ella se entregó a ese beso con su boca pequeña y sus ojos cerrados. Yo la dejé que se saciara a su ritmo prestándole mis labios y mi lengua y ella prestándome la suya. No tomé ninguna iniciativa para pasar a otra etapa. Su mano, fue su mano la que dio luz verde. Fue esa mano necia y atrevida la que se posó encima de mi bulto palpitante cada vez con caricias más fuertes.
Cansada del beso. Se arrodilló con ansiedad. Siempre había querido esto, susurró antes de bajarme lentamente el calzoncillo. Mi verga salió disparada, magnífica con brillo de lujuria apuntando a sus ojos. Ella no paraba de mordisquearse los labios. Estaba asustada y muy excitada al mismo tiempo. Cerró los ojos. Empezó con un besito tímido en la puntita dejando que el olor a macho penetrara en su nariz. La acariciaba rozándola por sus mejillas. Luego abrió la boca y se lanzó a las profundidades del placer prohibido y maravilloso. Tragó la cabeza y luego una parte del tallo. Inicio la chupada más intensa de su vida según me diría después. Y yo me pellizcaba para creérmelo. Me chupó con esa boca carnosa y rosada hambrienta de carne joven. Por momentos me miraba desde abajo con fuego en sus ojos. Por momento cerraba sus parpados para entregarse al placer infranqueable de la carne ajena, prestada, prohibida. Al principio sus embestidas eran suaves hasta que les dio intensidad de puta vieja. Me la chupaba como queriéndome hacer correr rápido. No sé cómo no me corrí allí mismo. Tal vez el susto de estar haciendo algo increíblemente prohibido me cohibía un poco.
Su mandíbula estaba fatigada. Su expresión bella de mujer veterana en pausa me lo decía. Me miró otra vez desde abajo y susurró bajito: cógeme. No la obedecí de inmediato. La ayudé a levantarse y le estampé un beso mientras le acariciaba las nalgas por encima del vestido y después por debajo de él. La tez suave de sus carnosas nalgas estaba tibia. La cargué a horcajadas sin quitarle el vestido y la senté en el mesón. Ella misma supo que era lo que yo quería. Yo me doy cuenta que siempre que puedes me las miras. Se bajó las tirantas del vestido dejando ver con mucha sensualidad el inicio de sus senos desparramados. Yo culminé el trabajo hasta desnudarlos por completo. Los contemplé con morbo creciente. Me resultaba increíble que los tuviera allí tan cerca y disponibles. Eran más hermosos de lo que me los había imaginado. Porque Paola no los heredó así como esos de generosos y grandes me pregunté. Me sacié chupando cada ovalo de su aureola y sus pezones. Ella me animaba a hacerlo tomando con la mano una teta a la vez para que yo chupara ansiosamente como niño pequeño. Le encantaba ese juego que se volvió parte de nuestro sexo de allí en adelante.
Luego alzó las piernas y las abrió como un amariposa descubriendo para mí el corazón de sus encantos. La concha era carnosa, rosada con un clítoris visible brillante y una tupida mata de vellos púbicos que me erizaron al verlos, pero que sin embargo dejaba ver claramente su ranura rosada y húmeda.. Le deseé tanto. Saboreándome los labios me acerqué con mi boca a esa vulva madura y en desuso sin dejar de mirarla a sus ojos ardientes. ¿Qué vas a hacer?, no, mira que no me he lavado desde esta mañana, nooo, que vergüenza, debe oler mal, no por favor, no por faaavv..ahhhh…hmmm, ahhh, hmmm. No habló mas mientras me comí cada palmo de esa vagina rica. Su clítoris fue juguete de mis labios mucho tiempo. Curiosamente olía menos intensa que la de Paola. La sentía carnosa, suave, mojada y ella se mordisqueaba y se apretujaba los senos entre sí para controlar su delirio.
Entonces ya no aguantó y casi que suplicando dijo entre susurros: ya por favor, cógeme, la necesito adentro, por favor. La complací esta vez. Me levanté besándole los senos hermosos y mi verga tanteó ciegamente alrededor de su hoyo. Lo encontré y dejé que se hundiera lentamente. Yo quería mirar eso. Me incliné un poco hacia atrás y levanté el faldón de su vestido hecho un aro de estorbo alrededor de su vientre. Miré con lujuria como mi verga se iba yendo centímetro a centímetro al abismo del pecado más grande del mundo. Qué rica sensación de calor y humedad en esa concha madura. Mis vellos abundantes se confundieron con los de su vulva ardiente. La penetré dulcemente contemplando su reacción. Sus ojos estaba medio adormecidos en una viaje de placer, su boca relajada con sus labios fatigados y vencidos no dejaban de irradiar sensualidad. Su expresión era placer y más placer. La embestí a ritmo constante hasta que sentí cansancio. Sin sacársela la cargué sosteniéndola por sus nalgas. Ella asustada de la maniobra preguntó: ¿a dónde me llevas? Respondí con una risa suave sin dejar de clavarla. Me senté con cuidado de no caernos en el sofá de la sala y ella quedó a horcajadas, totalmente ensartada y con sus pies apoyados a lado y lado de mis muslos. Cabalgó entonces con ganas retenidas en un culeo incesante. Yo hacía esfuerzos para no eyacular aún. Deseaba seguir con ese pecado tan delicioso. Entonces se contrajo toda y sus ojos casi se voltearon en un grito ahogado e intenso. Se había corrido envuelta en estrellitas multicolores. Cesó un poco la tormenta. Le pedí que se arrodillara en el sofá. Lo hizo de espaldas hacia mí. Era increíble lo iguales que eran ese par de nalgas a las de su hija. Le puse mi verga en la entrada de su ano, solo para probar su reacción. No me dijo nada. Yo meneaba mi verga entre el hoyo de su ano y la rajita de su concha sin meterla. Quería encularla. Entonces lo intenté. Eso duele, no creo que sea buena idea me dijo con determinación de mujer experimentada. La tienes muy seca. Busqué el lubricante que uso con Paola y me lo apliqué en la verga y alrededor de su culo. Sus nalgas eran preciosas. Lindas y aun con la piel lisa como las de Paola. Metí la cabeza y cuando ya iba a hundirla ella dijo no, no, no, no ahora Felipe. No por favor. No estoy lista. Hace rato que eso no lo hago. No la forcé. No insistí tampoco. Ya tendría decenas de ocasiones para jugar con su ano. Entonces se la metí de un tajo en la concha y mis jadeos se hacían más fuertes. No me termines dentro por favor, no, no trago píldoras ni nada nooo, ohhh hmmm hmmm hhm.
Saqué mi verga ardiendo y dejé que mi orgasmo se pasmara. La llevé nuevamente al mesón donde estábamos al principio y allí la penetré largamente hasta que ya no fue posible contenerme. La saqué en el último segundo y mi semen se derramó en su abundante pelaje púbico. Ella se acaricio la vulva lentamente humedeciendo sus vellos con mi semen tibio todavía, sin parar de darme besitos y divertirse contemplando los pálpitos de mi verga eyaculando los últimos hilillos de leche espesa que caían lentamente al piso. Nos relajamos algunos minutos entre besos y caricias y mimos. No hubo mucho que decir. Ella se limpió, recogió su calzoncito del piso y se lo puso nuevamente y después se rehízo su moño. Yo la contemplaba desnudo con mi pene fláccido y saciado colgando en pura desnudez que ella miraba todavía con ganas. Abrió la puerta. Me miró con seriedad y dijo gracias por el placer, descansa un poco. No se te olvide que Paola llega ahorita y tal vez debes cumplir con tu deber de marido en la cama. Me envió un beso y cerró la puerta. Habíamos empezado una nueva etapa en nuestras vidas.

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Con mi hija Carolina, enseñándole a ser mujerCategoría: Sexo en familia

Por Belle Giselle | 2015-08-06 03:12:28 | 1 comentarios

Estoy casado hace 20 años, tengo 45. Mi esposa y yo tenemos una hija hermosa que acaba de cumplir 11 años, Carolina. Con mi esposa aún nos amamos, pero los dos estamos muy enfocados en nuestras carreras, por lo tanto el sexo es cada vez más frecuente y desapasionado. Éstos últimos 5 años he pasado mucho tiempo en casa ya que mi negocio de programación Web lo puedo hacer desde acá así que mi esposa me puso a cargo de la supervisión de la niña.

Debo confesar que desde que Carolina cumplió sus 8 añitos estoy interesado en ella de una forma particular. Verán, el dia de su cumpleaños número ocho lo celebramos en la finca de un amigo americano llamado Tim, que se había ofrecido a prestarnos el lugar pues tenia animales de granja y mucho espacio, perfecto para una fiesta de cumpleaños de ensueño. Al terminar la fiesta, nos quedamos en la finca a dormir todos pues quedaba un poco lejos de la ciudad. Antes de ir a la cama, me quedé un momento a compartir unas cervezas con Tim. En el patio, lejos de mi hija y mi esposa, Tim me confesó que mi hija le parecía sexy. Ese término me molestó un poco, generalmente la gente piensa que ella es dulce o bonita pero sexy me pareció muy inapropiado para una niña de 8 años. El se rió ante mi enfado y me dijo “a esa edad son exquisitas amigo”, y procedió a contarme que él había empezado a entrenar a sus hijas en el sexo a esa edad. Esa confesión me descolocó un poco y quise irme, pero Tim me dijo “créeme, es mejor empezar a
entrenarlas uno mismo. Tarde o temprano les llega la pubertad y empiezan a fijarse en niños inmaduros que las tratan como simples putas. Hay que educarlas sobre sexo uno mismo, enseñarles a respetarse y a disfrutar. Así se mantienen tranquilas durante la juventud y ya crecidas buscan hombres de bien. Mis 3 hijas están casadas con hombres excepcionales, y eso no hubiera podido ser si no las hubiera calmado yo mismo antes de que empiecen a comportarse como callejeras.” Eso me pareció razonable. “Además, tienes que admitir que las niñitas tienen cierto encanto” me dijo y me guiñó el ojo.

Esa noche me fui a dormir con la idea en la cabeza de que tal vez él tenía la razón. Al día siguiente pusimos todo en el auto y agradecimos a Tim. Antes de irnos, Tim, mientras miraba de pies a cabeza a mi hijita, me dijo “piénsalo amigo, mientras más pronto mejor”.

Y así empecé. Ese dia cada vez que miraba a mi hija me imaginaba cómo podía empezar su educación, y con eso pues empecé a sentir ganas de tocarla. Comencé de a poco. Cada tarde después del colegio nos sentábamos a hacer la tarea. En mi primer intento, le dije que se siente en mis piernas. Así lo hizo e inmediatamente al tenerla ahí tuve una erección. Acaricié su pecho, sus pezoncitos por encima de la ropa y un poco sus piernas. Gradualmente con el paso de los días fui aumentando la intensidad de mis acercamientos. Cuando cumplió los 9 ya la tenía acostumbrada al manoseo de todo su cuerpito, ya jugaba con sus pezoncitos hasta ponerlos duritos, y le sobaba la conchita por encima de la tela. Ella era muy receptiva, le gustaba mucho nuestro pequeño jueguito. Mantenía a Tim al tanto de lo que pasaba y él me daba ideas y tips.

Ya para cuando cumplió los 10 años compartíamos ardientes besos a boca abierta, ella amaba besarme así y jugar con su lengüita. Empecé a tocarla sin ropa, no la desnudaba por completo, solo la conchita y los pezones, los cuales lamía de vez en cuando. No la desnudaba por completo excepto cuando nos duchábamos juntos, los jueves después de sus clases de basquetbol. Nos metíamos juntos en la tina, yo la jabonaba por todos lados, ella me jabonaba a mí. Jugaba un poco con mi pene, le daba lamiditas como si fuera un helado y movía su manito de arriba abajo. Mi pene es bastante grueso y largo, por lo cual no pude iniciarla al sexo oral, simplemente era imposible meter mi verga en esa boquita. Me limitaba a masturbarme frente a ella y a veces terminaba en sus manitos o sus calzoncito.

En su cumpleaños número once por fin me decidí a comerle la conchita como regalo de cumpleaños. Después de su fiestita mi mujer tuvo que salir de emergencia a su oficina dejándonos solos por un tiempo indeterminado. Apenas sentimos que el auto de mi esposa había salido del garaje, mi hija y yo nos fundimos en un beso delicioso en la sala. La tomé de la cintura y la llevé a su cuarto infantil. La tumbé en la cama y la desnudé. La besé por un tiempo , era todo muy apasionado, ella se retorcía y me acariciaba. Bajé a sus pezoncitos, su cuello, su barriguita y antes de su conchita le lamí los deditos de los pies, le encantaba. Entonces me dirigí hambriento a su conchita. Al principio le impresionó un poco tener mi boca ahí, me dijo “papá es muy frío” pero cuando empecé a lamerle el clítoris ella se relajó. Me la comí lentito pero con gusto, usando toda la lengua para lamer desde la entrada de su conchita hasta el clítoris. Masajeaba con mi pulgar la entrada de su cuevita, ejerciendo un poquito de presión. Nuca le había metido los dedos y me tentaba mucho. Con la otra mano le acariciaba los senitos y la barriguita. Ella tenía los ojos cerrados y la boca semiabierta. De cuando en cuando se mordía el labio inferior y suspiraba “papá”. Estaba a punto de terminar por primera vez en su vida, mi pene estaba al máximo y mil ideas locas pasaban por mi cabeza sobre cómo maximizar ese momento tán erótico. Ella empezó a temblar y retorcerse, ya se venía, ya se venía, cuando de repente… escuchamos el auto de mi esposa en el garaje. Rápidamente y con mucho disgusto nos vestimos , rocié un poco de ambientador por el cuarto de mi hija pues el olor a almeja era fuerte y bajamos a pretender que no había pasado nada. Fue muy decepcionante para mí y para mi hija. Hablamos antes de irnos a dormir, quedamos en que debíamos darnos unos días solo para nosotros dos. Esa noche me cogí a mi esposa como hace rato no lo hacía, mientras pensaba en lo erótico de la escena de esa tarde.

Nos aguantamos las ganas de llevar nuestro romance con mi hija por unas dos semanas, mientras planeábamos nuestra escapada. Esos días tan solo nos dedicamos a acariciarnos y besarnos dulcemente. Tenia muchas ganas de hacerle de todo pero decidí esperar a nuestra escapada, quería que lo que sea que pase sea en un lugar pacífico, sólo los dos. Que sea algo que recuerde siempre.

Llegó el día, le dije a mi esposa que por vacaciones de invierno iba a llevar a mi niña a un descanso en un hotel paradisiaco cerca de la playa. Mi esposa que no sospechaba nada aceptó. La noche antes fui a visitar a Tim, quien me dio consejos muy valiosos y me pidió que grabe todo en video. Me pasó un equipo de video sencillo, 3 cámaras con su respectivo trípode “es lo menos que puedes hacer para agradecerme por mi sabio consejo” me dijo.

Al dia siguiente me fui con Carolina al lugar ese. Conducimos por 3 horas, durante las cuales nos toqueteamos mucho, nos besamos, estábamos ardiendo. Tim me había conseguido una cabaña privada en la cual el personal no se metía en los asuntos de uno. El lugar era hermoso, con vista al mar y todo. Llegamos a la habitación, a la cual había decorado con un ambiente muy romántico, velas, rosas y esas cosas cursis. A mi hijita le encantó. Ella entró a darse una ducha mientras yo daba los toques finales. Instalé las cámaras, una que colgaba del techo, una al lado de la cama y otra en la cabecera de la cama, y tenía otra que iba a tener yo en la mano. Carolina me llamó para que me una con ella en la ducha, lo cual hice después de aplicarme un retardante en la punta del pene. Quería durar mucho esa noche. Entré al baño con ella, estaba en una tina con mucha espuma. Apenas entré la besé apasionadamente mientras nos acariciábamos. No podía creer que mi hijita pequeña e inocente podía ser tan ardiente, sentía mucha entrega. Le lamí la conchita, sabía al paraíso. Ella me masturbó un poco, aún no era una experta pero le gustaba. Quiso meterse mi pene en l aboca pero no le entraba. Nos reímos. Nos besamos, estábamos a mil y decidí que era la hora. La saqué de la tina, la seque y la tumbé en la cama. Lentamente recorrí su cuerpito con mi lengua, tenía una erección descomunal pero quería que ella esté muy excitada. Le comí la concha lentamente hasta que de nuevo la tuve como hace dos semanas atrás a punto del orgasmo, entonces rápidamente tomé mi pene, lo embadurné de lubricante y le apliqué un montón en la conchita, lo puse en la entrada de su cuevita y empujé. La cabeza entró de una y ella, que hace medio segundo estaba a punto de chillar por un orgasmo, ahora chilló de dolor. “aaaawwwww papi” dijo y dejó de moverse. No era por nada, mi pene estaba como nunca, por lo menos 4 centímetros de diámetro y ella tenía dentro tan solo 3 de mis 20 centímetros. El momento era muy muy ardiente al igual que conmovedor. Ella empezó a lagrimear de dolor y me empujaba para que se lo saque. Me reí y la besé tiernamente, ella apenas devolvió el beso pues pedía desesperadamente que le saque el pene. Le suspiré tiernamente “amor, carolina hermosa, hija, así es como nos queremos mi vida, aguanta un poco y verás que t empezará a gustar y luego vas a querer más”. Le masajeé los pezoncitos y su clítoris. La verdad mi verga se veía descomunal ahí en la entra de su vaginita infantil. Tomé mi cámara y filmé ese hermoso momento mientras continuaba masajeándole el botoncito: la punta de mi verga en su cuevita mientras ellas tenía las mejillas sonrojadas por el placer de hace un minuto y el dolor de ahora y con los ojos llorosos. Su cuerpito desnudito, sus tetitas casi inexistentes y su cuevita abiertita. Una postal muy bella.

Me mantuve así por unos 2 o 3 minutos más hasta que ella dejó de sollozar y rogar y, por el estímulo en su botoncito, empezó a relajar los músculos de la concha facilitando mi entrada. Empuje de a poco, ella aún resistía pero estaba calmada. Sentí su himen y lo perforé con mucho cuidado mientras ella emitía un gemidito y yo le decía “ya mi amor, esa es la parte más dolorosa, ya pasó muñequita, ya empezarás a gozar mi amor”. Proseguí hasta que mis bolas chocaron con sus nalgas y la tenia toda adentro. Fue un momento sublime. Mi tranca entera en la conchita de mi hija de 11 años. Era tan apretada que casi dolía, pero se sentía como estar en el cielo. Estábamos los dos sudando profusamente, yo tenía unas ganas increíbles de venirme y agradecí haberme puesto el retardante aunque no parecía servir de mucho. Le pregunté si se sentía bien y me dijo “si papá, me duele un poco pero me gusta”. Entonces empecé el mete saca, lento, sacando casi toda la verga. Le masajeaba el clítoris que en ese entonces estaba durito al igual que sus pezones. La besaba dulcemente la boquita, el cuello, le susurraba que la amaba y ella me decia “papi te amo” entre gemidos largos y profundos. Apenas me acordé de la handicam, grabé un poco del vaivén y de su rostro angelical ahora sonrojado por el placer, con los ojos cerrados y la boca semiabierta con un hilito de baba en la comisura. Le di por lo menos unos 10 minutos así lentamente hasta que por fin decidí darle más fuerte y rápido, con lo que sus gemidos se volvieron más largos, y gritaba “papito, papito”. Sus piernitas estabas cruzadas en mi espalda, nuestros cuerpos estabas sudados de pies a cabeza y yo gruñía con furia con cada empujón. De repente sentí sus contracciones , vi su carita de pre adolescente deformada por el placer absoluto, echó la cabeza hacia atrás mientras emitía un grito mudo y temblaba colgada a mi cuello y me abrazaba con sus piernas. Entonces no pude más y me vine con ella. Gruñí como oso, el orgasmo me transportó a otra dimensión, apreté a mi hija contra mí con los dos brazos ella me hundió las uñas y temblamos los dos así en ese éxtasis infinito, lo mejor que he experimentado en mi vida. No sé cuanto tiempo duró ese momento pero cuando por fin volví en mi sentí como si hubieran pasado años. Mi corazón estaba a full, la temperatura de mi cuerpo era imposible y estábamos tan sudados que parecíamos sumergidos en una piscina. Podía sentir su corazón latir con fuerza. El olor del cuarto era una mezcla entre mi perfume de hombre, su esencia de niña y sexo muy fuerte. Respiré hondo y me liberé de su abrazo. Ella cayó rendida a la cama, se veía hermosísima así sudada, con los ojos semiabiertos y una mirada de lujuria que nunca pensé ver en una niña tan joven.

Apenas podía sostenerme con los brazos, estaba temblando como gelatina, así que casi sin quererlo saqué mi pene de su cuevita, ella suspiró mientras lo hice. Tomé mi cámara y filmé la escena, su conchita ya no virginal por primera vez expulsando semen que en esa ocasión era medio rosado por la mezcla con la sangracita de su himen y mi lechita. Salió mucho semen, filmé su rostro entre angelical y ahora con una expresión post orgasmo y cansancio. Me acosté a su lado, la abracé y le dí un beso de piquito. Ella sonrió y abrió los ojos. Nos acariciamos lentamente con la yema de los dedos, nos mirábamos a los ojos, ella estaba a punto de caer dormida. Yo también sentía que me iba a desmayar por tanto ejercicio. Pero quería verla así, bella, recién desvirgada por mí. Acaricié su cuerpecito de niña y sin notarlo me dormí.

Al día siguiente desperté a las 11 de la mañana! Wow. No había dormido tanto desde la universidad. Estaba extremadamente relajado. Apenas abrí los ojos y sentí el calor del cuerpo de mi hija a mi lado. Tuve una erección inmediata al pensar en la escena de la anterior noche. Sentía mi cuerpo muy liviano al levantarme. Me tomé una botella entera de agua, ella todavía dormía. Alisté la tina para meternos a los dos en ella. Fui a despertar a mi angelito con un besito en la frente y una caricia en su culito. “Buen dia princesa” le dije apenas abrió los ojos. Ella sonrió y me dijo “hola papito” con su vocecita de niñita. Estábamos los dos desnudos y ella pudo ver mi erección y abrió los ojos de par en par mientras se reía pícaramente. La tomé en mis brazos y la metí en la tina. Nos bañamos, nos dábamos besitos tiernos, las caricias eran lentas y dulces, le toqué su cuevita y traté de meter un dedito, pero le dolía mucho. Decidí tan solo dejar que ella me masturbe y terminar suavemente en su boquita. No quería lastimar su conchita. Nunca antes había terminado en su boquita, eso la sorprendió mucho y dijo “mmmmm papi es muy rico” antes de tragarse mi leche. Wow, mi niña era perfecta. Ese día lo pasamos en la playa, jugando y comiendo helados. Cuando iba al baño a hacer pipi volvía diciendo que le ardía la conchita. En la noche fuimos al cine y al llegar al hotel nos besamos en la camita pero no pasó nada. Me masturbé y terminé en su barriguita, eso fue todo.

Al día siguiente despertamos más temprano, repetimos la rutina de la tina y fuimos a dar u paseo por la playa después del almuerzo. A eso de las 3 de la tarde me llamó Tim. “Ingrato” me dijo “yo esperaba tener novedades tuyas, ojala todo t haya salido bien”. Le conté resumidamente l que había pasado estos días y él me felicitó por haber tomado la decisión correcta. Quedamos en que le iba a mandar los videos y fotos de mi primera noche con mi hija y le agradecí infinitamente pues sin su consejo nunca hubiera podido experimentar la sensación sublime de tirarme a mi hija. Él prometió mandar un regalito extra para la noche. Carolina y yo pasamos la tarde en el mall. Le compré juguetes y vestiditos. Aprovechábamos cualquier momento en que estábamos los dos solos para tocarnos y besarnos. Éramos como una pareja de quinceañeros.

A la noche llegamos al hotel. En nuestra puerta nos esperaba un paquete que sólo decía “from Tim”. Carolina entró a asearse mientras yo abría el paquete. Wow, qué regalo! Un plug para sexo anal!! Me sorprendí bastante sobre todo porque para mi el sexo anal era casi un mito. Mi esposa en todos nuestros 20 años de matrimonio y 3 de noviazgo previo tan solo me había dejado penetrarla analmente unas 3 o 4 veces. Mis anteriores novias tampoco eran muy abiertas con el tema, y pensé que con Carolina iba a ser igual, ni se me había pasado por la cabeza abrirle el culo. Ella me llamó desde la tina. Ya los dos ahí comenzamos nuestra rutina de besos y caricias, intenté de nuevo meterle un dedo en la concha y esta vez no se quejó. Me besó apasionadamente mientras le metía el dedito en la conchita, al mismo tiempo que masajeaba su clítoris y acariciaba su espaldita, su cabello. Moví mi dedito dentro de ella y ella gimió. La tome en mis brazos y la llevé a la cama. Donde procedí a chuparla. Ella gemía encantada. Recordé el regalo de Tim y decidí experimentar. Mientras tenía 2 dedos en su conchita, con el dedo pulgar presioné en su anito, masajeándolo. Ella no tuvo ninguna reacción. Entonces saqué mis dedos y procedí a lamer todo, desde el ano hasta el clítoris, cada lamida aumentaba presión a su anito. Recordé el Kit. y fui a traerlo. Mi hija, sorprendida por la interrupción y un poco molesta me dijo “papá que haces?” yo la tranquilicé diciendo que quería experimentar algo nuevo, “me encantan tus experimentos conmigo papi” dijo con picardía. “amor, hiciste caquita hoy?” le pregunté y ella dijo “si papá antes de entrar a la tina”, un poco extrañada por la pregunta. Mientras la lamía no lo noté sucio entonces decidí comérselo. Le pedí que se pusiera de 4, con la cabeza en la almohada. Lo hizo y dejó a mi vista su perfecto culito juvenil abierto en plenitud. Tomé mi handicam y grabé la escena: mi hija empinada con el culo al aire, su anito rosadito, cerradito a disposición mía. Ella tenía una cara de golosa que me encantaba “papi, me vas a hacer lo mismo que la otra noche? Por favor??” ante semejante petición mi pene se puso a full y pues empecé a comerle la cola. Lamía la entrada de su cueva mientras hundía mi nariz en su ano y le masajeaba el clítoris. Ella gemía, y me rogaba “papi, métemelo , papi por fa”. La chupé hasta que estaba a punto de terminar, con lo que por fin rápidamente le hundí la verga en la concha y me la tiré así lentamente de a 4. Ella gemía y gritaba “dame papi, dame así asiiiiii” lo cual me encantaba sobre todo porque no era fingida como las mujeres mayores, ella nunca había viso porno entonces era una reacción sincera producto puro del placer. Le masajeaba el clítoris y las tetitas. De cuando en cuando le pellizcaba las nalgas o la traía hacia mi para besarla. Entonces vi su anito ahí expuesto ante mi, tomé el lubricante y con mi dedo índice empecé a penetrarla. Ella gimió de dolor. Aún con mis dedos no siendo tan gruesos, a ella le dolió. Sin embargo, los músculos de su conchita no estaban tensos por lo cual dejé mi dedo en su culito y seguí tirándomela. Estuve así unos 5 minutos hasta que ella empezó a gritar como loca, aún no había terminado pero el placer era muy fuerte. Decidí meter otro dedo en su culito. Le dolió y me pregunto qué hacia “amor, esto es el paso 2. Verás que t gusta tanto como en la conchita”. Con lo cual se dejó hacer, incluso vi un poco de picardía en sus ojos. Ya estaba a punto de terminar ella, tomé el plug anal y lo metí de una. Ella protestó pero siguió gimiendo a punto de terminar, la tomé entre mis brazos y empecé a cogermela rápido y duramente sus espasmos me estrujaron la verga, seguí cogiendo durante su orgasmo y eso lo intensificó bastante, pues estuvo un buen rato convulsionándose de placer y gritando “papi” seguido de un gemido laaaaaaaaargo y pesaado. Por fin, dejó de moverse y sentí su corazón a mil. Detuve mis embestidas y la abracé un momento así, con mi pene erecto aún en ella y ella casi inconsciente por los orgasmos múltiples que había tenido. Durante un momento no nos movimos. Su concha aún tenía espasmos suaves que le daban besitos a mi verga. Era un momento muy tierno por fín ella se rindió y cayo de cara contra la cama. Tomé la handicam y filme ese momento: mi hija derrotada por un orgasmo fulminante, de cuatro y con mi tranca dura aún en ella, y con un plug en su culito.

Dejé la cámara de lado y acaricié el culo de mi hija. Le dije “te gustó mi amor?” ella dejó salir un siiiiiiii entre gemido y suspiro. De repente se levantó y me miró extrañada “tú no terminaste papi, que pasó?” “mmmm aún queda mucho por hacer mi amor, tienes fuerzas para otro round?” ella sólo sonrió y con dulzura me jaló hacia ella para darme un beso. Le apoyé la cara en la almohada otra vez y decidí ver como había recibido el plug su culo. Lo saqué y el culito le quedo abierto, y se comprimía como hadándome besitos. Habrá tenido un orgasmo anal? Nunca había visto algo así. Lo observé de cerca y lo lamí. Ella gimió sorprendida. Entonces se lo chupé apasionadamente, mientras masajeaba su clítoris. A ella le encantaba, y este agujerito se contraía, mandaba besitos cada vez más apurados. Metí dos dedos de una vez y ella gimió, con lo que me animé a meter otro. Ella había empezado otra vez a gemir pesadamente, mientras decía “papi me gusta así en mi colita” estuve así un buen rato hasta que de nuevo la tuve a punto. Entonces tomé mi verga y la coloqué en la entrada de su agujerito erótico. Pero al ver mi pene ahí y ver cómo contrastaba el tamaño de mi descomunal verga con la de su inocente y diminuto agujero pensé que tal vez era mucho. Tal vez debería esperar hasta que tenga 16 o algo, porque ya meterlo así se me hacía muy cruel. Entonces ella gritó “papá apúrate quiero tu pipi en miiiiiii” y decidí intentarlo pues ella parecía muy muy excitada. Empujé la cabecita y ella dio un gritito pero empezó a mover su culito en círculos. Olvidé poner lubricante, entonces tomé el pomo y me puse casi medio tubo y metí la otra mitad en su agujero y procedí. Lentamente milímetro por milímetro hasta q entro media cabeza. Lo dejé así y le pregunte a mi princesa si se sentía bien. Ella sólo respondió “papi dame” y bueno, de un empujón le metí la cabeza entera. Ella aulló de dolor y se quedó quieta. Me miró con una expresión de susto y deseo. Yo no podía resistir las ganas de terminar, ese culo era extremadamente apretado. Resoplaba y trataba de aguantarme. Para calmarme tomé la cámara y grabé la escena: mi hija en cuatro, con una expresión de dolor y deseo y al final de su culo mi verga en todo su esplendor con tan solo la punta adentro. “amor, t duele mucho? Porque lo podemos dejar para mañana u otro dia si quieres” le pregunté “papi me duele pero también me dolió en la conchita verdad? Quiero terminar papi, cogeme cogeeeeeeme” me dijo con su voz angelical con tonos de dolor. Entonces lo hice. Lentamente le hundí mi tranca en su culito. No podía creer la escena tan erótica, su pequeño y delgado cuerpecito de 11 añitos recibiendo mi verga en su agujerito más sagrado.

Cuando tuve todo el pene dentro me detuve, me agaché para susurrar en uso ido “princesa hermosa, lo hiciste, está todo adentro”. Ella tenía los ojos cerrados y los puños apretados contra la cama,, la mandíbula tensa en clara manifestación de dolor. “papi, me duele, puedes terminar ya?” me dijo casi llorando. al ver eso estuve a punto de sacarla pero ella me tomó la mano y me dijo “papi cogeme ,pero rápido” y le dije “perdón mi amor, a ver me apuro, ok? Pero suavecito para que t guste bella”. Y así empecé el vaivén, lento y suave al principio, casi no sacaba la verga, le masajeaba el clítoris dulcemente, metía dedos en su concha y la traje contra mía para abrazarla, besarla y excitar sus pezoncitos mientras suavemente le rompía el culito infantil que tenía. Poco a poco ella fue relajándose, respiraba hondo y lento, yo hacia lo mismo para no terminar. Estaba decidido a hacerla terminar a ella primero antes de terminar yo. De repente vi como se relamía los labios y dio un gemidito cortito pero claro, entonces empecé a cogerla más duro, solo un poco, esta vez sacando todo menos la punto y devolviéndola con fuerza, pero lentamente. Su conchita estaba extremadamente mojada y dilatada, su clítoris duro. aumenté la intensidad y velocidad de las embestiduras, ella empezó a gemir más y a moverse al compás de mi vaivén. Entonces en un ataque de excitación le hundí la cabeza en la almohada , me puse en cuclillas detrás de ella sin sacar mi pene de su anito y empecé a bombearla, aún no muy fuerte pero si con mas intensidad.

Ella gemía y gritaba “papito, papi, papi“ como loquita, de nuevo yo bufaba como oso, tomé su cabello y la jale le di nalgadas, le pellizcaba las nalgas, me estaba volviendo loco. Ella empezó a convulsionar y gemir como hembra salvaje, yo me olvidé por completo de que era un ser humano y me entregué por completo al morbo y el placer de estar cogiendome un culo tan delicioso, grité como cavernícola al terminar y ella hizo algo parecido, no sé, éramos solo dos animales salvajes cogiendo. Al terminar le apreté las nalgas tan fuerte que le deje unas marcas profundas. Fue el orgasmo más salvaje de mi vida. Nunca había terminado así, ni pensé que era posible. Me borré por completo del mundo entero por un buen rato. Temblaba y estaba empapado en sudor, pero podía mantenerme en cuclillas. Cuando volví en mí vi lo que había hecho y me sentí un poco culpable, no sé por qué. Mi hija estaba con la cabeza en la almohada de lado y respiraba agitadamente, sus puños aún apretando las sábanas. Su pequeño esfínter anal tenía pequeños espasmos y me besaban la verga. Tomé la handicam y filmé el momento en que sacaba la verga del culito de mi hija. Qué escena!>!! mi pequeña de once años, con el culo al aire, y mi verga abandonando su culito del cual salían borbotones de semen. El anito se quedó abiertito cuando le saqué la verga. Ella suspiró y se desplomó de lado sobre la cama. Me desplomé al lado suyo. Y la abracé. Aún tenía los ojos cerrados y podía escuchar su corazón a mil. Al igual que la primera noche, nos dormimos sin darnos cuenta.

Continuamos nuestros días de vacación incestuosa como verdaderos enamorados. Esas 2 emanas fueron muy dulces junto a ella, con las mañana juntos en la tina, las tardes en las playas y las noches cogiendo como verdaderos amantes o animales en celo. Por supuesto no me dejó volver a tocarle el culito sino hasta el día antes de irnos pues la cogida que le había dado la dejó casi sin poder sentarse. Volvimos a casa enamorados y llenos de lujuria y ella con más experiencia. Ella volvió a clases y volvimos a nuestra rutina de familia. En las tardes apenas ella llegaba del colegio directamente a coger en su cuarto, donde la esperaba yo con una erección, siempre. era un paraíso incestuoso, nos amábamos mucho y no desaprovechábamos ningún momento a solas. Incluso algunos fines de semana en vez de llevarla a sus prácticas de basquetbol, la llevaba a la finca de Tim, quien gustosamente se ofreció a prestarnos un cuarto para que pueda cogerme a mi hija a gusto.

Así hasta que llegó su periodo y ya tuvimos que empezar a cuidarnos, su cuerpito cambió de repente al de una diosa, ya no era la niña inocente y angelical de contextura delgada, ahora los senos le habían crecido , las caderas las tenia anchas y bien formadas y el culo firme y redondito. Era una delicia cogerme a la que había ayudado a convertir en mujer. Efectivamente como dijo Tim, al llegar a ala juventud las amigas de Carolina empezaron a tener citas con chiquillos inmaduros y estúpidos con quienes experimentaban torpemente con el sexo. Orgullosamente, mi hija ya gozaba suficiente en casa conmigo y no le atraía ningún chico del colegio, lo cual me aliviaba mucho. Realmente el consejo de Tim me había dado mucha satisfacción, no solo al darme la alegría de tener sexo con mi bella hija, si no que al poder convertirla en una mujer alegre y digna. En cada ocasión que lo veía le agradecía por el gran favor que me hizo, sin saber cómo hacer para retribuírselo. Hasta que, el día en que mi hija tuvo su fiesta de 15, por fin Tim me dijo “ya sé como me puedes pagar el favor” mientras veía de pies a cabeza a mi hija que entraba al salón de fiestas con su vestido de 15.

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Mi Padrastro y mi Señor PadreCategoría: Sexo en familia

Por Carolina | 2015-08-05 03:59:32 | 0 comentarios

Me llamo Carolina tengo 21 años y confieso que llevo una vida desde que tengo uso de razon acostándome con casi todos mis tíos; mis primos son situaciones que han pasado en tanto tiempo.

que a veces me pongo a pensar "Por que lo hago".. "Soy débil"

Con decirles que me e acostado con mi sr padre en varias ocaciones cuando tuve 17 años, fui prácticamente la "Otra" me sentía incomoda compartir el mismo hombre de mi madre, compartir prácticamente la misma casa donde mis padres también tenían relaciones.

Caí como tonta, como estúpida, pero no solo fue mis padre sino mis tíos, hermanos de mi padre y mi madre que empezaron a cortejarme desde que yo tuve 17 años, mientras mantenía citas esporádicas con mi padre mantuve relaciones esporádicas también con 3 hermanos de mi papi y 2 hermanos de mi mami, estoy consciente de ello, sabia lo que hacia me acostaba con ellos para pasarla rico, o bonito pero lo hecho hecho estaba ya.

Me a costado con todos mis primos, pese a que me acosté con sus padres mis tios.

Me han de decir que soy una "P...." pero yo tengo un concepto diferente al sexo, para mi el sexo es algo normal entre una mujer y un hombre.

Yo se que que hago mal, pero no lo puedo evitar me llevo bien con todos mis tios y primos pese a que unos estan casados otros tienen novias, incluso no me avergüenza decirlo que e mantenido recientemente relaciones con mi padre pese a que el ya no esta casado con mi madre, esta casado con otra señora nos hemos estado viendo, y hemos estado saliendo.

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PequeñaCategoría: Sexo en familia

Por carpi76 | 2015-08-04 19:37:42 | 0 comentarios

PEQUEÑA 01-07/15
Peque 46 Bubi 25
Soy una mujer pequeña, de allí mi hombre, mido 1.63 actualmente peso 51 kilos, he adelgazado mucho en estos dos años en que separé de mi esposo, soy masajista, además tengo un salón de ejercicios para mayores, con esto más los ingresos de mi hijo vivimos cómodos. Soy cuero y huesos, se notan los tendones de mi cuello, mi rostro está marcado por arrugas alrededor de mis ojos de la boca, mis piernas se parecen a las de una niña desnutrida, por ello no uso polleras solo pantalones, no tengo vientre y lo más grande que poseo es el Monte de Venus, es realmente importante.
Esta observación viene a raíz de que mi hijo en los últimos días me ha estado dando roces, miradas muy significati-vas, caricias que nunca me dio y que sin dudas llevan una carga sexual que no tuvo antes, como tocarme la cola, rosarme los pechos. No he hecho caso a sus toques, pero debo decir que me gusta, hace meses que estoy sintiendo la necesidad de hacer ese tipo de ejercicios, por mi figura nadie me encuentra lo suficientemente sexi para invitarme, pero este muchacho, muy pintón, con varias conocidas amigas, no sé qué le ha dado, no le estoy por negar nada, me gusta, pero es mi hijo y debo convencerlo o lo hará él?.

Estamos arreglando los elementos después de la cena, al terminar él viene, me enlaza la cintura, ubica su cabeza en mi cuello, me besa, me aprieta, “que quieres mi amor, plata? No tengo,........... que te dé permiso para salir ya no lo necesitas, hhhheeeee, otro beso en el cuello, me recorre un rayo desde mi coxis hasta la nuca, percibo por mi cintura su asunto rígido, apretando mi espalda, “Peque, necesito decirte que te quiero mucho” su mano se desliza por mi barriga hasta allí me quedo tensa “no menos que yo cariño” bajo mi mano y sostengo, no retiro la de él “solo que mi amor es muy especial madre, te amo como hombre y también te deseo (eso es lo que quería escuchar de sus labios) “pero vos estás loco Bu-bi......” – me pegué más a su cuerpo le tome las manos más fuerte y las apreté contra mi vientre, otro beso en mi cuello, ya me siento húmeda, “sabes que eso no puede ser que dirán los vecinos, los familiares....” -subió una mano a mis senos- “no te preocupes hace casi tres años que vivimos solos y nadie ha comentado nada.........” su mano aprieta mi pe-cho izquierdo y la derecha está acariciando mi entrepierna, me remuevo entren sus brazos buscando más, mas, su beso en el cuello se hace infinito, su mano derecha ya está en mi entrepierna palpando la humedad de mí vulva, suspiro, gimo, soy una muñeca en sus bra-zos, me mueve como quiere, ahora ya avasalló las dos tetas con mi placer, gimo, me da vuelta me estampa sus labios sobre los míos, no niego la caricia, es más lo abrazo fuerte, así permanecimos unos minutos entregados al placer de unirnos en un apasionado beso el que me permite sentir en mi bajo vientre su duro artefacto que da placer a nosotras las hem-bras, para no ser menos humana muevo mi cuerpo para incentivarlo a continuar, a avanzar, su mano derecha abarca toda mi entre perna, me levanta en vilo quedo a la altura de su rostro, siempre besándonos, percibo el placer de su inmensa mano en mi vulva, me lleva a su cama, me acuesta, me desabrocha la blusa –lo ayudo- se prende de mis diminutos senos, descubro el gran placer de su boca abarcando toda mi teta, su lengua suave mima mi globito, es un gozo inmenso sentirlos y para mayor placer su mano se ha metido dentro de mi bombacha sobre mi vulva, siento la caricia de un macho, es un gozo, abro las piernas siento que el manipula algo abajo, percibo que sube a la cama pone de costado mi trusa “CON CUIDADO HACE MUCHO NO NO LO HAGO, DESPAC ITO.........MI AMOR DESPACITO SIIIIIIIIIII ASIIIIIIIIIIIIIII ASIIIII, gozo con el lento ingreso de su aparato en mi vagina, percibo como abre mi cueva cerrada por tato tiempo, es dulcemente gozosa su penetración, me lo hace con total suavidad, con cariño, no llegó a sacudirme tres veces que tuve mi primer orgasmo, lo que le demostré con un fuerte mordisco en el labio, creo que recibió el mensaje porque sentí en mi caverna una vibración que me causó placer, pero él siguió firme con su accionar, por lo que a los pocos segundos le mordí el cuello, -el gritó , sus sacudones fueron más fuertes, mis quejidos y gritos más sonoros a medida que afloraban mis orgasmos, él comenzó a golpear con más fuerza mi vulva, a roncar creí que rompía la cama, que ambos íbamos al suelo, agotados quedamos tendidos, lo tengo prisionero arriba mío su aparato está tal y cual dentro de mí, “que bueno mi amor...” besos, caricias en la cabeza de mi amante, reparo que su miembro se hincha, que mi vagina se expande, lo atraigo más, levanto mis piernas atrapando sus nalgas, enloquecida se mueven mis caderas él me acompaña en los movimientos no perfectamente sincronizados, pero muy placenteros, gemimos los dos, gozamos los dos, acabamos los dos.

Creí que mi madre se negaría con mayor énfasis a entablar esta unión. Cuando la lleve a la cama pensé que pelearía por una conquista más peleada, con otras exigencias, fue evidente que me estaba esperando, lo que más me sor-prendió fue la penetración su orificio vaginal está tan reducido que tuve la impresión de gozar con una virgen me ajustó tanto el falo que goce inmensamente, sostenerlo dentro de ella erecto no fue ninguna obra, esta tan ajustado el lugar que es un verdadero gozo

Tendidos, abrazados, de costado en la cama, me dice “no estoy indignada, ni siento ningún cargo, estoy tranquila, estoy segura que tengo un nuevo y gran hombre a mi lado, te desee desde antes de que el me dejara, me enloquecí cuando note como me mirabas, como me tocabas,, desesperé cuando pasaron días sin que lanzaras tu propuesta final, -besos muchos besos en medios de las palabras, y ahora te declaro mi amante, esposo, querido, mi hombre hasta que tú lo digas mi amor, me besó intensamente y dijo espérame, volvió con una toalla húmeda, me limpio, la miro no veo nada está cubierta, se acuesta sobre mí, me besa, se fricciona,

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Mi tioCategoría: Sexo en familia

Por Luis | 2015-07-31 10:10:35 | 1 comentarios

Me llamo Roxana y les voy a contar como fue mi iniciación sexual y porque me gusta tanto por la cola. Estabamos en una reunión familiar en la casa de un tio que cumplia años, creo que 50, note que me miraba seguido pero no le hice caso, en ese momento yo estaba bastante desarrollada y llamaba bastante la atención. Al rato el se acerco y me pregunto si estaba haciendo el secundario, le dije que si que estaba en el ultimo año. Que bien te felicito me dijo. Gracias, tio, le dije. Sabes algo de computación, me pregunto. No, tio, no tengo Pc y en el colegio no nos enseñan nada. No queres ver algo de computación, me pregunto. Si, me gustaría, tio. Bueno avisale a mama que venis conmigo a ver algo de computación. Fui y le dije a mama eso. Esta bien, hija me dijo. Fuimos al interior de la casa, había un living comedor y al fondo una mampara llena de libros, pasamos atrás de la mampara y el me dijo: Esta es mi oficina donde había un escritorio, muchos papeles y una notebook, acerco una silla mas al escritorio y me invito a sentarme, yo tenia puesta una minifalda de jean y una remera blanca bien ajustada que me marcaba bien las tetas, me gustaba que se me notaran bien las tetas. Al sentarme se me veian bien las piernas. Que lindas piernas tenes, me dijo. Gracias, tio, le dije. Tenes novio, me pregunto. No, tio, Sali con un chico pero nos peleamos. Ah…y tuviste relaciones, me pregunto. No, tio, mama y papa me matan solo nos dimos unos besitos y nos peleamos porque el quería tener relaciones. Estas muy linda, me dijo. Gracias, tio, le dije y sentí una oleada de calor. Mientras conversábamos el me acariciaba las piernas, desde la rodilla subia por la parte interior de los muslos, cosa que me gustaba cada vez mas y yo casi sin darme cuenta abria cada vez mas las piernas. En ese momento no sabia lo que me pasaba pero ahora lo se, me estaba excitando cada vez mas. Sin darme cuenta me estaba mojando toda. Ay tio, que me estas haciendo, le dije.. Nada me dijo te estoy acariciando, no te gusta, me pregunto. Si, tio me gusta pero no me parece bien, le dije. Porque, si te gusta lo tenes que disfrutar. Si, no se, tio, yo estaba totalmente confundida, sabia que no estaba bien pero me gustaba mucho. Se me comenzó a alterar la respiración y el se dio cuenta y siguió subiendo con su mano hasta llegar a mi conchita. Que es esto me pregunto mientras me la acariciaba. Ay tio, me da vergüenza, le dije. En ese momento no me di cuenta pero ahora si, no le decía que me deje de tocar o que era una falta de respeto sino que me daba verguenza por lo que me gustaba y que siguiera. No, bebe, con el tio no tenes que tener vergüenza. Me das un besito, me pregunto. Si, tio, le dije y le di un beso en la mejilla. No, asi no dame la boquita. Yo puse la boca tipo trompa y el me apoyo sus labios y casi enseguida comencé a sentir su lengua en mis labios. Abri los labios me dijo. Si, tio, le dije y los abri. Todo eso me gustaba mas y mas. Dame tu lengua, me dijo. Yo abri los labios y le di mi lengua al mismo tiempo que recibia la de el. Eso me perturbo muchísimo sentía como un frenesí que no podía controlar, ahora lo se, me estaba calentando cada vez mas. El se daba cuenta que yo estaba cada vez mas excitada, seguimos un rato asi hasta que se paro, se bajo el cierre,saco la pija y los huevos y me dijo: Chupame. Yo estaba tan excitada que no estaba para decir que no a nada, quería que mi tio me hiciera lo que quisiera. Si, tio, le dije y comencé a chuparla, la sentí muy suave cosa que me gusto mucho, al principio lo hice mal pero mi tio me explico y después me decía que chupaba muy bien y a mi me gustaba que me dijera eso. Al poco rato yo estaba entusiasmada chupando, el me levanto me dio vuelta e hizo que me apoyara en el escritorio, me subio la minifalda, me saco la tanga y me la dio y me pasaba la pija por entre las piernas. Me va a doler, tio, le dije. Y un poquito te va a doler pero después te va a gustar, vas a ver. Bueno, tio, le dije. Siguio pasándome la pija por la conchita, la mojaba con mis jugos y después me la pasaba por la cola, en ese momento no me di cuenta después supe para que lo hacia. Te voy a poner un poquito, me dijo. Si, tio, le dije, estaba deseosa que me hiciera algo, estaba totalmente entregada. El me tomo de las caderas, me levanto un poco y comenzó a empujar muy despacio. Me duele, tio, le dije. Aguanta un poquito, me dijo. Si, tio, voy a aguantar, le dije. El siguió entrando hasta que llego al final después se movia muy suavemente y eso empezó a gustarme. Me esta gustando, tio, le dije. Te gusta la pija, me pregunto, SI, tio me gusta, que es lo que te gusta me dijo. La pija, tio, Que bien, me dijo, vas a ser una linda putita. Si, tio, una linda putita voy a ser, yo estaba totalmente descontrolada, tenia ganas de gritar de placer. Con sus movimientos me hizo tener tres orgasmos, después lo supe. Yo no acabe, me dijo. Acaba, tio, le dije. Estas loca, me dijo, queres quedar embarazada.? No, tio, eso no. Bueno entonces dame la cola. Ay, no tio, me va a doler mucho. Un poco si pero nada mas. Y ahí me di cuenta para que me había mojado la cola con los jugos de mi conchita. Se agacho, me abrió las nalgas y me besaba el agujerito, me ponía la lengua mientras me acariciaba las nalgas, eso me gusto muchísimo y me estiraba hacia el, le estaba pidiendo pija por la cola, estuvo un buen rato haciéndome eso hasta que noto que yo estaba totalmente entregada entonces me tomo de las caderas me apoyo la pija en la puerta de la cola y me empujaba suave pero persistente. Me dio un pañuelo para que mordiera, yo con el pañuelo en la boca gritaba porque me dolia bastante. Poco a poco me fui acostumbrando mientras el me penetraba muy suavemente y me acariciaba la cola, la espalda y las tetas. Me gustan tus caricias, tio, le dije haceme mas, el me levanto me apoyo contra su pecho y me acariciaba la conchita, el clítoris, la panza y me mordia la espalda, una oreja, me besaba el cuello, me pidió que lo bese y yo le entregue mi boca y el seguía entrando. Que lindas tetas tenes bastante grandes y paraditas, me dijo. Nadie me las toco, tio, Vos sos el primero, le dije. Abrite la cola, me dijo. Si, tio asi me entra mas fácil, en ese momento estaba descontrolada y quería toda la pija del mundo, cuando llego al fondo no se que me tocaba adentro que sentí que me derramaba por dentro, el se dio cuenta y acabo casi enseguida, me encanto sentir las sacudidas de su pija en mi cola. Me doy cuenta que lo calentó tanto el haberme desvirgado por adelante y por atrás que eso lo hizo eyacular rápidamente. Yo me limpie con su pañuelo, luego se limpio el y lo guardo en un cajón del escritorio. Despues me explico sobre computación, cosa que me gusto, yo tome unas cuantas notas, practique un poco con la maquina y mas tarde fuimos a pedirle permiso a mama y a papa para que yo pudiera venir por lo menos una vez por semana, por suerte mis padres accedieron y yo me encontraba con mi tio que vive solo una vez por semana y algunas veces dos. Un dia mi papa me pregunto: Aprendes con el tio.? Si, papa, le dije, mira y le mostre un cuaderno con las notas que había tomado. Y explica bien, me pregunto. Si, papa, le entiendo todo, le dije, especialmente cuando me coje tuve ganas de decirle, que me dice: Que lindas tetas tenes. Que lindo culito que me estoy comiendo. Sos una linda putita y tantas cosas mas. Estuvimos viéndonos durante dos años hasta que el tuvo que viajar al interior para cuidar a sus padres que ya están muy mayores pero de tanto en tanto nos escribimos. Me hizo tantas veces la cola y con suavidad y caricias que me hacia acabar mejor que por adelante y ahora estoy enviciada por la cola.

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